Puntos clave
- Star: la infraestructura es invisible mientras funciona, se hace visible cuando falla y siempre tiene excluidos.
- Larkin muestra que presas y redes se construyen como promesa de modernidad y espectáculo del poder.
- Flint y las redes desagregadas prueban que la exclusión infraestructural puede ser letal.
Las infraestructuras urbanas son las redes que hacen funcionar una ciudad, agua, saneamiento, energía, transporte, telecomunicaciones, residuos, y también el lugar donde el poder se materializa con más discreción. Decidir qué barrio recibe alcantarillado, dónde pasa el metro o quién tiene fibra óptica es decidir quién pertenece plenamente a la ciudad. Dos autores han enseñado a leer las infraestructuras como hechos sociales y no solo técnicos: la socióloga Susan Leigh Star, con su etnografía de la infraestructura, y el antropólogo Brian Larkin, que estudió su política y su poética. Sus trabajos fundaron lo que hoy se llama el giro infraestructural en los estudios urbanos.
Susan Leigh Star: la infraestructura es invisible hasta que falla
Star, en The Ethnography of Infrastructure (1999), propuso una definición que se ha vuelto clásica: la infraestructura es invisible mientras funciona y se hace visible cuando falla. Es relacional, porque lo que para el ingeniero es un objeto de trabajo es para el usuario un fondo que no se ve; está incrustada en otras estructuras, se aprende como parte de la pertenencia a una comunidad y encarna estándares que deciden qué queda dentro y qué fuera. Star insistió en estudiar lo aburrido, las listas, los formularios, las tuberías, porque ahí se esconden las decisiones sobre quién cuenta. Su ejemplo de la persona con alergia para quien un menú estándar es un obstáculo muestra que toda infraestructura tiene sus excluidos.
Brian Larkin: política y poética de la infraestructura
Larkin, en The Politics and Poetics of Infrastructure (2013), añadió que las infraestructuras no solo transportan agua o electricidad sino también significados. Las presas, las autopistas o las redes eléctricas se construyen como promesas de modernidad y se exhiben como espectáculo del poder estatal, con independencia de que funcionen bien. En sus estudios sobre Nigeria mostró cómo la radio, el cine y la electricidad intermitente producen formas de vida urbana propias, y cómo la fantasía de la infraestructura completa convive con la improvisación cotidiana. La infraestructura es, en su lectura, una forma de gobernar y una estética a la vez.
Redes desagregadas, Flint y la violencia infraestructural
Desde esas bases, la investigación ha documentado cómo la infraestructura reparte poder e inclusión. Stephen Graham y Simon Marvin describieron en Splintering Urbanism (2001) el paso de las redes universales del siglo XX a redes desagregadas que conectan enclaves de alto valor y saltan por encima del resto: autopistas de peaje, urbanizaciones con servicios propios, fibra en el distrito financiero. La crisis del agua de Flint, en Michigan, donde una decisión de ahorro envenenó con plomo a una ciudad pobre y mayoritariamente negra desde 2014, mostró que la exclusión infraestructural puede ser letal. Dennis Rodgers y Bruce O'Neill llamaron violencia infraestructural a ese daño que se ejerce por omisión.
Infraestructura digital y ciudad inteligente: nuevas exclusiones
La dimensión digital ha renovado el problema. Los sensores, las plataformas y los algoritmos que gestionan tráfico, alumbrado o vigilancia son infraestructura en el sentido de Star, invisible mientras funciona, y deciden a quién sirve la ciudad inteligente: quién aparece en los datos y quién no, quién puede pagar el servicio y quién queda fuera de la aplicación. Larkin ayuda a ver la poética de esas redes, la promesa de eficiencia y modernidad con que se venden, y la política que ocultan: propiedad de los datos, vigilancia y dependencia de proveedores privados.
La lección para el urbanismo es doble. Primero, hacer visible la infraestructura antes de que falle: mapear quién tiene y quién no tiene agua, transporte o conexión, y tratar esas brechas como decisiones políticas reversibles. Segundo, planificar la infraestructura como bien común y no como enclave, con redes universales, mantenimiento público y participación de los usuarios en su diseño. Star y Larkin no ofrecen recetas, pero sí una mirada: detrás de cada tubería y cada cable hay una decisión sobre quién pertenece a la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Qué dice Susan Leigh Star sobre la infraestructura?
Que es invisible mientras funciona y se hace visible cuando falla, que es relacional, está incrustada en otras estructuras y encarna estándares que deciden quién queda dentro y quién fuera; por eso hay que estudiar lo aburrido, tuberías, listas y formularios.
¿Qué es la violencia infraestructural?
Es el concepto de Dennis Rodgers y Bruce O'Neill para el daño que se ejerce por omisión cuando una comunidad queda sin agua segura, saneamiento o transporte, como en la crisis del plomo de Flint desde 2014.