Susan Handy
desde 1992
Ingeniera estadounidense que separó dos ideas que se confunden a diario: moverse mucho no es lo mismo que llegar a los sitios.
La distinción entre movilidad y accesibilidad es la aportación por la que se cita a Handy, y cambia el criterio con que se evalúa una ciudad. La movilidad mide cuánto y cuán rápido se circula; la accesibilidad mide a cuántos destinos útiles se llega en un tiempo razonable. Un barrio con autopista y sin comercio tiene mucha movilidad y poca accesibilidad; un barrio denso y caminable tiene lo contrario.
La consecuencia práctica es grande. Si se mide la movilidad, la solución a cualquier problema es siempre más carril. Si se mide la accesibilidad, acercar los destinos, mezclar usos y mejorar la acera compiten en igualdad con ampliar la vía, y suelen salir más baratos. Handy lleva treinta años aportando la evidencia empírica de esa comparación.
Su otra línea es metodológica y muy discutida: el problema de la autoselección residencial. Cuando se observa que quien vive en un barrio caminable camina más, no se sabe si el barrio produce la conducta o si quienes ya querían caminar eligieron ese barrio. Handy diseñó los estudios que permiten separar ambos efectos, y encontró que el entorno construido influye de verdad, aunque menos de lo que sugerían los trabajos anteriores.
Ingeniera y profesora de la Universidad de California en Davis, Handy dirige allí el Centro Nacional de Investigación en Transporte Sostenible y ha asesorado a la Administración de California en la reforma que sustituyó el nivel de servicio del tráfico por los kilómetros recorridos en vehículo como criterio de evaluación ambiental, uno de los cambios normativos más importantes del urbanismo estadounidense reciente.
Sobre Susan Handy en este archivo (1)
- Movilidad
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