Saltar al contenido
Ciudades del Futuro
ES EN
Clima y naturaleza

La naturaleza urbana y el poder

  • 8 de septiembre de 2026
  • 3 min de lectura
  • 4 visualizaciones

Puntos clave

  1. La naturaleza urbana no comienza donde termina el asfalto, sino que circula dentro de redes que atraviesan edificios, calles y cuerpos.
  2. El metabolismo urbano describe la ciudad como un conjunto de flujos materiales que dependen de relaciones sociales y infraestructuras.
  3. La ciudad modifica la naturaleza mientras depende continuamente de ella, lo que impide mantener una frontera sencilla entre lo urbano y lo natural.

Abrimos un grifo y aparece agua. Sacamos una bolsa y los residuos desaparecen de nuestra calle. Un parque parece naturaleza y una tubería parece tecnología. Matthew Gandy cuestiona precisamente esas separaciones. ¿Qué ocurre si ciudad y naturaleza forman parte del mismo proceso material y político? Su ecología política urbana conecta agua, residuos, infraestructura, tecnología y relaciones sociales. La naturaleza no comienza donde termina el asfalto. Circula dentro de redes que atraviesan edificios, calles y cuerpos. Para Gandy, los problemas ambientales urbanos también son problemas de poder y desigualdad. Por eso entender una ciudad exige seguir sus flujos. Hay que mirar de dónde vienen, quién los controla, quién accede a ellos y qué territorios reciben sus consecuencias.

La naturaleza urbana y el poder

El mecanismo puede entenderse mediante el metabolismo urbano. El término describe la ciudad como un conjunto de flujos materiales que permiten sostener la vida urbana. Agua, residuos y otros procesos ecológicos entran, circulan, se transforman y salen mediante infraestructuras concretas. Sin embargo, ese metabolismo no funciona como un organismo natural separado de la sociedad. Las relaciones sociales forman parte de su funcionamiento. Una red técnica decide por dónde puede circular un recurso. También conecta algunos lugares con mayor intensidad que otros. Esto puede leerse como una producción social de la naturaleza urbana. La infraestructura transforma procesos ecológicos y los incorpora a la vida metropolitana. La ciudad modifica naturaleza mientras depende continuamente de ella. Esa relación impide mantener una frontera sencilla entre lo urbano y lo natural.

El metabolismo urbano y su dimensión social

Pensemos en un primer caso. Dos barrios forman parte de la misma ciudad y necesitan agua diariamente. El recurso puede parecer natural, pero acceder a él depende de una red construida. Tuberías, conexiones e infraestructura convierten el agua en un flujo urbano organizado. El ejemplo es hipotético y no añade datos externos. Su función es mostrar el mecanismo descrito por Gandy. Si una zona recibe conexiones distintas, la cuestión ambiental adquiere inmediatamente una dimensión social. No basta con preguntar cuánta agua existe. También importa cómo circula por la ciudad y mediante qué relaciones. Nuestra interpretación es que una tubería puede convertirse en una geografía de acceso. La naturaleza metropolitana aparece entonces organizada por decisiones materiales que afectan de manera diferente a distintos territorios.

Un segundo caso comienza cuando los residuos abandonan una vivienda. Desde ese momento parecen desaparecer de la experiencia cotidiana. Sin embargo, siguen formando parte del metabolismo urbano. Deben circular mediante sistemas, infraestructuras y territorios. Gandy permite preguntar qué relaciones sociales acompañan ese movimiento. ¿Qué espacios reciben los flujos que otros espacios expulsan? ¿Qué infraestructura hace posible esa transferencia? No necesitamos inventar respuestas concretas para comprender la pregunta. El planteamiento muestra que residuos, tecnología y ecología forman parte de una misma configuración urbana. Esto puede leerse como una política del desplazamiento material. Aquello que desaparece visualmente de un barrio no desaparece de la ciudad. Cambia de lugar. Seguir ese recorrido permite ver conexiones ambientales que el paisaje cotidiano suele ocultar.

El tercer caso introduce el urbanismo cíborg. Aquí cíborg significa una combinación inseparable entre cuerpos, naturaleza y sistemas tecnológicos. Pensemos en una persona cuya vida cotidiana depende de redes de agua, energía, transporte y dispositivos técnicos. Su experiencia urbana nunca es puramente natural ni puramente tecnológica. Ocurre mediante ensamblajes de ambos mundos. Gandy utiliza esta idea para cuestionar separaciones demasiado limpias entre sociedad, tecnología y ecología. Nuestra interpretación es que una ciudad funciona como una construcción híbrida. Los cuerpos dependen de infraestructuras, mientras esas infraestructuras reorganizan procesos naturales. El resultado no es una máquina independiente de la naturaleza. Tampoco es naturaleza intacta debajo de edificios. Es una relación material donde sistemas técnicos y ecológicos producen conjuntamente la vida metropolitana.

Existe un contraargumento sólido. Diferenciar naturaleza, tecnología y sociedad puede ser útil para estudiar problemas concretos. Una tubería sigue siendo una infraestructura construida y un ecosistema mantiene procesos propios. Mezclar todas las categorías podría volver el análisis demasiado amplio. Esa objeción merece una presentación leal. El enfoque de Gandy no necesita afirmar que todas las diferencias desaparezcan. Su propuesta muestra que esas dimensiones se articulan en situaciones urbanas concretas. Podemos distinguirlas analíticamente y seguir observando sus conex

Preguntas frecuentes

¿Cómo se relaciona la naturaleza urbana con el poder?

La naturaleza urbana está entrelazada con procesos materiales y políticos, lo que hace que los problemas ambientales también sean problemas de poder y desigualdad.

¿Qué es el metabolismo urbano?

El metabolismo urbano describe la ciudad como un conjunto de flujos materiales que permiten sostener la vida urbana, dependiendo de relaciones sociales y infraestructuras.

Shorts

Más del canal ↗

Ver el canal