Puntos clave
- Storper: el lugar no es un escenario pasivo; organizaciones, tecnologías y territorios se combinan de forma distinta en cada ciudad.
- En 1970 Los Ángeles y San Francisco eran similares; cuarenta años después la bahía había duplicado la ventaja por sus redes cívicas y empresariales.
- El talento sigue a los empleos, no al revés; la capacidad de aprender y coordinarse no se compra con subsidios.
Por qué algunas ciudades innovan y otras no es la pregunta que el geógrafo económico Michael Storper, profesor en la London School of Economics, en Sciences Po y en la Universidad de California en Los Ángeles, ha convertido en el centro de su obra, de The Regional World (1997) a Keys to the City (2013). Dos ciudades reciben una tecnología parecida y buscan atraer actividades similares; una crea empresas, aprendizaje y crecimiento sostenido, la otra no. Su respuesta rechaza la idea de que la economía funcione igual en cualquier lugar: las organizaciones actúan en territorios concretos, las tecnologías se desarrollan dentro de relaciones concretas y el aprendizaje depende de proximidades e instituciones, de modo que el lugar no es un escenario pasivo sino un participante en la construcción de ventajas.
La santa trinidad: organizaciones, tecnologías y territorios
Storper resume el mecanismo en lo que llama su santa trinidad: organizaciones, tecnologías y territorios. Las organizaciones reúnen capacidades y coordinan actividades; las tecnologías transforman qué puede producirse y cómo; los territorios sitúan esas relaciones en contextos con instituciones y redes propias. Ninguna pieza funciona aislada, y la aglomeración, la concentración espacial de actividades, importa porque facilita contactos repetidos y circulación de conocimiento entre actores próximos. Pero Storper no reduce la ventaja regional a estar cerca: las relaciones no mercantiles, la confianza, las convenciones compartidas y las instituciones explican por qué algunas concentraciones aprenden y otras solo coexisten.
Keys to the City: Los Ángeles y San Francisco, la gran divergencia
Keys to the City añade cuatro claves para explicar la divergencia entre ciudades: la especialización productiva, la capacidad de innovar, las instituciones formales e informales y la interacción entre personas. El libro se apoya en el contraste entre Los Ángeles y San Francisco, que Storper desarrolló después con Thomas Kemeny, Naji Makarem y Taner Osman en The Rise and Fall of Urban Economies (2015): en 1970 ambas regiones tenían rentas similares y estructuras parecidas, y cuarenta años después la bahía de San Francisco había duplicado la ventaja. La diferencia no estuvo en la geografía ni en la mano de obra sino en las redes de élites empresariales y cívicas, abiertas y conectadas en San Francisco, fragmentadas y defensivas en Los Ángeles.
Contra el determinismo tecnológico, la clase creativa y los subsidios
Su análisis discute las explicaciones habituales. Contra el determinismo de la tecnología, muestra que la misma tecnología produce resultados distintos según las organizaciones y las instituciones que la reciben. Contra la teoría de la clase creativa de Richard Florida, sostiene que el talento sigue a los empleos y no al revés, y que las comodidades urbanas son efecto de la prosperidad más que causa. Y contra las políticas de atracción de empresas mediante subsidios, argumenta que lo decisivo es la capacidad de una región para aprender, coordinarse y reinventar su especialización cuando el ciclo tecnológico cambia, algo que no se compra con incentivos fiscales.
Desigualdad territorial y qué puede hacer la política
Storper aporta también una explicación de la desigualdad territorial contemporánea. Desde los años ochenta, las economías del conocimiento se han concentrado en unas pocas regiones metropolitanas que acumulan innovación, renta y empleo cualificado, mientras otras, con especializaciones industriales en declive, pierden población y oportunidades; esa gran divergencia, que ha estudiado en Estados Unidos y Europa, alimenta la polarización política. Su propuesta de política no es dispersar la innovación por decreto sino fortalecer las instituciones locales, la educación, las infraestructuras y las redes de cooperación que permiten a cada región construir su propia trayectoria.
La lección de Storper es que la innovación urbana es un proceso social localizado, no un recurso que se instala. Las ciudades que innovan combinan organizaciones capaces, tecnologías en desarrollo, instituciones que facilitan la cooperación y redes de personas que confían entre sí, y esa combinación se construye durante décadas y puede perderse. Para la política urbana, la conclusión es que contar empresas no basta: hay que observar cómo interactúan, qué instituciones las sostienen y si la ciudad es capaz de aprender cuando el mundo cambia.
Preguntas frecuentes
¿Por qué algunas ciudades innovan y otras no según Storper?
Porque la innovación es un proceso social localizado en que organizaciones, tecnologías y territorios se combinan de forma distinta: las ciudades que innovan tienen instituciones que facilitan la cooperación, redes de personas que confían entre sí y capacidad de aprender y reinventar su especialización cuando el ciclo tecnológico cambia.
¿Qué explica la divergencia entre Los Ángeles y San Francisco?
Según Storper, Kemeny, Makarem y Osman, no la geografía ni la mano de obra sino las redes de élites empresariales y cívicas, abiertas y conectadas en la bahía de San Francisco y fragmentadas y defensivas en Los Ángeles, que permitieron a una región apostar por la tecnología y a la otra quedarse con especializaciones en declive.