Puntos clave
- Castells: los movimientos urbanos persiguen consumo colectivo, identidad y autonomía política, y cambian la ciudad cuando unen los tres.
- Harvey: las luchas por vivienda y espacio público son luchas por el excedente urbano que el capital captura.
- Mayer: de las ocupaciones de los setenta a los sindicatos de inquilinos tras 2008, con el riesgo de cooptación.
Los movimientos sociales urbanos son las organizaciones colectivas que luchan por cambiar las condiciones de vida en la ciudad, vivienda, servicios, espacio público, transporte, y por decidir quién la gobierna, y desde los años setenta han sido uno de los objetos centrales de los estudios urbanos críticos. Tres autores fijaron su análisis: Manuel Castells, que en La ciudad y las masas (1983) construyó la primera teoría comparada de esos movimientos; David Harvey, que en Ciudades rebeldes (2012) los situó en la lucha por el excedente urbano; y Margit Mayer, que ha seguido durante cuatro décadas su evolución en las ciudades del Norte, de la ocupación de viviendas a la resistencia contra la austeridad.
Manuel Castells: tres objetivos de los movimientos urbanos
Castells partió de una crítica a su propio marxismo estructural de La cuestión urbana (1972). Tras estudiar la Comuna de París, la huelga de alquileres de Glasgow de 1915, el movimiento vecinal madrileño de los años setenta, la comunidad gay de San Francisco y las ocupaciones de suelo en América Latina, concluyó que los movimientos urbanos persiguen tres objetivos: mejorar el consumo colectivo, vivienda, equipamientos, servicios; defender la identidad y la cultura del barrio o la comunidad; y conquistar autonomía política frente al Estado. Cuando articulan los tres, sostiene, cambian el significado de la ciudad; cuando persiguen uno solo, son absorbidos por el sistema.
David Harvey: la disputa por el excedente urbano
Harvey aporta la economía política. Los movimientos urbanos, en su lectura, disputan el control del excedente que la urbanización produce y que el capital captura mediante la renta, la promoción y las finanzas. Por eso las luchas por la vivienda, contra los desahucios y la gentrificación, o por el espacio público son luchas de clase aunque no ocurran en la fábrica, y por eso la lucha anticapitalista del siglo XXI debe organizarse en el territorio. Su análisis de las plazas de 2011, de Occupy a las revueltas de Londres, subraya la fuerza y la fragilidad de movilizaciones que ocupan la ciudad sin instituciones para sostenerse.
Margit Mayer: de la ocupación a la resistencia contra la austeridad
Mayer, politóloga de la Universidad Libre de Berlín, ha documentado las fases de los movimientos urbanos en Europa y Estados Unidos. Los movimientos de los años setenta y ochenta, ocupaciones, centros sociales, luchas vecinales, obtuvieron vivienda y equipamientos y en parte fueron institucionalizados. Los años noventa trajeron la profesionalización en ONG y la participación en la gobernanza neoliberal, con el riesgo de cooptación. Y desde 2008, la austeridad ha producido una nueva ola: plataformas de afectados por la hipoteca, sindicatos de inquilinos, movimientos por el derecho a la ciudad y comunes urbanos que combinan la resistencia con la construcción de alternativas. Su volumen Cities for People, Not for Profit (2012), con Brenner y Marcuse, recoge esa agenda.
Tensiones y balance: barrio y ciudad, autonomía e institución
Los tres coinciden en las tensiones que atraviesan a los movimientos. Entre la defensa del barrio y la política de la ciudad, porque un movimiento local puede ganar su plaza y perder la batalla urbana. Entre la autonomía y la institucionalización, porque negociar con el Estado da resultados y quita fuerza. Y entre la identidad y la clase, porque los movimientos más eficaces han unido a inquilinos, migrantes, mujeres y trabajadores en torno a demandas comunes. Castells añadió una advertencia que Mayer confirma: los movimientos urbanos rara vez toman el poder, pero cambian lo que el poder tiene que hacer.
El balance de cuatro décadas es que los movimientos sociales urbanos han sido la principal fuente de justicia en las ciudades: el Estatuto de la Ciudad brasileño, las regulaciones de alquiler, los presupuestos participativos, los parques defendidos y las demoliciones evitadas llevan su firma. Castells, Harvey y Mayer enseñan a leerlos no como ruido sino como la política urbana en su forma más directa, y a preguntar ante cada conflicto qué quiere la ciudad que se organiza y qué está dispuesto a conceder quien la gobierna.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los movimientos sociales urbanos según Castells?
Son organizaciones colectivas que, según La ciudad y las masas (1983), persiguen tres objetivos: mejorar el consumo colectivo, vivienda, equipamientos y servicios; defender la identidad y la cultura del barrio; y conquistar autonomía política; cuando articulan los tres cambian el significado de la ciudad.
¿Qué logros han conseguido los movimientos urbanos?
El Estatuto de la Ciudad brasileño, las regulaciones de alquiler, los presupuestos participativos, parques defendidos y demoliciones evitadas, además de las plataformas contra los desahucios y los sindicatos de inquilinos surgidos tras 2008.