Puntos clave
- Davis: ante la violencia crónica la resiliencia no es volver a la normalidad sino sostener la vida colectiva y negociar con quien ejerce la fuerza.
- La resiliencia surge de redes vecinales y se refuerza cuando el Estado invierte en transporte, escuelas y espacio público, como Medellín.
- La resiliencia no puede ser excusa para que el Estado deje a las comunidades absorber una violencia que debe eliminar.
La resiliencia urbana en contextos de violencia crónica es el concepto que la socióloga Diane Davis, profesora de urbanismo en la Escuela de Diseño de Harvard, desarrolló en el informe Urban Resilience in Situations of Chronic Violence (2012), dirigido desde el MIT para la agencia de cooperación estadounidense, y que trasladó el vocabulario de los desastres naturales a un problema distinto: ciudades donde la violencia no es un episodio sino una condición permanente que reorganiza el espacio, la economía y la confianza. Su tesis es que las comunidades que viven bajo violencia crónica desarrollan capacidades de adaptación y resistencia, y que la política urbana puede reforzarlas o destruirlas según cómo gobierne el territorio, los servicios y la relación entre Estado, ciudadanos y actores armados.
Violencia crónica frente a episódica: cuando la normalidad es la violencia
Davis distingue la violencia crónica de la episódica. Un terremoto o un atentado tienen un antes y un después; la violencia de las pandillas, el narcotráfico, la policía abusiva o los conflictos por el suelo dura años, se instala en barrios concretos y modifica la vida cotidiana: rutas que se evitan, horarios que se acortan, negocios que cierran, jóvenes que no salen. Ante esa condición, la resiliencia no puede ser volver a la normalidad, porque la normalidad es la violencia, sino la capacidad de las comunidades para sostener la vida colectiva, proteger a sus miembros y negociar con quienes ejercen la fuerza, sea el Estado o quien lo sustituye.
Ocho ciudades, de Medellín a Karachi: de dónde surge la resiliencia
El informe se apoya en ocho ciudades, Medellín, Ciudad Juárez, Ciudad de México, Managua, Kingston, Johannesburgo, Nairobi y Karachi, y encuentra patrones comunes. La resiliencia surge de organizaciones vecinales, iglesias, comerciantes y redes de mujeres que crean espacios seguros, median con las bandas y reclaman servicios; se refuerza cuando el Estado invierte en los barrios violentos con transporte, escuelas y espacio público en lugar de solo con policía, como hizo Medellín con el metrocable y las bibliotecas; y se debilita cuando la seguridad se privatiza, cuando el Estado se retira o cuando la represión indiscriminada rompe la confianza entre vecinos y autoridades. La violencia crónica, muestra Davis, es también un problema de gobernanza del suelo.
Gobernanza y soberanía fragmentada: Urban Leviathan y después
La gobernanza es el eje. Davis sostiene que las ciudades más resilientes son aquellas donde existe coordinación entre niveles de gobierno, sector privado, sociedad civil y comunidades, y donde la legitimidad se construye con presencia estatal cotidiana y no con operativos. Su trabajo anterior, Urban Leviathan (1994), sobre la Ciudad de México del siglo XX, ya mostraba cómo el Estado gobierna a través de la ciudad y cómo pierde control cuando abandona partes de ella; sus estudios posteriores sobre la fragmentación de la soberanía en América Latina explican cómo cárteles y milicias ocupan el espacio que el Estado deja, y por qué la respuesta militar sin política territorial rara vez funciona.
Influencia y críticas: resiliencia sin excusa para el Estado
El marco ha influido en las agendas de seguridad ciudadana de organismos internacionales y en programas como los de urbanismo social en Colombia, y también ha recibido críticas: la resiliencia puede convertirse en excusa para que el Estado deje a las comunidades absorber una violencia que debería eliminar, y celebrar la capacidad de adaptación de los barrios pobres puede normalizar su situación. Davis comparte esa cautela y responde que la resiliencia es un punto de partida, lo que las comunidades ya hacen, y no un sustituto de la obligación estatal de garantizar seguridad con justicia.
La lección de Diane Davis es que la violencia crónica se combate con ciudad: con servicios, espacio público, transporte y presencia legítima del Estado en los barrios donde la fuerza ha sustituido a la política, y con el reconocimiento de las redes vecinales que sostienen la vida cuando nadie más lo hace. Una ciudad que solo responde con policía y muros produce más fragmentación; una que invierte en los territorios violentos y gobierna con sus habitantes puede convertir la resiliencia de los barrios en la base de una paz duradera.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la resiliencia urbana en situaciones de violencia crónica según Diane Davis?
Es la capacidad de las comunidades que viven bajo una violencia permanente, de pandillas, narcotráfico o policía abusiva, para sostener la vida colectiva, proteger a sus miembros y negociar con quienes ejercen la fuerza, una capacidad que la política urbana refuerza con servicios y presencia legítima del Estado o destruye con represión y abandono.
¿Qué ciudades estudió Davis y qué encontró?
Medellín, Ciudad Juárez, Ciudad de México, Managua, Kingston, Johannesburgo, Nairobi y Karachi; encontró que la resiliencia surge de organizaciones vecinales, iglesias, comerciantes y redes de mujeres, se refuerza con inversión pública en los barrios violentos y se debilita cuando la seguridad se privatiza o la represión rompe la confianza.