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Tecnología y poder

Conexión desigual: Stephen Graham y la tecnología en la ciudad

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Puntos clave

  1. Graham: las redes que fueron servicios universales se desagregan en servicios premium para quien paga y degradados para el resto.
  2. Dos áreas a pocos kilómetros viven a tiempos distintos según la red que las sirve: la movilidad diferencia territorios.
  3. Cámaras, sensores y algoritmos pasan de conectar a clasificar y reproducen la desigualdad con apariencia de eficiencia.

La conexión desigual es la forma en que la tecnología divide y conecta a la vez las ciudades, y Stephen Graham, geógrafo de la Universidad de Newcastle, la convirtió en objeto de estudio al proponer mirar las redes de transporte, telecomunicaciones, energía y datos como una geografía del poder. Un tren atraviesa la ciudad sin detenerse en todos sus barrios, bajo tierra circulan energía y datos, sobre la calle una cámara distingue movimientos y cuerpos, y ninguna de esas redes es un fondo neutral: organizan accesos, velocidades y posibilidades distintas para distintas personas. La pregunta de Graham es qué ocurre cuando la infraestructura conecta intensamente a unos mientras deja a otros al margen, y su respuesta es que la desigualdad social adquiere cables, estaciones, rutas y algoritmos.

Fragmentación y bypass: redes premium que saltan los barrios

El primer mecanismo es la fragmentación. En Splintering Urbanism (2001), con Simon Marvin, Graham mostró que las redes que el siglo XX construyó como servicios universales, con tarifa única y cobertura obligatoria, se han desagregado con la privatización y la competencia en servicios premium para clientes rentables y servicios degradados para el resto. La fibra óptica llega a los distritos financieros y a los parques tecnológicos y salta los barrios pobres; las autopistas de peaje y los trenes exprés conectan aeropuertos y centros de negocios sin parar en las periferias que atraviesan; los enclaves con generadores, depósitos y seguridad propia se desconectan de la ciudad que los rodea. Graham llama a esa geografía de saltos el bypass.

El tiempo como desigualdad: la misma ciudad a velocidades distintas

El segundo mecanismo es el tiempo. Dos áreas de la misma ciudad pueden estar a pocos kilómetros y a tiempos muy distintos según la red que las sirve: una estación, una ruta directa o una conexión fiable amplían las oportunidades de un lugar y su ausencia refuerza el aislamiento. La movilidad funciona así como diferenciación territorial, y los grupos con menos recursos, que dependen de redes públicas lentas, viven en una ciudad más grande y más lenta que quienes disponen de conexiones rápidas. Lo mismo ocurre con la energía y los datos: en las ciudades del Sur global, los cortes de electricidad y la cobertura digital irregular determinan qué actividades son posibles en cada barrio.

De conectar a clasificar: geografías ordenadas por software

El tercer mecanismo es la clasificación. En sus trabajos sobre geografías ordenadas por software, Graham analizó cómo las cámaras, los sensores, las bases de datos y los algoritmos no solo transportan información sino que ordenan a las personas: sistemas que priorizan el tráfico de quien paga, controles de acceso que deciden quién entra en un espacio, perfiles de riesgo que asignan más vigilancia a unos barrios que a otros. La tecnología pasa de conectar a clasificar, y esa clasificación, automática e invisible, reproduce las desigualdades existentes con la apariencia de eficiencia técnica. Su análisis posterior de la militarización urbana prolonga esa línea.

Contraargumento y políticas: redes universales, datos abiertos, límites

El contraargumento es que las redes necesitan prioridades técnicas, que ningún sistema ofrece el mismo servicio en todas partes y que la vigilancia puede justificarse por seguridad o gestión, de modo que la desigualdad de conexión no prueba exclusión deliberada. Graham lo acepta en parte: su punto no es que cada diferencia sea una decisión malintencionada sino que las diferencias se acumulan, se diseñan y se pueden corregir, y que presentar la infraestructura como neutral es lo que impide discutirla políticamente. Redes universales, tarifas sociales, datos abiertos y límites a la vigilancia son las políticas que devuelven la conexión a la esfera pública.

La lección de Graham es que la infraestructura es política solidificada: cada red decide a quién sirve, a qué velocidad y a qué precio, y una ciudad que deja esas decisiones al mercado y a los algoritmos produce una geografía de conectados y desconectados que después parece natural. Mirar las redes como poder permite preguntar por qué el tren no para en ciertos barrios, por qué la fibra los salta y por qué la cámara los mira más, y esas preguntas son el punto de partida de una ciudad que conecte sin dividir.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el urbanismo fragmentado según Stephen Graham?

Es la ciudad en que las redes de transporte, telecomunicaciones, energía y datos, construidas en el siglo XX como servicios universales, se han desagregado con la privatización en servicios premium para clientes rentables y servicios degradados para el resto, produciendo enclaves conectados y barrios saltados por la fibra, las autopistas de peaje y los trenes exprés.

¿Cómo divide la tecnología a la ciudad?

Conectando a unos y dejando a otros al margen mediante redes que fijan accesos, velocidades y precios distintos, y clasificando a las personas con cámaras, sensores y algoritmos que priorizan a quien paga y vigilan más a ciertos barrios; Graham propone redes universales, tarifas sociales, datos abiertos y límites a la vigilancia.

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