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Clima y naturaleza

Resiliencia urbana y cambio climático: gobernar el clima con justicia

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Puntos clave

  1. La gobernanza climática urbana ocurre mediante experimentos y alianzas, no solo mediante planes.
  2. Los proyectos piloto se concentran donde hay retorno; las periferias más calurosas quedan fuera si no se prioriza.
  3. Resiliencia integrada y justa: clima en todas las políticas y prioridad a los barrios y grupos más vulnerables.

La resiliencia urbana ante el cambio climático es la capacidad de una ciudad para anticipar, absorber y recuperarse de olas de calor, inundaciones, sequías y tormentas cada vez más frecuentes, y para transformarse de modo que la próxima crisis encuentre a sus habitantes mejor protegidos. La geografía urbana australiana ha aportado a ese campo una de sus líneas más sólidas: los trabajos de Pauline McGuirk, de la Universidad de Wollongong, con Robyn Dowling y Harriet Bulkeley sobre cómo las ciudades gobiernan el carbono y el clima en la práctica, más allá de los planes. Su tesis es que la resiliencia no es un atributo técnico sino una forma de gobernar que puede ser inclusiva o excluyente.

Gobernanza climática urbana: experimental y distribuida

El punto de partida es que las ciudades concentran la exposición al clima y también la capacidad de respuesta. Sídney, Melbourne o Brisbane, los casos que estudia esta investigación, sufren olas de calor que matan más que cualquier otro desastre, incendios en sus bordes e inundaciones en sus ríos, y al mismo tiempo disponen de gobiernos locales, empresas y comunidades capaces de actuar sin esperar a los Estados nacionales. McGuirk y sus colegas documentan cómo esa acción ocurre mediante experimentos: barrios de bajo carbono, programas de eficiencia en edificios, alianzas con empresas de servicios, redes de ciudades que comparten métodos. La gobernanza climática urbana es, en su lectura, experimental y distribuida.

Cuando la resiliencia produce desigualdad

Esa mirada tiene una consecuencia crítica. Si la resiliencia se construye con proyectos piloto y alianzas voluntarias, quién decide dónde se hacen y a quién benefician. La investigación muestra que muchos experimentos se concentran en distritos de negocios y barrios de renta media, donde hay capacidad técnica y retorno económico, mientras las periferias con más calor, menos árboles y viviendas peor aisladas quedan fuera. La resiliencia, advierten, puede convertirse en un nuevo mecanismo de desigualdad: quien puede pagar aire acondicionado, seguro y vivienda en zona segura resiste; quien no, absorbe el daño.

Resiliencia integrada y justa: clima en todas las políticas

De ahí la propuesta de una resiliencia integrada y justa. Integrada porque el clima atraviesa todas las políticas, vivienda, transporte, salud, energía, espacio público, y tratarlo como asunto ambiental aparte garantiza el fracaso: la mejor medida contra las olas de calor en Sídney no es un plan climático sino árboles, viviendas bien aisladas y transporte que no deje a nadie caminando bajo el sol. Justa porque las medidas deben priorizar a los barrios y grupos más vulnerables, mayores, hogares pobres, comunidades indígenas y migrantes, y porque su diseño debe contar con ellos. La participación no es un añadido sino la condición para que la adaptación funcione donde más se necesita.

Melbourne, Sídney y Brisbane: de los planes a las prácticas

Las ciudades que aplican ese enfoque muestran resultados. Melbourne planifica su bosque urbano con el objetivo de duplicar la cubierta arbórea para 2040 priorizando los barrios más calurosos. Sídney combina rehabilitación energética de vivienda social con programas de acompañamiento a mayores durante las olas de calor. Brisbane, tras las inundaciones de 2011 y 2022, ha revisado dónde se puede construir y ha recomprado viviendas en zonas de riesgo. Ninguna de ellas es resiliente del todo, pero todas han pasado de los planes a las prácticas, que es donde la investigación de McGuirk y sus colegas sitúa la diferencia.

La lección para cualquier ciudad, en Australia o en América Latina, es que la resiliencia climática se decide en la gobernanza cotidiana: en qué presupuesto se prioriza, con quién se alía el ayuntamiento, qué barrio recibe el primer proyecto piloto y quién participa en diseñarlo. Una ciudad que gobierna el clima de forma experimental y abierta aprende rápido; una que lo hace de forma excluyente aprende a proteger a unos pocos. La sostenibilidad y la resiliencia, en esta lectura, son inseparables de la justicia.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la resiliencia urbana ante el cambio climático?

Es la capacidad de una ciudad para anticipar, absorber y recuperarse de olas de calor, inundaciones y tormentas, y para transformarse de modo que sus habitantes, empezando por los más vulnerables, estén mejor protegidos ante la siguiente crisis.

¿Por qué la resiliencia puede aumentar la desigualdad?

Porque los experimentos y alianzas climáticas tienden a concentrarse en distritos con capacidad técnica y retorno económico, mientras los barrios con más calor, menos árboles y peor vivienda quedan fuera; sin priorizarlos, solo resiste quien puede pagar.

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