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Megaproyectos y poder: por qué fracasan

  • 9 de septiembre de 2026
  • 3 min de lectura
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Puntos clave

  1. El éxito de un megaproyecto no depende solo de la racionalidad técnica, sino también de las dinámicas de poder.
  2. La planificación debe considerar cómo los intereses y las relaciones de fuerza influyen en la toma de decisiones.
  3. Los riesgos no son solo cifras, sino también reflejos de cómo una organización decide reconocer, comunicar y utilizar la incertidumbre.

Un plano llega a una reunión con cifras, plazos y flechas. Parece neutral. Luego entra el poder. Bent Flyvbjerg pregunta qué ocurre cuando decisiones presentadas como técnicas quedan atravesadas por intereses, conflictos y actores con capacidades desiguales. Su respuesta desafía el modelo racionalista de planificación. Para él, gobernar no consiste solamente en escoger la opción más eficiente sobre el papel. También importa quién define el problema, qué intereses logran imponerse y qué riesgos quedan minimizados. La pregunta central es incómoda. ¿Qué pasa cuando el lenguaje técnico oculta relaciones de poder? Sus estudios sobre planificación y megaproyectos llevan esa pregunta desde la teoría hasta decisiones concretas.

El poder en la toma de decisiones

El mecanismo aparece con claridad en su ciencia social phronética, un enfoque que estudia decisiones concretas preguntando por valores, poder y consecuencias. Flyvbjerg desplaza la atención desde un modelo abstracto hacia situaciones donde distintos actores intentan orientar una decisión. Primero observamos qué está en juego. Después identificamos quién tiene capacidad para influir. Luego examinamos qué argumentos adquieren autoridad y cuáles quedan relegados. Finalmente preguntamos quién gana y quién pierde con el resultado. Esto no convierte cada decisión técnica en una conspiración. Muestra que la racionalidad opera dentro de relaciones sociales. Un cálculo puede ser correcto y seguir entrando en una arena donde intereses diferentes compiten. La planificación aparece así como práctica técnica y política al mismo tiempo.

Su investigación sobre Aalborg ofrece un primer caso para pensar ese mecanismo. Flyvbjerg estudia la planificación observando conflictos, intereses y relaciones de poder en una situación concreta. El valor del caso no consiste en convertir Aalborg en una receta universal. Sirve para seguir cómo se construye una decisión mientras diferentes actores intentan influir sobre ella. Esto puede leerse como una ventaja del enfoque phronético. En vez de comenzar suponiendo que el mejor argumento técnico terminará imponiéndose, pregunta qué ocurre realmente durante el proceso. La decisión final puede contener conocimiento experto y, al mismo tiempo, reflejar capacidades políticas desiguales. El plan deja entonces de parecer una conclusión puramente racional. Se convierte en el resultado provisional de una relación de fuerzas.

Riesgos y sesgos en la planificación

Pensemos ahora en un megaproyecto de transporte. El escenario es hipotético, pero utiliza los mecanismos descritos por Flyvbjerg. Un equipo presenta costes, beneficios, plazos y riesgos. Sobre el papel, todo parece medible. Sin embargo, algunos actores necesitan que el proyecto avance y pueden tener mayor capacidad para defenderlo. Si los riesgos quedan subestimados, la apariencia de precisión puede resultar engañosa. El problema surge antes de construir. Aparece cuando una decisión técnica incorpora sesgos o deja ciertas incertidumbres fuera de la imagen principal. La investigación de Flyvbjerg sobre megaproyectos muestra precisamente la importancia de esas subestimaciones. El riesgo no es solamente una cifra. También depende de cómo una organización decide reconocerlo, comunicarlo y utilizarlo.

Un tercer caso puede comenzar con dos alternativas técnicas. Ambas tienen ventajas, costes e incertidumbres diferentes. Un modelo racionalista podría imaginar que la comparación identifica una opción superior. Pero supongamos que un actor fuerte consigue definir qué criterios cuentan más. El resultado puede parecer técnico mientras la propia comparación ya contiene una relación de poder. Esto no demuestra que cualquier decisión sea manipulada. Muestra por qué Flyvbjerg insiste en estudiar conflictos e intereses dentro de la gobernanza. Los efectos llegan después. Una alternativa avanza, otra desaparece y los riesgos seleccionados organizan la decisión futura. Comprender el resultado exige reconstruir primero el proceso. La pregunta ya no es solamente cuál opción parecía mejor. También debemos preguntar quién tuvo capacidad para definir qué significaba mejor.

Hay un contraargumento sólido. La planificación necesita modelos racionales, conocimiento experto y análisis de riesgos. Sin ellos, grandes decisiones podrían depender todavía más de intereses particulares o intuiciones débiles. Esa objeción merece tomarse en serio. Un cálculo técnico puede aportar información indispensable. El problema aparece cuando suponemos que el cálculo funciona fuera del poder. Esto puede leerse como el aporte principal del enfoque phronético. No obliga a abandonar la técnica. Obliga a observar cómo se utiliza dentro de situaciones concretas. Un modelo puede informar una decisión sin determinarla completamente. También puede adquirir autoridad selectivamente. Por eso estudiar gobernanza exige mirar tanto las herramientas analíticas como las relaciones entre quienes

Preguntas frecuentes

¿Por qué los megaproyectos a menudo fracasan?

Los megaproyectos suelen fracasar porque la toma de decisiones no solo depende de la racionalidad técnica, sino también de las dinámicas de poder y los intereses en juego.

¿Cómo influyen los intereses en la planificación?

Los intereses y las relaciones de poder determinan qué riesgos se subestiman, qué argumentos adquieren autoridad y cómo se define el problema, lo que afecta la decisión final.

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