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Clima y naturaleza

Biodiversidad urbana: Pickett, Cadenasso y Forman

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Puntos clave

  1. La biodiversidad urbana es un reto creciente a medida que las ciudades se expanden sobre el territorio.
  2. Pickett propone ver la ciudad como un ecosistema complejo donde lo natural y lo construido interactúan.
  3. Cadenasso estudia cómo la infraestructura urbana condiciona los procesos ecológicos y la conectividad.

Proteger el patrimonio natural y la biodiversidad dentro de las ciudades es un desafío creciente a medida que se expanden sobre el territorio. Densas y construidas como son, las ciudades pueden desempeñar un papel clave en la conservación de la biodiversidad si planifican y gestionan sus ecosistemas locales, y a veces alojan más variedad de especies que el campo agrícola que las rodea. Tres ecólogos han estudiado cómo integrar y proteger la naturaleza en las áreas urbanas: Steward T. A. Pickett, Mary Cadenasso y Richard Forman.

Pickett: la ciudad es un ecosistema

Steward Pickett, ecólogo del Cary Institute y director del Estudio del Ecosistema de Baltimore, sostiene que las ciudades deben verse como ecosistemas complejos en los que los componentes naturales y los construidos interactúan sin pausa: suelo, agua, árboles, animales y personas forman un solo sistema. Los ecosistemas urbanos no son un elemento secundario de la planificación sino algo que debe integrarse en el diseño para mejorar la habitabilidad y la sostenibilidad. Parques, jardines y corredores verdes actúan como refugios de biodiversidad y prestan además servicios ecosistémicos cruciales: purifican el aire, gestionan las aguas pluviales, regulan el microclima.

Cadenasso: bordes y conectividad

Mary Cadenasso, colaboradora habitual de Pickett, ha trabajado sobre la relación entre la infraestructura urbana y los procesos ecológicos. Su investigación destaca los ecotonos, las zonas de transición entre áreas naturales y urbanizadas, esenciales para conservar la biodiversidad en la ciudad. Esas áreas de borde —parques lineales, huertos comunitarios, corredores fluviales— permiten a plantas y animales desplazarse y prosperar y facilitan la conectividad entre hábitats. En un paisaje urbano fragmentado, esa conectividad es la condición para que las especies sobrevivan en un entorno dominado por la actividad humana.

Forman: planificar más allá de la ciudad

Richard Forman, de la Universidad de Harvard y uno de los fundadores de la ecología del paisaje, subraya en Urban Regions: Ecology and Planning Beyond the City (2008) la necesidad de integrar los principios ecológicos en la planificación a gran escala. La ecología del paisaje planifica el espacio urbano respetando y conservando los patrones naturales del territorio: las infraestructuras deben diseñarse para no interferir con procesos clave como la migración de especies o el flujo del agua. Una ciudad que imita los procesos naturales y respeta su entorno fomenta más biodiversidad y mantiene conectadas y protegidas sus áreas naturales.

Los tres coinciden en que preservar la biodiversidad urbana no consiste en proteger espacios verdes aislados sino en integrar la naturaleza en la vida cotidiana de los habitantes. Eso exige políticas que promuevan la infraestructura verde —cubiertas y muros vegetales, bosques urbanos, humedales restaurados— y que recuperen los ecosistemas dentro de la ciudad. Los beneficios no son solo ambientales: mejoran la calidad de vida con espacios de recreo, reducen la contaminación del aire y del agua y refuerzan la resiliencia frente al clima.

Educación y participación

Un aspecto clave es la educación y la participación. Cadenasso y Pickett sostienen que las políticas públicas por sí solas no garantizan la conservación de la biodiversidad: hace falta implicar a la comunidad local. Los programas educativos que explican por qué importa la biodiversidad y fomentan la participación en proyectos de restauración ecológica pueden ser motores de cambio, y la colaboración entre gobiernos, organizaciones y ciudadanos es esencial para que las soluciones duren. Proteger el patrimonio natural en la ciudad exige, en suma, un enfoque que combine planificación urbana y ecología: las ciudades pueden diseñarse para convivir con la naturaleza, y hacerlo es condición de que sean sostenibles y habitables.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la ciudad debe entenderse como un ecosistema?

Porque, según Steward Pickett, en ella los componentes naturales y los construidos interactúan de forma continua: el suelo, el agua, los árboles, los animales y las personas forman un sistema. Verla así permite gestionar parques, jardines y corredores como refugios de biodiversidad que además prestan servicios: aire, agua de lluvia, microclima.

¿Qué aporta Richard Forman a la planificación urbana?

La escala regional. En Urban Regions: Ecology and Planning Beyond the City sostiene que la biodiversidad no se protege con espacios verdes aislados sino con una planificación que integre los principios ecológicos —conectividad, bordes, mosaicos de hábitat— en toda la región urbana.

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