Puntos clave
- Las ciudades del Sur emiten poco y sufren la mayor parte de los impactos, que golpean primero a los barrios informales.
- La coproducción de conocimiento entre universidad, municipio y comunidades es condición técnica de la adaptación.
- Simon critica indicadores globales que ignoran la informalidad y justifican desalojos en nombre de la resiliencia.
Las ciudades resilientes del Sur global son las que consiguen anticipar, absorber y recuperarse de los impactos climáticos, inundaciones, sequías, calor, tormentas, en contextos de crecimiento rápido, informalidad extendida y recursos escasos, y su estudio es la especialidad del geógrafo británico David Simon, profesor de geografía del desarrollo en Royal Holloway, Universidad de Londres. Simon dirigió entre 2014 y 2019 el centro Mistra Urban Futures de Gotemburgo, una red de investigación entre ciudades de Suecia, Reino Unido, Sudáfrica y Kenia, y editó Rethinking Sustainable Cities: Accessible, Green and Fair (2016), donde propone que la sostenibilidad urbana se mida por tres criterios a la vez: accesibilidad, verde y justicia.
La asimetría del Sur global: menos emisiones, más impactos
Su punto de partida es una asimetría. Las ciudades del Sur global aportan una fracción pequeña de las emisiones históricas y sufren la mayor parte de los impactos, porque se extienden sobre llanuras de inundación, laderas y costas, porque buena parte de su población vive en asentamientos autoconstruidos sin drenaje ni servicios y porque sus gobiernos locales tienen poca capacidad fiscal y técnica. Simon documentó en África oriental y austral cómo las inundaciones de Nairobi o Dar es Salaam o las sequías de Ciudad del Cabo golpean primero a los barrios informales, y cómo los planes de adaptación importados del Norte, con sus diques y sus seguros, no encajan en esa realidad.
Coproducción de conocimiento: el método de Mistra Urban Futures
Su aportación metodológica más citada es la coproducción de conocimiento. En Mistra Urban Futures, investigadores, funcionarios municipales y organizaciones comunitarias trabajaron juntos desde la definición del problema hasta la aplicación de las soluciones, en lugar de que la universidad estudie y la ciudad reciba. Simon sostiene que la resiliencia no se diseña desde arriba: quienes viven en un barrio inundable saben dónde sube el agua, qué caminos quedan cortados y qué redes de ayuda funcionan, y esa información es tan necesaria como los modelos climáticos. La participación es una condición técnica de la adaptación, no un añadido democrático.
El ODS 11 y la crítica a los indicadores globales
Simon participó también en el diseño del Objetivo de Desarrollo Sostenible 11, el de ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles, y coordinó en 2015 la prueba de sus indicadores en cinco ciudades de tres continentes. Esa experiencia le llevó a criticar los marcos globales que miden a todas las ciudades con la misma vara: indicadores que exigen datos que muchas ciudades no tienen, metas que ignoran la informalidad y una noción de resiliencia que a veces sirve para justificar desalojos de asentamientos en zonas de riesgo sin ofrecer alternativa. Su propuesta es adaptar los indicadores a cada contexto y medir también quién gana y quién pierde con cada intervención.
Resiliencia justa: mitigar y adaptar a la vez
La resiliencia justa que defiende Simon combina mitigación y adaptación. Mitigación porque las ciudades del Sur crecen y sus decisiones de hoy sobre transporte, energía y forma urbana fijan emisiones durante décadas; adaptación porque los impactos ya están ahí. Las medidas que funcionan son las que hacen las dos cosas: mejoramiento in situ de asentamientos con drenaje y espacio público, transporte colectivo que reduzca emisiones y conecte periferias, infraestructura verde que enfríe y retenga agua, y sistemas de alerta temprana construidos con las comunidades. Freetown, con su jefa de calor, y Durban, con su programa de adaptación comunitaria, son ejemplos que Simon ha seguido.
La lección de Simon es que la resiliencia climática en el Sur global no es una versión reducida de la del Norte sino un problema distinto, con sus propios actores, saberes y prioridades. Exige reconocer la ciudad informal como parte de la solución, coproducir el conocimiento con quienes viven los riesgos y medir el éxito por la justicia del resultado y no solo por la infraestructura construida. Una ciudad que protege a sus barrios más vulnerables es, en su definición, la única que puede llamarse resiliente.
Preguntas frecuentes
¿Quién es David Simon?
Es un geógrafo británico, profesor de geografía del desarrollo en Royal Holloway, Universidad de Londres, exdirector del centro Mistra Urban Futures y editor de Rethinking Sustainable Cities (2016), especializado en urbanización, cambio climático y sostenibilidad en el Sur global.
¿Qué es la coproducción de conocimiento en la planificación urbana?
Es el método en que investigadores, funcionarios municipales y organizaciones comunitarias definen juntos el problema, investigan y aplican las soluciones, en lugar de que la universidad estudie y la ciudad reciba; Simon lo desarrolló en Mistra Urban Futures.