Puntos clave
- Hibbard: las comunidades rurales no son atrasadas sino dependientes de decisiones externas; la planificación debe darles capacidad de decidir.
- La planificación es autodeterminación cuando las comunidades indígenas la usan según sus valores y despojo cuando se impone.
- Toward One Oregon muestra que campo y ciudad son un solo sistema unido por agua, energía, alimentos y empleo.
La planificación regional con justicia social es el campo al que Michael Hibbard, profesor emérito de planificación y políticas públicas de la Universidad de Oregón, ha dedicado su carrera, con una tesis poco frecuente en una disciplina urbana: que las regiones rurales y las pequeñas comunidades sufren las decisiones de planificación diseñadas para las ciudades, y que un desarrollo justo exige planificar la interdependencia entre campo y ciudad en lugar de tratar el campo como reserva de recursos o como paisaje. Su trabajo, centrado en el noroeste del Pacífico, en las comunidades dependientes de la madera, la pesca y la minería y en las naciones indígenas, propone una planificación comunitaria y regional que reparta los beneficios del desarrollo y no solo sus costes.
Comunidades de recursos naturales: la crisis maderera del noroeste
Hibbard parte de la crisis de las comunidades de recursos naturales. En los años ochenta y noventa, la mecanización de las serrerías, el agotamiento de los bosques y la protección del búho moteado, con el Plan Forestal del Noroeste de 1994, hundieron el empleo maderero de cientos de pueblos de Oregón y Washington, y las políticas de reconversión diseñadas desde las capitales, formación, incentivos, turismo, rara vez llegaron a quienes las necesitaban. Sus estudios mostraron que esas comunidades no eran atrasadas sino dependientes de decisiones externas, y que la planificación debía darles capacidad de decidir sobre su propio futuro.
Planificación comunitaria e indígena: decidir sobre el propio futuro
Su primera aportación es la planificación comunitaria. Frente a los planes elaborados por técnicos y aprobados sin conocimiento local, Hibbard defiende procesos en que los habitantes definen los problemas, eligen las prioridades y controlan los recursos, con el planificador como facilitador y no como autor. En su trabajo con naciones indígenas del noroeste y de Australia mostró que la planificación puede ser un instrumento de autodeterminación cuando las comunidades la usan para gestionar territorio, cultura y economía según sus propios valores, y un instrumento de despojo cuando se les impone; ese trabajo ha alimentado el campo emergente de la planificación indígena.
Toward One Oregon: la interdependencia entre campo y ciudad
Su segunda aportación es la escala regional. Hibbard sostiene que los problemas de las comunidades rurales, despoblación, falta de infraestructura, dependencia de un solo sector, no se resuelven municipio a municipio sino en regiones que incluyen a las ciudades de las que dependen y que dependen de ellas. En Toward One Oregon (2011), coeditado con Ethan Seltzer, Bruce Weber y Beth Emshoff, analizó la interdependencia entre el Oregón urbano de Portland y el Oregón rural, unidos por el agua, la energía, los alimentos, el empleo y el sistema de planificación estatal que desde 1973 fija límites de crecimiento urbano y protege el suelo agrícola y forestal, y mostró que la polarización política entre ambos mundos es también un fracaso de planificación.
Justicia espacial y planificación flexible
La justicia espacial es el hilo que une ambas escalas. Hibbard la entiende como la distribución equitativa de recursos, servicios y oportunidades en el territorio, de modo que ninguna comunidad quede fuera de los beneficios del desarrollo por su localización, y advierte que las políticas rígidas, diseñadas para contextos urbanos y aplicadas sin atender a las dinámicas locales, agravan las desigualdades que dicen corregir. Su propuesta es una planificación flexible y adaptativa, capaz de responder a cambios económicos, sociales y ambientales, y evaluada por su efecto sobre las comunidades con menos poder.
La lección de Michael Hibbard es que la planificación justa empieza por reconocer que la ciudad y su región son un solo sistema y que las decisiones urbanas tienen consecuencias a cientos de kilómetros. Dar voz y capacidad a las comunidades rurales e indígenas, planificar la interdependencia regional y medir cada política por lo que hace con los lugares que menos cuentan es el camino para que el desarrollo no sea la prosperidad de las ciudades pagada por el resto del territorio.
Preguntas frecuentes
¿Qué propone Michael Hibbard para la planificación regional?
Planificar la interdependencia entre ciudad y campo a escala regional, con procesos comunitarios en que los habitantes definen problemas y prioridades, y evaluar cada política por su efecto sobre las comunidades rurales e indígenas con menos poder, para que el desarrollo reparta beneficios y no solo costes.
¿Qué es la justicia espacial según Hibbard?
Es la distribución equitativa de recursos, servicios y oportunidades en el territorio, de modo que ninguna comunidad quede fuera de los beneficios del desarrollo por su localización, frente a políticas rígidas diseñadas para contextos urbanos que, aplicadas sin atender a las dinámicas locales, agravan las desigualdades.