Puntos clave
- En 2023 se registraron cerca de 76 millones de desplazados internos, la cifra más alta jamás contada, cada vez más en ciudades.
- Davis: la ciudad del Sur crece expulsando a quienes la construyen, del campo al asentamiento y del asentamiento al desalojo.
- Cernea mostró que sin consulta, alternativas y compensación el desplazado empobrece de forma casi segura.
El desplazamiento forzado en el Sur global es la expulsión de personas de sus hogares y medios de vida por conflictos, desastres, proyectos de desarrollo y violencia urbana, y es una crisis en crecimiento que se concentra cada vez más en las ciudades: el Observatorio de Desplazamiento Interno registró en 2023 cerca de 76 millones de personas desplazadas dentro de sus países, la cifra más alta jamás contada, y los desalojos para grandes proyectos afectan cada año a millones más que ninguna estadística global recoge.
Dos autores han explicado cómo la ciudad produce y recibe ese desplazamiento: Mike Davis, que en Planeta de ciudades miseria (2006) mostró que los asentamientos informales crecen con la expulsión del campo y la demolición en la ciudad, y Teresa Caldeira, que en Ciudad de muros (2000) documentó cómo la violencia y la segregación empujan a los pobres de São Paulo a periferias cada vez más lejanas.
Mike Davis: del campo al asentamiento y del asentamiento al desalojo
Davis reconstruye la primera cadena. La urbanización del Sur desde los años ochenta no siguió a la industrialización sino al ajuste estructural: la liberalización agrícola, las guerras y las sequías expulsaron a millones del campo hacia ciudades sin empleo formal, y la retirada del Estado los dejó en asentamientos autoconstruidos sobre laderas, riberas y vertederos. Esa población es después la primera desplazada por la propia ciudad, cuando la tierra que ocupa se vuelve valiosa: los desalojos de Makoko en Lagos en 2012 y de Otodo Gbame en 2017, las remociones de Delhi antes de los Juegos de la Commonwealth de 2010 o las de Río de Janeiro antes del Mundial y los Juegos Olímpicos, que afectaron a decenas de miles de familias, siguen el patrón que Davis describió como la guerra contra los pobres urbanos.
Teresa Caldeira: violencia, muros y expulsión hacia la periferia
Caldeira añade la violencia como motor. En São Paulo, el aumento del crimen y del miedo desde los años ochenta produjo enclaves fortificados para las clases altas y medias, y una violencia cotidiana, delictiva y policial, que golpea sobre todo a las periferias; quienes no pueden pagar seguridad privada ni vivienda digna se desplazan hacia áreas más lejanas y más precarias, donde el riesgo aumenta. La violencia, en su análisis, no es solo física sino institucional: políticas que no reconocen los asentamientos, policías que actúan como fuerza de ocupación y planes que priorizan las zonas rentables perpetúan la exclusión y convierten la migración interna en un movimiento continuo hacia el borde.
Clima: la causa que más crece y el riesgo que se reproduce en la ciudad
El clima es la tercera causa y la que más crece. Las inundaciones, ciclones y sequías desplazaron en 2023 a más de 26 millones de personas, la mayoría en Asia y África, y muchas de ellas acaban en las ciudades o son desplazadas dentro de ellas, porque los asentamientos informales ocupan precisamente las zonas inundables y las laderas inestables que nadie más quería. Yakarta, que se hunde, o Daca, que recibe a los desplazados de los deltas de Bangladés, muestran que el desplazamiento climático es urbano por partida doble: llega a la ciudad y se reproduce en ella cuando los proyectos de adaptación, diques, reubicaciones, desalojan a quienes viven en el riesgo.
Normas internacionales y alternativas: intervenir sin expulsar
El derecho internacional ofrece herramientas poco aplicadas. Los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de 1998, las directrices de Naciones Unidas sobre desalojos de 2007 y los estándares del Banco Mundial sobre reasentamiento exigen consulta, alternativas y compensación, y experiencias como la mejora de barrios sin desplazamiento en Medellín, la regularización de asentamientos en Brasil bajo el Estatuto de la Ciudad o los programas de reasentamiento negociado con federaciones de habitantes en la India muestran que es posible intervenir sin expulsar. Los estudios de Michael Cernea sobre reasentamiento demostraron que, sin esas garantías, el desplazado empobrece de forma casi segura: pierde tierra, empleo, redes y salud.
La lección de Davis y Caldeira es que el desplazamiento forzado no es un accidente de la urbanización sino uno de sus mecanismos: la ciudad del Sur crece expulsando a los mismos que la construyen, del campo al asentamiento y del asentamiento a la periferia. Detener esa crisis exige reconocer la tenencia, planificar la adaptación con los habitantes de las zonas de riesgo, someter los grandes proyectos a las normas internacionales y tratar la seguridad como servicio público y no como privilegio. Sin eso, cada nueva inversión, cada gran evento y cada dique seguirán produciendo desplazados que las estadísticas no cuentan.
Preguntas frecuentes
¿Qué causa el desplazamiento forzado en las ciudades del Sur global?
Los proyectos de desarrollo y grandes eventos que demuelen asentamientos cuando el suelo se revaloriza, la violencia delictiva e institucional que empuja a los pobres hacia periferias más lejanas, como mostró Caldeira en São Paulo, y los desastres climáticos, que desplazaron a más de 26 millones de personas en 2023 y golpean las zonas de riesgo donde viven los asentamientos informales.
¿Cómo se puede intervenir en un asentamiento sin desplazar a sus habitantes?
Aplicando los Principios Rectores de 1998 y las directrices de la ONU sobre desalojos, con consulta, alternativas y compensación, y siguiendo experiencias como la mejora de barrios de Medellín, la regularización bajo el Estatuto de la Ciudad brasileño o los reasentamientos negociados con federaciones de habitantes en la India.