La automatización está transformando las ciudades de manera profunda, introduciendo tecnologías avanzadas que alteran la forma en que los servicios se prestan y cómo las personas interactúan con su entorno. Si bien la automatización promete mejoras en eficiencia y calidad de vida, también plantea importantes preocupaciones en torno a la desigualdad socioeconómica. Autores como David Autor y Nick Srnicek han analizado los efectos de estas tecnologías en las ciudades, advirtiendo que, si no se gestionan adecuadamente, podrían exacerbar las disparidades existentes entre distintos grupos sociales.
David Autor, en su análisis sobre el impacto de la automatización en el empleo, destaca que las tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial y los robots, están reemplazando una parte considerable de los trabajos rutinarios, especialmente en sectores como la manufactura, el comercio minorista y la logística. Autor señala que los trabajadores menos cualificados, que tradicionalmente ocupaban estos empleos, son los más vulnerables a ser desplazados, lo que agrava la desigualdad urbana. Por el contrario, los empleos altamente cualificados y bien remunerados, como los relacionados con el desarrollo de tecnología y la gestión de datos, están en auge, lo que amplía la brecha entre los trabajadores de baja y alta cualificación.
Nick Srnicek, por su parte, analiza en “Platform Capitalism” cómo las plataformas digitales y la automatización están transformando la economía urbana. Plataformas como Uber y Deliveroo, que dependen de la tecnología para coordinar sus operaciones, han promovido un tipo de trabajo caracterizado por la precariedad. Srnicek advierte que estas plataformas, aunque brindan flexibilidad laboral, generan empleos inestables, sin beneficios sociales ni seguridad laboral, lo que afecta especialmente a los trabajadores urbanos de bajos ingresos. Este fenómeno, que algunos llaman "uberización" del trabajo, contribuye a un aumento de la desigualdad al ofrecer oportunidades laborales que son, en muchos casos, insuficientes para sostener una vida digna en las ciudades.
La automatización también está cambiando la forma en que se distribuyen los servicios en las ciudades. Los sistemas automatizados de transporte, como los vehículos autónomos, o la digitalización de los servicios públicos, están mejorando la eficiencia y el acceso a ciertos servicios. Sin embargo, Autor y Srnicek advierten que estos avances tienden a beneficiar primero a las áreas más ricas y desarrolladas de las ciudades, donde la infraestructura para soportar estas tecnologías ya existe. En cambio, los barrios más pobres, que carecen de esta infraestructura, tienden a quedar rezagados, lo que refuerza la segregación urbana.
Un ejemplo claro es el uso de tecnologías de vigilancia y control del tráfico, que mejoran la movilidad en las zonas céntricas de las ciudades, mientras que los barrios periféricos, donde vive la población más vulnerable, pueden seguir enfrentando problemas de movilidad y acceso. Srnicek señala que la inversión en tecnologías urbanas a menudo está impulsada por intereses comerciales y de clase, lo que deja fuera a quienes más necesitan de estas mejoras. La consecuencia es una ciudad cada vez más dividida, donde las tecnologías que deberían mejorar la vida urbana se convierten en herramientas que profundizan las desigualdades.
A pesar de estos desafíos, tanto Autor como Srnicek coinciden en que la automatización tiene el potencial de beneficiar a todos los ciudadanos si se implementa de manera equitativa. La clave está en desarrollar políticas públicas que garanticen que las personas desplazadas por la automatización tengan acceso a programas de capacitación y reconversión laboral. Asimismo, es fundamental que las ciudades inviertan en infraestructuras tecnológicas en todas las áreas urbanas, asegurando que las ventajas de la automatización no queden concentradas en los sectores más privilegiados.
En conclusión, las ciudades automatizadas tienen el potencial de mejorar la eficiencia y la calidad de vida de sus habitantes, pero también pueden acentuar las desigualdades si no se gestionan de manera inclusiva. David Autor y Nick Srnicek subrayan la necesidad de políticas públicas que mitiguen los efectos negativos de la automatización en los sectores más vulnerables y que aseguren que los beneficios de estas tecnologías se distribuyan de manera justa en todo el tejido urbano.











