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Ciudades del Futuro
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Forma urbana

Reglas pequeñas que ordenan la ciudad

  • 18 de agosto de 2026
  • 3 min de lectura
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Puntos clave

  1. Las decisiones cotidianas, como licencias y zonificación, son fundamentales para organizar el espacio urbano.
  2. El poder urbano opera a través de reglas técnicas que determinan qué puede hacerse en un lugar específico.
  3. La ciudad se convierte en una trama jurídica donde cada regla contribuye a definir el orden espacial.

Un restaurante recibe una licencia. Una parcela cambia de uso. Una patrulla decide dónde intervenir. Ninguna escena parece explicar por sí sola cómo funciona una ciudad. Sin embargo, Mariana Valverde propone mirar precisamente ahí. ¿Y si el poder urbano se entiende mejor observando estas pequeñas decisiones que empezando por una gran teoría? Su análisis sitúa el derecho y la gobernanza cotidiana en primer plano. Licencias, policía, zonificación, reglamentos y jurisdicciones producen orden espacial mediante acciones concretas. Los hechos descritos muestran que gobernar la ciudad implica distribuir actividades, competencias y posibilidades sobre el territorio. La ciudad aparece entonces como una trama jurídica cotidiana. Muchas de sus reglas parecen técnicas y menores. Pero juntas organizan quién puede hacer qué, dónde y bajo qué autoridad.

El poder urbano y las decisiones cotidianas

El mecanismo empieza cuando una norma se conecta con un espacio, una actividad y una autoridad competente. Una licencia permite o condiciona determinada práctica. La zonificación asigna usos posibles a distintas partes de la ciudad. Un reglamento establece conductas permitidas y prohibidas. La policía aplica determinadas capacidades sobre lugares concretos. La jurisdicción define qué autoridad puede decidir sobre un asunto y dentro de qué ámbito. Valverde dirige la atención hacia estas operaciones porque el poder necesita técnicas para hacerse efectivo. No basta con conocer una gran ley o una ideología general. Hay que observar cómo una regla llega hasta una calle, un negocio o una parcela. Esto puede leerse como una producción jurídica del espacio. El orden urbano surge mediante múltiples decisiones que encajan, se superponen o entran en tensión.

Cómo las reglas forman el orden espacial

Imaginemos un primer caso. Dos locales ocupan la misma calle, pero desarrollan actividades diferentes porque sus licencias establecen condiciones distintas. Desde lejos, vemos una calle comercial. Desde cerca, aparecen documentos, permisos, horarios y autoridades que organizan sus posibilidades. El ejemplo es hipotético, pero utiliza los mecanismos señalados por Valverde. Una licencia parece una herramienta administrativa pequeña. Sin embargo, determina qué actividad puede funcionar y bajo qué condiciones. Nuestra interpretación es que estas decisiones también contribuyen a producir diferencias espaciales. Una calle adquiere cierto orden porque muchas autorizaciones particulares la configuran simultáneamente. El poder urbano no necesita presentarse siempre mediante una intervención espectacular. Puede operar desde una ventanilla administrativa. La ironía es sencilla: un documento aparentemente aburrido puede tener más efectos espaciales que muchos discursos grandiosos sobre la ciudad.

Un segundo caso empieza con una parcela y una pregunta básica: ¿qué puede hacerse aquí? La zonificación ofrece una respuesta jurídica que organiza usos posibles del suelo. Puede parecer una clasificación técnica sobre un mapa. Valverde invita a tratarla como una práctica concreta de gobierno urbano. La categoría asignada importa porque vincula espacio, conocimiento experto y autoridad legal. Un límite dibujado puede separar actividades permitidas de actividades restringidas. Los datos aportados no permiten afirmar qué usos dominan en una ciudad determinada. Tampoco necesitamos hacerlo. El mecanismo conceptual resulta suficiente. La zonificación convierte diferencias legales en diferencias espaciales. Esto puede leerse como una manera cotidiana de fabricar orden. El mapa deja de ser una representación pasiva. Se convierte en una herramienta mediante la cual ciertas posibilidades urbanas se abren y otras se cierran.

El tercer caso incorpora policía y jurisdicción. Imaginemos una misma conducta observada en dos espacios sometidos a reglas o autoridades diferentes. La respuesta institucional puede depender de quién tiene competencia y de qué normativa resulta aplicable. Aquí aparece la importancia de la escala. Para Valverde, el poder urbano opera mediante escalas, saberes y técnicas legales aparentemente menores. La escala indica desde qué nivel o ámbito se gobierna un problema. La jurisdicción organiza quién puede actuar sobre él. El conocimiento técnico ayuda a clasificarlo y volverlo administrable. Estas piezas trabajan juntas. Esto explica por qué el orden de una ciudad puede cambiar sin una única decisión central. Diferentes autoridades intervienen sobre fragmentos del espacio y sobre problemas definidos de maneras distintas. La ciudad se gobierna mediante esa combinación de competencias parciales.

La inspiración de Michel Foucault ayuda a comprender este enfoque. El poder aparece menos como una cosa guardada en una institución y más como algo ejercido mediante prácticas. Valverde lleva esa sensibilidad hacia las configuraciones sociojurídicas concretas de la ciudad. Una configuración sociojurídica combina reglas, autoridades, conocimientos y r

Preguntas frecuentes

¿Cómo influyen las licencias en la organización urbana?

Las licencias permiten o condicionan prácticas específicas, lo que determina qué actividades pueden desarrollarse en un lugar.

¿Qué papel juega la zonificación en la ciudad?

La zonificación asigna usos posibles a distintas partes de la ciudad, convirtiendo diferencias legales en diferencias espaciales.

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