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Vale y Campanella: quién vuelve a la ciudad tras el desastre

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Puntos clave

  1. Casi ninguna ciudad importante ha desaparecido por un desastre en dos siglos; la cuestión es cómo se reconstruye y para quién.
  2. Reconstruir la infraestructura es rápido; recuperar las redes sociales y económicas depende de quién accede a los recursos.
  3. Mujeres, pobres y comunidades racializadas quedan fuera del relato de la ciudad que se levanta, como mostró Nueva Orleans tras Katrina.

The Resilient City: How Modern Cities Recover from Disaster (2005), editado por Lawrence Vale y Thomas Campanella, profesores de planificación en el MIT y en la Universidad de Carolina del Norte, parte de una constatación sorprendente: casi ninguna ciudad importante ha desaparecido por un desastre en los últimos dos siglos. Incendios, terremotos, bombardeos, atentados y ciclones han arrasado Chicago, San Francisco, Tokio, Berlín, Hiroshima, Varsovia, Beirut o Nueva York, y todas se reconstruyeron. La pregunta del libro no es si las ciudades se recuperan sino cómo, quién decide qué se reconstruye y para quién, y su tesis es que la resiliencia urbana no es una propiedad física sino un proceso político y narrativo en que la reconstrucción material va acompañada de un relato sobre la recuperación que reparte el reconocimiento y los recursos de forma desigual.

Reconstrucción física frente a resiliencia social: Chicago y San Francisco

La distinción central es entre reconstrucción física y resiliencia social. Las ciudades pueden levantar de nuevo su infraestructura en pocos años, como hizo Chicago tras el incendio de 1871 o San Francisco tras el terremoto de 1906, pero la resiliencia real implica recuperar las redes sociales y económicas que sostienen la vida urbana, y ahí las decisiones sobre qué y cómo reconstruir, quién accede a los recursos y qué comunidades se priorizan pesan tanto como el hormigón. Vale y Campanella muestran que en San Francisco la reconstrucción desplazó a la comunidad china y a los pobres del centro, y que la modernización que el desastre permitió tuvo siempre ganadores y perdedores.

Quién queda fuera del relato: mujeres, pobres y comunidades racializadas

El libro dedica especial atención a quién queda fuera del relato. Las mujeres, que en la mayoría de los desastres asumen el cuidado, la reorganización del hogar y la reconstrucción de las redes de barrio, aparecen rara vez en las historias oficiales de recuperación, centradas en ingenieros, alcaldes y monumentos; las comunidades pobres y racializadas son las últimas en volver y con frecuencia no vuelven, porque la reconstrucción se orienta hacia usos más rentables. Los autores llaman a esa operación narrativa de resiliencia: el relato de la ciudad que se levanta sirve a la vez para movilizar recursos y para ocultar a quienes la recuperación dejó atrás.

Varsovia, Hiroshima, Beirut y la Zona Cero: la doble cara de la recuperación

Los casos ilustran esa doble cara. Varsovia reconstruyó su casco antiguo piedra a piedra como afirmación nacional tras la destrucción nazi; Hiroshima convirtió su devastación en un memorial de paz que definió su identidad; Beirut reconstruyó su centro tras la guerra civil mediante una sociedad privada, Solidere, que expropió a miles de propietarios y produjo un distrito de lujo; y Nueva York tras el 11 de septiembre debatió durante años entre memoria y valor inmobiliario en la Zona Cero. En cada caso, muestran Vale y Campanella, la resiliencia dependió del poder de los actores, de la inversión exterior y de la capacidad de las comunidades para hacerse oír, más que de la magnitud del daño.

Katrina, críticas y la medida de la resiliencia

Publicado meses antes del huracán Katrina, el libro se convirtió en referencia para leer Nueva Orleans, donde la recuperación reprodujo exactamente el patrón descrito: los barrios negros y pobres del Lower Ninth Ward fueron los últimos en recibir servicios y muchos residentes nunca regresaron, mientras el relato de la ciudad resiliente celebraba la reapertura del centro. Sus críticos señalan que el volumen se centra en el Norte global y en desastres puntuales, y que el cambio climático plantea una vulnerabilidad crónica distinta; los editores reconocen ese límite y sostienen que la lección política, quién decide y quién vuelve, vale también para los desastres lentos.

La lección de Vale y Campanella es que la resiliencia de una ciudad se mide por quién puede volver a vivir en ella, no por la velocidad con que se levantan sus edificios. Una reconstrucción que restaura la infraestructura y expulsa a los vulnerables produce una ciudad más rica y menos justa, y llama resiliencia a lo que fue sustitución. Planificar la recuperación antes del desastre, con vivienda garantizada, participación de las comunidades afectadas y atención a quienes cuidan y sostienen la vida cotidiana, es la única forma de que la ciudad que se recupera sea la misma que fue golpeada.

Preguntas frecuentes

¿Qué sostienen Vale y Campanella en The Resilient City?

Que las ciudades casi siempre se reconstruyen tras un desastre, pero que la resiliencia urbana no es una propiedad física sino un proceso político y narrativo en que las decisiones sobre qué se reconstruye, quién accede a los recursos y qué comunidades se priorizan reparten el reconocimiento y los beneficios de forma desigual.

¿Qué diferencia hay entre reconstrucción física y resiliencia social?

La reconstrucción física levanta de nuevo la infraestructura en pocos años, como Chicago tras 1871 o San Francisco tras 1906; la resiliencia social implica recuperar las redes que sostienen la vida urbana y permitir que los barrios pobres, las mujeres que cuidan y las comunidades racializadas vuelvan, algo que la recuperación orientada a usos rentables suele impedir.

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