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Poverty Capital de Ananya Roy: la crítica a las microfinanzas

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Puntos clave

  1. Roy: el capital de la pobreza convierte el desarrollo en empresa financiera donde la pobreza es la fuente de beneficio.
  2. Compartamos salió a bolsa en 2007 con tipos cercanos al 100 % y la crisis de Andhra Pradesh de 2010 mostró el sobreendeudamiento.
  3. En la ciudad informal, el microcrédito sustituye a la vivienda, los servicios y el empleo que el Estado dejó de proveer.

Poverty Capital: Microfinance and the Making of Development (2010) es el libro en que la urbanista Ananya Roy, profesora en la Universidad de California en Los Ángeles, analizó cómo las microfinanzas, los pequeños préstamos a los pobres popularizados por el Banco Grameen de Muhammad Yunus, se convirtieron en la industria global del desarrollo del siglo XXI y en un mercado donde la pobreza misma es la fuente de beneficio. Su tesis es que el capital de la pobreza, la circulación de dinero, expertos y discursos en torno a los pobres, ha transformado el desarrollo en una empresa financiera, y que ese giro tiene consecuencias directas para las ciudades del Sur global, donde la mayoría de los prestatarios viven y trabajan en la economía informal.

De Grameen al consenso de Washington sobre la pobreza

Roy reconstruye la genealogía. El Banco Grameen, fundado en Bangladés en 1983, mostró que las mujeres pobres devolvían sus préstamos con tasas superiores a las de la banca comercial, y ese descubrimiento fue celebrado como solución a la pobreza: Naciones Unidas declaró 2005 Año Internacional del Microcrédito y Yunus recibió el Nobel de la Paz en 2006. Pero Roy distingue dos modelos: el de Grameen y sus herederos bangladesíes como BRAC, que combinan crédito con servicios sociales, y el consenso de Washington sobre la pobreza, impulsado desde el Banco Mundial y su grupo CGAP, que exige rentabilidad, tipos de mercado y conexión con los mercados de capital.

Compartamos y Andhra Pradesh: la financiarización de los pobres

Ese segundo modelo produjo la financiarización de los pobres. Cuando Compartamos, el mayor microprestamista mexicano, salió a bolsa en 2007 cobrando tipos anuales cercanos al 100 %, y cuando la crisis de sobreendeudamiento de Andhra Pradesh en 2010 llevó a suicidios de prestatarias acosadas por los cobradores, quedó claro que el microcrédito podía ser tan extractivo como el usurero al que pretendía sustituir. Roy muestra que el conocimiento sobre los pobres, sus tasas de devolución, su disciplina, su capital social, se convierte en un activo que circula entre Washington, Wall Street y las ONG, y que la pobreza se administra como mercado de riesgo.

La dimensión urbana: crédito en lugar de derechos

El análisis tiene una dimensión urbana explícita. Los prestatarios son mayoritariamente habitantes de asentamientos informales que financian con microcréditos puestos de venta, talleres o mejoras de su casa autoconstruida, y Roy sostiene que las microfinanzas sustituyen a la vivienda pública, los servicios y el empleo que los Estados dejaron de proveer con el ajuste neoliberal. En lugar de derechos, los pobres reciben crédito; en lugar de infraestructura, responsabilidad individual. Su crítica conecta con su trabajo sobre la informalidad urbana y con el de Mike Davis en Planeta de ciudades miseria, que describe el microcrédito como la respuesta neoliberal a la ciudad informal.

Microfinanzas desde abajo: lo que Roy rescata y lo que rechaza

Roy no descarta las microfinanzas. Su etnografía en Bangladés, Egipto, Líbano y Washington encuentra también prácticas que ella llama desde abajo: programas que combinan crédito con salud, educación y organización de mujeres, instituciones que renuncian a la rentabilidad para llegar a los más pobres, y movimientos que disputan el sentido de la deuda. Lo que rechaza es la conversión del desarrollo en finanzas y la idea de que el mercado puede resolver una pobreza que el mercado produce. Su propuesta es medir las microfinanzas por su capacidad de redistribuir, no por su rentabilidad.

La lección de Poverty Capital para el urbanismo es que la pobreza urbana no se resuelve prestando a los pobres sino garantizando lo que el crédito no puede comprar: suelo seguro, servicios básicos, trabajo digno y protección social. Las microfinanzas pueden acompañar esas políticas, pero cuando las sustituyen convierten la ciudad informal en un mercado de deuda. Roy enseña a preguntar, ante cada programa de desarrollo, quién financia, quién cobra y qué derechos quedan reemplazados por un préstamo.

Preguntas frecuentes

¿Qué sostiene Ananya Roy en Poverty Capital?

Que las microfinanzas, popularizadas por el Banco Grameen, se convirtieron en la industria global del desarrollo y en un mercado donde la pobreza es la fuente de beneficio, con un consenso de Washington sobre la pobreza que exige rentabilidad y conexión con los mercados de capital en lugar de redistribución.

¿Qué relación tienen las microfinanzas con la ciudad informal?

Los prestatarios son mayoritariamente habitantes de asentamientos informales que financian puestos, talleres o mejoras de su vivienda, y Roy sostiene que el crédito sustituye a la vivienda pública, los servicios y el empleo que los Estados dejaron de proveer con el ajuste neoliberal.

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