Saltar al contenido
Ciudades del Futuro
ES EN
Vivienda

El riesgo no es natural, es una construcción del poder y la desigualdad

  • 10 de septiembre de 2026
  • 3 min de lectura
  • 1 visualizaciones

Dos barrios enfrentan una misma amenaza, pero no llegan al desastre con las mismas condiciones. Uno dispone de recursos, protección y capacidad para reaccionar. El otro acumula precariedad y exposición mucho antes del momento crítico. Mike Davis parte de desigualdades como estas para plantear una pregunta incómoda. ¿Cuándo empieza realmente un desastre urbano? Su marxismo ambiental responde mirando el capitalismo, el territorio y las relaciones de poder. La vulnerabilidad no aparece súbitamente cuando ocurre una catástrofe. Se construye mediante segregación, inversión, propiedad y decisiones sobre protección. Davis estudia Los Ángeles, megaciudades y asentamientos precarios para mostrar ese proceso. La ciudad distribuye oportunidades, pero también distribuye riesgos. Entender el desastre exige observar esa distribución antes de que llegue la emergencia.

El mecanismo comienza con la producción desigual del territorio. La inversión transforma algunos espacios mientras otros acumulan condiciones más precarias. La especulación inmobiliaria convierte determinadas zonas en oportunidades de valorización. La segregación separa poblaciones y recursos dentro de la misma ciudad. Después aparecen privatización y militarización, que reorganizan acceso, seguridad y control. Estas piezas no actúan de manera aislada. Forman una geografía donde ciertos grupos pueden proteger mejor sus posiciones mientras otros quedan más expuestos. Según Davis, el capitalismo participa activamente en esa producción urbana. Esto puede leerse como una fabricación social del riesgo. Primero se organizan de manera desigual suelo, infraestructura y capacidad de protección. Después, cuando aparece una amenaza, esas diferencias condicionan quién puede afrontarla y con qué recursos.

Los Ángeles ofrece un primer caso para seguir esta lógica. Davis estudia una ciudad atravesada por segregación y especulación inmobiliaria. Imaginemos dos zonas sometidas a dinámicas de inversión muy distintas. Una concentra interés económico y mecanismos capaces de proteger valor. Otra queda marcada por separación social y menores posibilidades de beneficiarse de esa transformación. El ejemplo no añade cifras externas. Sirve para visualizar la relación descrita por Davis. La especulación no modifica solamente precios abstractos. Puede cambiar qué usos resultan posibles y qué grupos ocupan determinadas partes de la ciudad. Nuestra interpretación es que la desigualdad adquiere entonces una forma espacial. El mapa urbano registra diferencias económicas mediante barrios, límites y oportunidades desiguales. La forma de la ciudad empieza a revelar cómo capital y propiedad organizan territorio.

Un segundo caso aparece en el espacio urbano protegido mediante barreras, vigilancia o formas de privatización. Davis vincula Los Ángeles con militarización y privatización del espacio. El mecanismo importa antes que sus efectos visibles. Un lugar antes compartido puede quedar sometido a controles diferentes. Algunos usuarios atraviesan esos espacios con facilidad. Otros encuentran barreras o reciben mayor vigilancia. Esto puede leerse como una distribución desigual del derecho práctico a utilizar la ciudad. La seguridad deja de ser únicamente una condición colectiva y puede convertirse en un recurso territorialmente diferenciado. Mi lectura editorial es que ahí aparece una paradoja poderosa. Cuanto más se protege un fragmento urbano mediante separación, más visible se vuelve la desigualdad del conjunto. La fortificación de una parte revela qué ocurre con quienes permanecen fuera.

El tercer caso amplía la escala hacia megaciudades y asentamientos precarios. Allí, Davis examina cómo urbanización y desigualdad producen formas intensas de vulnerabilidad. Un asentamiento puede enfrentarse a riesgos mientras sus habitantes disponen de recursos limitados para responder. El punto no consiste en presentar la precariedad como una propiedad natural del lugar. Precisamente ocurre lo contrario. El marco de Davis obliga a preguntar qué procesos sociales y económicos producen esa posición. Esto puede leerse como una crítica a las explicaciones que convierten pobreza y desastre en accidentes independientes. La vulnerabilidad urbana se acumula mediante decisiones anteriores. Cuando finalmente ocurre una emergencia, el acontecimiento físico encuentra una geografía social ya desigual. El desastre revela esa geografía, pero no la crea desde cero.

Aquí conviene distinguir hechos e interpretación. El material aportado muestra que Davis conecta capitalismo, desigualdad, segregación, especulación, militarización, privatización y vulnerabilidad. También afirma que esa vulnerabilidad es socialmente producida. Nuestra interpretación es que una amenaza se convierte en desastre mediante condiciones urbanas construidas previamente. Mi opinión editorial añad

Shorts

Más del canal ↗

Ver el canal