Puntos clave
- El suelo no se produce y su valor depende de lo que ocurre alrededor: cada inversión pública se convierte en renta privada.
- El capital vuelve a los barrios centrales donde la brecha de renta hace rentable sustituir a los vecinos y empuja al resto a la periferia.
- Los ayuntamientos dependen de la recaudación del suelo y compiten por inversión: la máquina de crecimiento explica por qué favorecen al capital.
El capital moldea nuestras ciudades a través de un mecanismo concreto, la búsqueda de renta del suelo, y la economía política urbana lo ha estudiado desde que el economista David M. Gordon publicó en 1978 su ensayo Capitalist Development and the History of American Cities, recogido en el volumen Marxism and the Metropolis. Su idea central es que la ciudad no es un escenario neutral donde ocurren la economía y la vida social, sino un producto de la acumulación: cada fase del capitalismo necesita una forma urbana y la fabrica, y la pregunta es qué forma exige la fase actual y a quién deja fuera.
Suelo, movilidad del capital y Estado: el mecanismo de la renta
El mecanismo tiene tres piezas. La primera es el suelo como activo: a diferencia de una fábrica, el suelo no se produce, y su valor depende de lo que ocurre alrededor, de modo que cada inversión pública, un parque, una estación, una escuela, se convierte en renta privada para quien posee las parcelas próximas. La segunda es la movilidad del capital: el dinero se desplaza hacia donde la renta es mayor y abandona lo que ya no rinde, y así produce a la vez centros revalorizados y barrios desinvertidos. La tercera es el Estado, que en la lectura de Gordon no arbitra entre intereses sino que organiza las condiciones de la acumulación con zonificación, infraestructuras y fiscalidad que favorecen unas localizaciones frente a otras.
Gentrificación, desplazamiento y privatización del espacio público
Las consecuencias son visibles en cualquier ciudad grande. La gentrificación es el retorno del capital a barrios centrales donde la diferencia entre la renta actual y la potencial, la brecha de renta que Neil Smith formalizó en 1979, hace rentable rehabilitar y sustituir a los vecinos; el desplazamiento hacia la periferia es su reverso, porque quien no puede pagar el centro se va donde el suelo vale menos y los servicios llegan más tarde. La privatización del espacio público, plazas gestionadas por promotores, calles de centros comerciales, frentes marítimos con guardias, y los enclaves exclusivos, torres y urbanizaciones cerradas, son la forma que toma la renta cuando el capital compra no solo suelo sino la capacidad de decidir quién lo usa.
Por qué la política favorece al capital: la máquina de crecimiento
Las políticas públicas tienden a favorecer esos intereses por razones estructurales, no solo por captura. Los ayuntamientos dependen de la recaudación ligada al suelo y la construcción, compiten entre sí por inversión y empleo y necesitan mostrar crecimiento, de modo que aprueban recalificaciones, exenciones y grandes proyectos aunque sus beneficios se concentren; John Logan y Harvey Molotch llamaron a esa alianza de promotores, políticos y medios la máquina de crecimiento, y Gordon la anticipó al describir la ciudad corporativa como la que organiza el territorio para el capital financiero y de servicios. La forma urbana es el resultado de esa alianza, no del gusto de los ciudadanos.
El contraargumento del determinismo y qué reglas cambian el resultado
El contraargumento es sólido y conviene exponerlo bien. La economía política urbana puede caer en el determinismo, como si el capital lo explicara todo y los vecinos, los movimientos, la raza, el género y la historia de cada ciudad no contaran; muchas ciudades con el mismo capitalismo tienen formas muy distintas, Viena y Houston, por ejemplo, y la diferencia la hacen instituciones y decisiones políticas. Además, la inversión privada construye vivienda, transporte y empleo que las ciudades necesitan, y sin ella la mayoría de las metrópolis no se habrían levantado. La respuesta de la corriente es que el capital fija la lógica y la política fija el resultado: reconocer el mecanismo es lo que permite intervenir en él.
La lección es que el espacio urbano no es neutral, y que la pregunta útil ante cualquier proyecto es quién captura la renta que la ciudad produce. Las herramientas para cambiar la respuesta existen y se han probado: suelo público que no se vende sino que se arrienda, participación de la ciudad en las plusvalías, vivienda fuera del mercado, espacio público con reglas públicas y planes que limitan dónde y cuánto puede rendir el suelo. Una ciudad más inclusiva no es la que ignora al capital sino la que decide, con esas reglas, qué parte de la ciudad puede comprar.
Preguntas frecuentes
¿Cómo moldea el capital la forma de las ciudades?
A través de la renta del suelo: el suelo es un activo cuyo valor depende del entorno, el capital se desplaza hacia donde esa renta es mayor y abandona lo que no rinde, y el Estado organiza con zonificación, infraestructuras y fiscalidad las condiciones de esa acumulación, produciendo centros revalorizados, periferias desinvertidas y enclaves privados.
¿Por qué las políticas públicas favorecen los intereses del capital en la ciudad?
Porque los ayuntamientos dependen de la recaudación ligada al suelo y la construcción, compiten entre sí por inversión y empleo y necesitan mostrar crecimiento, de modo que aprueban recalificaciones, exenciones y grandes proyectos aunque sus beneficios se concentren; Logan y Molotch llamaron máquina de crecimiento a esa alianza de promotores, políticos y medios.