La planificación territorial y el uso del suelo son temas centrales en la organización y desarrollo de las ciudades modernas. La expansión urbana descontrolada, o “urban sprawl”, ha sido un problema creciente que genera la pérdida de hábitats naturales, un mayor consumo de energía y recursos, y un aumento en la contaminación. Ante estos desafíos, urbanistas y académicos como Richard T. T. Forman, Reid Ewing y Edward Glaeser han analizado cómo la planificación adecuada del uso del suelo puede contribuir a reducir la expansión urbana y promover un desarrollo más compacto y sostenible.
Richard T. T. Forman, pionero en el estudio de la ecología del paisaje, ha destacado en su obra “Urban Regions: Ecology and Planning Beyond the City” la importancia de integrar los ecosistemas naturales en la planificación urbana. Forman subraya que la expansión urbana no solo afecta a los ecosistemas, sino que también fragmenta los hábitats naturales, lo que reduce la biodiversidad y altera los ciclos ecológicos. Propone un enfoque de "planificación ecológica" que incorpore corredores naturales y áreas protegidas dentro de las ciudades, con el objetivo de mitigar los efectos del desarrollo urbano en el medio ambiente. Según Forman, un uso eficiente del suelo puede equilibrar las necesidades de expansión urbana con la conservación de la naturaleza.
Reid Ewing, en su investigación sobre la sostenibilidad urbana, ha sido uno de los principales críticos de la expansión urbana y defensor de un desarrollo más compacto. En su obra “Growing Cooler”, Ewing argumenta que el crecimiento disperso de las ciudades incrementa la dependencia del automóvil, lo que a su vez contribuye al aumento de emisiones de carbono y la congestión. Ewing propone la creación de comunidades más densas, donde el transporte público, los servicios y las viviendas estén integrados en un mismo espacio, reduciendo la necesidad de desplazamientos largos. Para Ewing, una planificación del uso del suelo que favorezca la densificación urbana no solo reduce el impacto ambiental, sino que también mejora la calidad de vida al fomentar comunidades más conectadas y habitables.
Edward Glaeser, en su libro “Triumph of the City”, aborda el tema desde una perspectiva económica, destacando cómo el desarrollo compacto de las ciudades es clave para el crecimiento económico y la innovación. Glaeser argumenta que las ciudades densas, donde las personas y las empresas están geográficamente más próximas, son más eficientes desde el punto de vista económico y energético. Según Glaeser, los centros urbanos compactos fomentan la interacción social, el intercambio de ideas y la creatividad, lo que impulsa el desarrollo tecnológico y la productividad. Además, señala que las ciudades que adoptan una planificación territorial más densa tienden a generar menos emisiones per cápita y son más sostenibles en el largo plazo.
Los tres autores coinciden en que la expansión urbana no es sostenible a largo plazo, y que la solución radica en un uso del suelo más eficiente y racional. Forman, Ewing y Glaeser subrayan que la densificación urbana no implica necesariamente la construcción de grandes rascacielos, sino la creación de comunidades compactas donde los servicios, el trabajo y la vivienda estén integrados y accesibles. Además, la planificación debe incluir la preservación de áreas verdes y espacios públicos, esenciales para la calidad de vida y la salud ambiental.
Otro aspecto clave es la reducción del consumo de suelo en las periferias, lo que según Forman y Ewing, permite preservar más tierras agrícolas y hábitats naturales. Al fomentar la densificación en las áreas urbanas centrales y reducir la expansión hacia las afueras, las ciudades pueden disminuir el impacto en el medio ambiente y mejorar la sostenibilidad general del desarrollo urbano. Este enfoque también puede ser complementado con políticas de transporte que favorezcan el uso de modos no motorizados o colectivos, como el transporte público o la bicicleta.
En conclusión, la planificación territorial y el uso del suelo son herramientas fundamentales para combatir la expansión urbana y promover un desarrollo urbano más sostenible. Richard T. T. Forman, Reid Ewing y Edward Glaeser han demostrado que las ciudades pueden reducir su impacto ambiental y mejorar su eficiencia mediante un uso más compacto y eficiente del suelo, integrando la preservación de la naturaleza con el desarrollo urbano. Estas estrategias no solo contribuyen a la sostenibilidad ambiental, sino que también fomentan un crecimiento económico y social más equitativo y resiliente.











