Puntos clave
- Davis: la vulnerabilidad se construye durante años mediante segregación, inversión, propiedad y decisiones sobre a quién se protege.
- Malibú arde y se reconstruye con dinero público mientras las llanuras se inundan: el daño sigue las líneas de clase y raza.
- Las hambrunas de finales del siglo XIX muestran que la naturaleza pone el detonante y el poder la catástrofe.
El riesgo no es natural, es una construcción del poder y la desigualdad, y Mike Davis (1946-2022), historiador y teórico urbano de Los Ángeles, hizo de esa afirmación el centro de un marxismo ambiental desarrollado desde Ciudad de cuarzo (1990) hasta Ecología del miedo (1998) y Planeta de ciudades miseria (2006). Dos barrios enfrentan una misma amenaza pero no llegan al desastre en las mismas condiciones: uno dispone de recursos, protección y capacidad de reacción, el otro acumula precariedad y exposición mucho antes del momento crítico. La pregunta incómoda de Davis es cuándo empieza realmente un desastre urbano, y su respuesta es que la vulnerabilidad no aparece de golpe con la catástrofe sino que se construye durante años mediante segregación, inversión, propiedad y decisiones sobre a quién se protege.
La producción desigual del territorio: especulación, segregación, fortificación
El mecanismo empieza con la producción desigual del territorio. La inversión transforma unos espacios mientras otros acumulan condiciones precarias; la especulación inmobiliaria convierte ciertas zonas en oportunidades de valorización; la segregación separa poblaciones y recursos dentro de la misma ciudad; y después la privatización y la militarización reorganizan acceso, seguridad y control. Esas piezas forman una geografía en que unos grupos pueden proteger sus posiciones mientras otros quedan más expuestos, y el capitalismo, sostiene Davis, participa activamente en esa producción: primero se organizan de forma desigual el suelo, la infraestructura y la capacidad de protección, y cuando aparece la amenaza, esas diferencias deciden quién puede afrontarla.
Ecología del miedo: Malibú arde, las llanuras se inundan
Los Ángeles es su laboratorio. En Ecología del miedo, Davis mostró que los desastres de la ciudad, incendios, inundaciones, terremotos, se leen como actos de la naturaleza mientras su daño sigue las líneas de clase y raza: los cañones ricos de Malibú arden y se reconstruyen con dinero público y seguros, en un capítulo provocadoramente titulado El caso a favor de dejar arder Malibú, mientras los barrios pobres de las llanuras se inundan, respiran el peor aire y reciben la menor protección. Ciudad de cuarzo ya había descrito la ciudad fortaleza, con sus enclaves cerrados, su espacio público privatizado y su policía militarizada, como la forma espacial de esa desigualdad, y los disturbios de 1992 confirmaron que el miedo en torno al que la ciudad se organizaba era un producto político.
De las hambrunas imperiales al planeta de ciudades miseria: la naturaleza detona, el poder decide
Los holocaustos de la era victoriana tardía (2001) llevó el argumento a la historia global. Davis mostró que las hambrunas de finales del siglo XIX en la India, China y Brasil, que mataron a decenas de millones de personas, no las causaron solo las sequías de El Niño sino las políticas imperiales que convirtieron la sequía en hambre, exportando grano, desmantelando reservas tradicionales e imponiendo mercados; la naturaleza puso el detonante y el poder puso la catástrofe. Planeta de ciudades miseria extendió la lectura al presente: mil millones de personas que viven en asentamientos informales sobre laderas, llanuras inundables y suelos tóxicos son la población más expuesta a los desastres climáticos no por azar sino porque esos eran los únicos lugares que les quedaban.
Estudios de vulnerabilidad, Katrina, críticas y la lección
Su marco dialoga con los estudios de vulnerabilidad de Ben Wisner y Piers Blaikie, que formularon en At Risk (1994) que el desastre es la amenaza multiplicada por la vulnerabilidad, y con el movimiento de justicia ambiental, y lo han confirmado Katrina en Nueva Orleans, las olas de calor que matan en los barrios más pobres y cada inundación del Sur global. Sus críticos le reprocharon un tono catastrofista y un determinismo que deja poco margen a la agencia de las comunidades; Davis respondió que nombrar las estructuras que producen la vulnerabilidad es la condición para que esas comunidades puedan cambiarlas.
La lección de Mike Davis es que un desastre empieza mucho antes de la emergencia, en las decisiones que deciden quién vive en la llanura inundable, quién tiene seguro, qué barrio recibe el dique y cuál la incineradora. Leer el riesgo como construcción del poder convierte la política de desastres en política urbana: repartir con justicia protección, vivienda e infraestructura antes de que llegue la amenaza es la única prevención que funciona, y celebrar la resiliencia después sin preguntar quién construyó el riesgo es, en su lectura, la forma en que la ciudad sigue produciendo la siguiente catástrofe.
Preguntas frecuentes
¿Qué quiere decir Mike Davis con que el riesgo no es natural?
Que el daño de incendios, inundaciones, sequías o terremotos sigue las líneas de clase y raza porque la vulnerabilidad se produce antes mediante especulación, segregación, privatización e inversión desigual en protección, de modo que el desastre empieza mucho antes de la emergencia, en las decisiones sobre quién vive dónde y a quién se protege.
¿Cómo explica Ecología del miedo los desastres de Los Ángeles?
Mostrando que los incendios, inundaciones y terremotos de la ciudad se leen como actos de la naturaleza mientras su daño es desigual: los cañones ricos de Malibú arden y se reconstruyen con dinero público y seguros, mientras las llanuras pobres se inundan, respiran el peor aire y reciben la menor protección, en una ciudad fortaleza organizada en torno al miedo.