Puntos clave
- Campanella: una ciudad es más que la suma de sus edificios y su resiliencia es la de las familias, parroquias y asociaciones que deciden volver.
- Broadmoor y la comunidad vietnamita de Versailles se salvaron por su organización; el Lower Ninth Ward recuperó apenas un tercio de sus habitantes.
- Los relatos de resiliencia olvidan a quienes no pudieron volver; Road Home perjudicó a los barrios negros al calcular ayudas según el valor previo.
La resiliencia urbana, según Thomas J. Campanella, es la capacidad de una ciudad de recuperarse de un desastre, y depende menos de sus edificios que de sus ciudadanos: de las familias, las parroquias, las asociaciones de barrio y las redes que deciden volver. Campanella, historiador del urbanismo y profesor en Cornell, coeditó con Lawrence Vale The Resilient City (2005), el estudio sobre cómo las ciudades modernas se recuperan de catástrofes, y un año después publicó en el Journal of the American Planning Association el artículo Urban Resilience and the Recovery of New Orleans, escrito con la ciudad todavía anegada tras el huracán Katrina. Su tesis es que una ciudad es más que la suma de sus construcciones y que la reconstrucción de la infraestructura física no sirve de nada si no se reconstruye la trama social que la habita.
Las ciudades no desaparecen: por qué la resiliencia es de los ciudadanos
El argumento nace de la historia. Casi ninguna ciudad importante ha desaparecido tras un desastre en los últimos dos siglos: Chicago se reconstruyó tras el incendio de 1871, San Francisco tras el terremoto de 1906, Varsovia, Hiroshima y Tokio tras la guerra, y esa constancia, sostiene Campanella, se explica por la persistencia de la propiedad, las inversiones hundidas y, sobre todo, el apego de la gente al lugar. La resiliencia de la ciudad es la resiliencia de sus habitantes: vuelven porque su vida, sus relaciones y su memoria están allí, y la tarea de la planificación no es tanto diseñar la ciudad nueva como facilitar y acompañar ese regreso.
Nueva Orleans: el mapa de los puntos verdes, Broadmoor y Versailles
Nueva Orleans puso a prueba la idea. En enero de 2006 la comisión Bring New Orleans Back presentó un mapa con puntos verdes sobre los barrios más bajos e inundables, entre ellos Broadmoor y parte del Lower Ninth Ward, proponiendo convertirlos en parques salvo que demostraran en pocos meses que volvería suficiente población.
La respuesta de Broadmoor, que organizó su propia asociación, censó a sus vecinos, redactó un plan y consiguió apoyo de la Universidad de Harvard, se convirtió en el ejemplo de Campanella: el barrio se salvó por su capacidad de organización. Del mismo modo, la comunidad vietnamita de Versailles, en el este de la ciudad, regresó en semanas gracias a la parroquia María Reina de Vietnam, mientras el Lower Ninth Ward, más pobre, con menos propietarios y menos redes formales, había recuperado diez años después apenas un tercio de sus habitantes.
Memoria, relatos y Road Home: a quién dejó fuera la recuperación
La memoria es la tercera pieza. Campanella y Vale sostienen que las ciudades se recuperan también a través de relatos y rituales, conmemoraciones, monumentos, la narrativa de la ciudad que renace, y que esos relatos son a la vez necesarios y peligrosos, porque tienden a contar la resiliencia de quienes volvieron y a olvidar a quienes no pudieron. En Nueva Orleans, el programa Road Home calculó las ayudas según el valor previo de cada vivienda, lo que perjudicó a los barrios negros, donde las casas valían menos aunque costara lo mismo reconstruirlas; un tribunal obligó a corregir la fórmula en 2011, cuando muchos ya se habían ido. Sanar las heridas de una comunidad, en la lectura de Campanella, exige reconocer a quién dejó fuera la recuperación.
El contraargumento: resiliencia social sin excusa para el Estado
El contraargumento es importante. Confiar la resiliencia a los ciudadanos puede convertirse en excusa para que el Estado retire recursos, y las comunidades más organizadas no son siempre las más necesitadas: Broadmoor tenía profesionales, propietarios y contactos universitarios que otros barrios no tenían, de modo que premiar la organización puede reproducir la desigualdad previa. Campanella acepta la objeción y responde que la resiliencia social no sustituye a la pública sino que la exige: el gobierno tiene que garantizar la vuelta de quienes no pueden organizarse, con vivienda, servicios y ayudas que no dependan del valor de mercado de lo perdido.
La lección de Campanella para una época de inundaciones, incendios y olas de calor es que la reconstrucción es un problema físico, social y político a la vez, y que la pregunta decisiva no es cómo levantar de nuevo los edificios sino quién podrá volver a vivir en ellos. Una ciudad que reconstruye diques y puentes y pierde a un tercio de un barrio no se ha recuperado: ha cambiado de habitantes. La resiliencia que merece el nombre se mide en quién regresa.
Preguntas frecuentes
¿Qué entiende Thomas Campanella por resiliencia urbana?
La capacidad de una ciudad de recuperarse de un desastre, que depende menos de la reconstrucción física que de la resiliencia de sus ciudadanos: familias, parroquias, asociaciones y redes que deciden regresar; la planificación debe facilitar ese regreso y garantizarlo para quienes no pueden organizarse.
¿Qué enseñó Nueva Orleans sobre la recuperación tras Katrina?
Que los barrios con más organización, como Broadmoor o la comunidad vietnamita de Versailles, volvieron antes y evitaron ser convertidos en parques, mientras el Lower Ninth Ward, más pobre y con menos redes, recuperó solo un tercio de su población, y que las ayudas calculadas según el valor previo de las viviendas perjudicaron a los barrios negros.