Puntos clave
- Scott: la creatividad no se importa atrayendo talento; emerge de un sistema local de producción, el campo creativo.
- Hollywood se reorganizó tras 1948 como una red de cientos de empresas y trabajadores por proyecto que depende de la proximidad.
- El capitalismo cognitivo-cultural produce una élite bien pagada y una masa de servicios mal pagados: valor y polarización a la vez.
La economía cultural de las ciudades, según Allen J. Scott, es el conjunto de industrias que producen bienes cargados de significado, cine, música, moda, diseño, publicidad, videojuegos, y que se concentran en unas pocas metrópolis porque necesitan la proximidad entre miles de empresas pequeñas y trabajadores especializados. Scott, geógrafo económico de la Universidad de California en Los Ángeles, lo formuló en The Cultural Economy of Cities (2000) y lo estudió con detalle en On Hollywood (2005), y su tesis es que la creatividad no se importa atrayendo talento sino que emerge de un sistema local de producción, lo que él llama el campo creativo, que la ciudad puede cultivar o destruir.
Hollywood: desintegración vertical y por qué la aglomeración no es un accidente
Hollywood es su laboratorio. Scott muestra que cuando el sistema de estudios integrados se desmoronó a finales de los años cuarenta, por la sentencia antimonopolio de 1948 y la llegada de la televisión, la producción no se dispersó sino que se reorganizó como una red de cientos de productoras, empresas de efectos, sonido, casting y posproducción, y un mercado laboral de guionistas, técnicos y actores que se contratan por proyecto; esa desintegración vertical hizo a la industria más flexible y más dependiente de la proximidad, porque cada película se ensambla en semanas con colaboradores que tienen que conocerse y verse. La aglomeración es la forma de organización, no un accidente, y por eso Hollywood resistió a la producción fugitiva hacia Vancouver o Atlanta que los incentivos fiscales alimentan.
Contra la receta de Florida: la creatividad como propiedad del campo creativo
De ahí sale su crítica a Richard Florida. En su artículo de 2006 sobre ciudades creativas, Scott sostiene que la creatividad urbana no es una cualidad de individuos que eligen dónde vivir sino una propiedad del campo creativo: redes de empresas, mercados laborales densos, instituciones de formación, tradiciones y convenciones compartidas que hacen posible que la novedad se produzca y se venda. Atraer profesionales con carriles bici y cafés sin ese sistema productivo, escribe, es poner el carro delante de los bueyes, y explica por qué tantas ciudades que aplicaron la receta creativa no consiguieron nada parecido a Hollywood, Milán o el distrito del videojuego de Montreal.
Capitalismo cognitivo-cultural: valor y polarización en la metrópoli
Social Economy of the Metropolis (2008) amplía el argumento al capitalismo cognitivo-cultural, la fase en que las grandes ciudades se especializan en tecnología, finanzas, medios y cultura, y señala su lado oscuro: esa economía produce una élite muy bien pagada y una masa de trabajadores de servicios mal pagados, limpieza, restauración, cuidados, y las ciudades que más prosperan en ella, Los Ángeles, Londres, Nueva York, son también las más polarizadas. La reconfiguración urbana que acompaña a las industrias creativas, distritos de diseño, lofts y barrios artísticos, expulsa con frecuencia a los vecinos anteriores, y Scott advierte que la aglomeración cultural crea valor y desigualdad a la vez.
Políticas para el sistema productivo y el contraargumento
La política que propone es distinta de la receta creativa. Los gobiernos locales, sostiene, deben actuar sobre el sistema productivo: escuelas y programas de formación vinculados a las industrias existentes, espacios de trabajo asequibles, infraestructuras compartidas como estudios o laboratorios, asociaciones sectoriales y protección de los barrios donde la producción cultural ocurre. El contraargumento es que ese enfoque favorece a las ciudades que ya tienen un campo creativo y ofrece poco a las que no lo tienen, y que el propio Scott reconoce que la economía cultural no puede sustituir a una base industrial amplia ni resolver la polarización que genera.
La lección de Scott es que la cultura es hoy una industria urbana con la misma lógica de aglomeración que tuvieron el acero o el automóvil, y que el desarrollo urbano equitativo pasa por cultivar el sistema que la produce y repartir mejor lo que produce, no por competir por atraer a una clase. Integrar cultura y economía, en su lectura, es reconocer que la ciudad creativa es un lugar de producción, con trabajadores, salarios y conflictos, antes que un escaparate.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la economía cultural de las ciudades según Allen Scott?
El conjunto de industrias que producen bienes cargados de significado, cine, música, moda, diseño, publicidad o videojuegos, y que se concentran en pocas metrópolis porque necesitan la proximidad entre miles de empresas pequeñas y trabajadores especializados que se contratan por proyecto, como muestra Hollywood.
¿En qué se diferencia Scott de Richard Florida?
Florida propone atraer a la clase creativa con calidad de vida urbana; Scott sostiene que la creatividad es una propiedad del campo creativo, redes de empresas, mercados laborales densos e instituciones de formación, y que atraer profesionales sin ese sistema productivo es poner el carro delante de los bueyes.