Puntos clave
- Stahel propuso en 1976 sustituir energía por trabajo: reparar crea empleo local y consume menos que fabricar.
- El diagrama de la mariposa separa el ciclo biológico del técnico: compostar y devolver, o mantener, reutilizar y reciclar.
- Ámsterdam quiere reducir a la mitad las materias primas vírgenes en 2030 y San Francisco desvía el 80 % de sus residuos.
La economía circular es el modelo económico que sustituye la cadena lineal de extraer, fabricar, usar y tirar por ciclos en los que los materiales y los productos se mantienen en uso el mayor tiempo posible mediante diseño duradero, reparación, reutilización, remanufactura y, en último lugar, reciclaje. Aplicada a las ciudades, que consumen tres cuartas partes de los recursos del planeta y generan la mitad de sus residuos, es una estrategia de sostenibilidad y también de resiliencia y empleo. Tres referencias han dado forma al concepto: el arquitecto suizo Walter Stahel, que lo formuló en los años setenta; Ken Webster, que lo sistematizó en The Circular Economy: A Wealth of Flows (2015); y la Fundación Ellen MacArthur, que desde 2010 lo ha convertido en agenda global.
Walter Stahel: sustituir energía por trabajo y vender rendimiento
Stahel presentó en 1976 con Geneviève Reday un informe para la Comisión Europea que ya proponía sustituir energía por trabajo: reparar y reacondicionar productos crea más empleo local y consume menos recursos que fabricar nuevos. De ahí nació su economía del rendimiento, desarrollada en The Performance Economy (2006) y en The Circular Economy: A User's Guide (2019): vender el uso de un bien en lugar del bien mismo, de modo que el fabricante conserve la propiedad y el incentivo para que dure. Stahel sostiene que la circularidad es sobre todo una cuestión de tiempo, alargar la vida útil, y de proximidad, porque reparar y reutilizar ocurre cerca de donde se consume, es decir, en la ciudad.
La Fundación Ellen MacArthur y el diagrama de la mariposa
La Fundación Ellen MacArthur, creada en 2010 por la navegante británica, tradujo esas ideas en un marco operativo. Su diagrama de la mariposa distingue el ciclo biológico, donde los nutrientes vuelven a la biosfera mediante compostaje y digestión anaerobia, del ciclo técnico, donde los materiales circulan en bucles cada vez más amplios: mantener, reutilizar, remanufacturar, reciclar. Sus informes desde 2013 estimaron ahorros de cientos de miles de millones para la industria europea, y su programa de ciudades circulares ha trabajado con Londres, Ámsterdam, Toronto o São Paulo. Webster, responsable de conocimiento de la fundación durante años, aportó la visión sistémica: la economía como red de flujos que puede regenerarse en lugar de agotarse.
Cinco campos de la economía circular en la ciudad
En la ciudad la economía circular tiene cinco campos de aplicación. Construcción: rehabilitar antes que demoler, diseñar para el desmontaje y registrar los materiales de cada edificio para recuperarlos. Residuos orgánicos: recogida separada, compostaje y biogás que vuelven como abono y energía. Agua: reutilización de aguas grises y regeneradas, drenaje sostenible. Energía: redes de calor que aprovechan el calor residual de industrias y depuradoras. Y consumo: talleres de reparación, bibliotecas de objetos, mercados de segunda mano y contratación pública que exija durabilidad y contenido reciclado.
Ámsterdam, San Francisco, Kalundborg: casos que funcionan
Los ejemplos muestran lo que ya funciona. Ámsterdam adoptó en 2020 una estrategia circular con el objetivo de reducir a la mitad el uso de materias primas vírgenes en 2030. San Francisco desvía de los vertederos alrededor del 80 % de sus residuos con recogida obligatoria de orgánicos. Kalundborg, en Dinamarca, mantiene desde los años setenta una simbiosis industrial en que el vapor, el agua y los subproductos de una empresa alimentan a la siguiente. Liubliana fue la primera capital europea en comprometerse con el residuo cero. Milán conectó su política alimentaria con el compostaje y la lucha contra el desperdicio.
Los límites también son conocidos. Reciclar consume energía y degrada los materiales, la circularidad de un producto no garantiza que se consuma menos y el efecto rebote puede anular el ahorro si los bienes baratos y reparables se compran en mayor cantidad. Por eso Stahel y Webster insisten en que la meta no es cerrar ciclos por sí mismo sino reducir el flujo total de recursos que una ciudad necesita para ofrecer bienestar. La economía circular urbana es, en ese sentido, una política de suficiencia tanto como de eficiencia, y una decisión que las ciudades toman con su contratación, sus ordenanzas y su suelo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la economía circular?
Es el modelo que sustituye la cadena lineal de extraer, fabricar, usar y tirar por ciclos en que materiales y productos se mantienen en uso mediante diseño duradero, reparación, reutilización, remanufactura y reciclaje, con nutrientes que vuelven a la biosfera.
¿Cómo aplican las ciudades la economía circular?
Rehabilitando en lugar de demoler, recogiendo y compostando orgánicos, reutilizando agua, aprovechando calor residual en redes de calor y fomentando reparación, segunda mano y contratación pública que exija durabilidad, como hacen Ámsterdam, San Francisco o Liubliana.