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La informalidad urbana y el Estado: una relación compleja

  • 24 de agosto de 2026
  • 3 min de lectura
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Puntos clave

  1. La informalidad urbana no existe solo fuera del Estado, sino que también puede ser producida, tolerada y regulada por instituciones públicas.
  2. El Estado no solo actúa como corrector de irregularidades, sino que también participa en definir qué prácticas son legales y cuáles no.
  3. La informalidad se convierte en una cuestión política, ya que refleja decisiones sobre regulación, desarrollo y desigualdad.

Dos construcciones incumplen una regla urbana parecida. Una recibe tolerancia y termina integrada en el desarrollo. La otra recibe vigilancia y puede quedar amenazada. ¿Por qué llamamos informal a una y aceptamos la otra? Ananya Roy utiliza esta tensión para desmontar una idea muy extendida. La informalidad urbana no existe simplemente fuera del Estado. Las instituciones públicas también pueden producirla, tolerarla y regularla de manera selectiva. Esto cambia la pregunta central. Ya no basta con localizar espacios supuestamente informales. Hay que preguntar quién decide cuándo una práctica entra en esa categoría. Según Roy, legalidad, planificación, desigualdad, desarrollo y poder estatal se producen mediante relaciones interdependientes. La frontera entre formal e informal deja entonces de parecer natural.

La informalidad no es solo fuera del Estado

El mecanismo empieza con la capacidad institucional para clasificar y regular. Una práctica urbana puede recibir autorización, tolerancia o intervención. Otra puede quedar fuera de esas condiciones. Esa diferencia ayuda a producir la propia informalidad. El Estado no aparece simplemente como fuerza que llega después para corregir algo existente. También participa en determinar qué usos se reconocen y cuáles permanecen en posiciones inciertas. La planificación forma parte de este proceso porque organiza posibilidades sobre el territorio. La legalidad tampoco funciona como una frontera completamente externa a la informalidad. Ambas pueden producirse de forma relacionada. Esto puede leerse como una geometría selectiva del poder. Una misma institución puede permitir flexibilidad en cierto espacio y exigir cumplimiento estricto en otro. Esa selección tiene consecuencias urbanas.

Imaginemos un primer caso. Dos áreas contienen usos que no encajan plenamente con las reglas establecidas. En una, las instituciones toleran la situación y permiten que continúe. En otra, deciden intervenir. El ejemplo es hipotético y no añade datos externos. Sirve para observar el mecanismo de Roy. Si únicamente llamamos informal al segundo territorio, podemos olvidar que la diferencia depende también de una decisión pública. La informalidad deja entonces de describir solamente una característica física o jurídica del lugar. También describe una relación con el poder estatal. Los hechos aportados señalan que esa regulación puede ser selectiva. Nuestra interpretación es que la pregunta decisiva cambia. En vez de preguntar dónde falta el Estado, preguntamos cómo actúa y qué desigualdades puede producir mediante formas diferentes de regulación.

El poder estatal y la producción de informalidad

Un segundo caso aparece dentro de la planificación. Pensemos en un proyecto urbano que necesita acomodar ciertas prácticas para avanzar. Algunas irregularidades pueden recibir tolerancia mientras otras quedan señaladas como obstáculos. No necesitamos afirmar qué proyecto concreto funciona de esta manera. La situación permite entender la relación entre desarrollo y legalidad descrita por Roy. El desarrollo urbano no ocurre necesariamente después de establecer una división perfecta entre lo legal y lo ilegal. Puede avanzar mediante decisiones que administran esa frontera. Esto puede leerse como una forma de producir ciudad mediante excepciones y selecciones. El poder estatal no consiste únicamente en imponer una regla uniforme. También puede operar decidiendo cuándo aplicarla, cómo interpretarla y sobre quién hacerlo. Esa capacidad convierte la informalidad en una cuestión profundamente política.

El tercer caso coloca la pobreza en el centro. Un asentamiento o actividad vinculada con habitantes pobres puede definirse principalmente mediante su carácter informal. Esa etiqueta parece describir una situación objetiva. Roy obliga a preguntar cómo fue producida esa situación y quién tiene autoridad para nombrarla. El material aportado vincula sus estudios sobre pobreza con planificación, desigualdad y ciudades del Sur Global. Aquí conviene distinguir hecho e interpretación. El hecho presentado es que la informalidad puede ser creada, tolerada y regulada selectivamente por instituciones públicas. Nuestra interpretación es que una etiqueta jurídica puede esconder diferencias de poder. Si ciertas irregularidades reciben tolerancia y otras reciben intervención, la legalidad no afecta a todos de la misma manera. La pobreza urbana aparece entonces conectada con decisiones sobre regulación, desarrollo y reconocimiento.

Hay un contraargumento sólido. Las ciudades necesitan reglas y las instituciones deben distinguir entre actividades permitidas y actividades que incumplen normas. Desde esta perspectiva, hablar de producción estatal de informalidad podría parecer una exageración. Una autoridad simplemente aplicaría una legislación existente. Esa objeción merece una presentación leal. El enfoque de Roy no exige afirmar que toda aplicación normativa sea arbitraria. Su planteamiento dirige la atención hacia la

Preguntas frecuentes

¿Por qué la informalidad urbana no es solo fuera del Estado?

La informalidad puede ser producida, tolerada y regulada por instituciones públicas, lo que la convierte en una cuestión política.

¿Cómo se relaciona la legalidad con la informalidad?

La legalidad no es una frontera externa a la informalidad, sino que ambas pueden producirse de forma relacionada mediante decisiones estatales.

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