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Ciudades fantasma en China: fracaso o estrategia según Wade Shepard

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Puntos clave

  1. Los gobiernos locales chinos se financian vendiendo suelo, y las familias compran pisos vacíos como inversión: así nacen las ciudades fantasma.
  2. Muchos distritos vacíos en 2010, como Zhengdong o Kangbashi, se llenaron en una década al trasladar instituciones y escuelas.
  3. La crisis de Evergrande desde 2021 mostró el límite de construir para la inversión y no para la vida.

Las ciudades fantasma de China son los distritos nuevos construidos a gran escala durante el auge inmobiliario de las décadas de 2000 y 2010 que permanecieron vacíos durante años: avenidas de doce carriles sin coches, torres de viviendas sin luces encendidas, centros comerciales cerrados y estadios sin público. El periodista estadounidense Wade Shepard las recorrió durante años y las describió en Ghost Cities of China (2015), el libro que convirtió el fenómeno en debate global. Su pregunta es la que sigue abierta: son el mayor fracaso urbanístico de la historia o una estrategia de urbanización a largo plazo que la mirada occidental no supo leer.

Por qué China construyó ciudades antes de tener habitantes

Shepard explica primero por qué se construyeron. Desde la reforma fiscal de 1994, los gobiernos locales chinos dependen de la venta de suelo para financiarse, de modo que urbanizar es su principal fuente de ingresos. A eso se suman objetivos de crecimiento fijados desde Pekín, la necesidad de alojar a cientos de millones de migrantes del campo y un mercado inmobiliario donde la vivienda funciona como principal activo de ahorro de las familias, que compran pisos vacíos como inversión. El resultado fue una máquina que producía ciudades completas antes de que existiera demanda inmediata, con el cálculo de que la demanda llegaría.

Ordos, Zhengdong y Tianducheng: los casos y su evolución

Los casos que describe se hicieron famosos. Kangbashi, el distrito nuevo de Ordos en Mongolia Interior, planificado para un millón de habitantes y casi desierto en 2010. Zhengdong, el distrito de negocios de Zhengzhou, fotografiado vacío por la prensa internacional. Tianducheng, la réplica de París con su torre Eiffel cerca de Hangzhou. Y decenas de ciudades nuevas en todas las provincias. Shepard visitó los mismos lugares años después y encontró algo que las fotos no mostraban: muchas se estaban llenando. Zhengdong superó el millón de habitantes, Kangbashi se convirtió en el centro administrativo y educativo de Ordos, y las escuelas y hospitales trasladados desde las ciudades viejas arrastraron población.

Fracaso o estrategia: construir primero, poblar después

De ahí su lectura matizada. Las ciudades fantasma son, en muchos casos, ciudades en construcción que se ocupan a lo largo de una década o dos, siguiendo el mismo patrón que Shenzhen o Pudong, en Shanghái, también tachados de vacíos en sus primeros años. La estrategia china consiste en construir la infraestructura primero y atraer después la población mediante el traslado de instituciones, universidades e industrias. Pero Shepard no exime al modelo de sus costes: el endeudamiento de los gobiernos locales, la expropiación de campesinos con compensaciones mínimas, la vivienda comprada como activo y nunca habitada, y ciudades que, cuando la demanda no llegó, quedaron a medio hacer.

Evergrande y el límite del modelo

El tiempo ha dado la razón a las dos mitades del argumento. Muchos distritos nuevos se han consolidado y forman hoy parte del tejido urbano chino, que ha alojado la mayor migración interna de la historia. Al mismo tiempo, la crisis de promotores como Evergrande desde 2021 y las estimaciones de decenas de millones de viviendas vacías han mostrado que el modelo basado en la venta de suelo y en la vivienda como inversión había llegado a su límite, con familias que pagan hipotecas de pisos nunca terminados. El gobierno chino ha reorientado desde entonces la política hacia la vivienda habitada y no especulativa.

Para el urbanismo, las ciudades fantasma dejan dos lecciones. La primera es sobre el tiempo: una ciudad nueva tarda décadas en llenarse, y juzgarla por sus primeros años puede ser un error, como muestran Shenzhen o Kangbashi. La segunda es sobre el modelo: construir para la inversión y no para la vida produce ciudades que pueden llenarse o no, pero que en ambos casos han desplazado a quienes vivían en el suelo, endeudado a quienes las financiaron y tratado la vivienda como activo antes que como hogar. Shepard deja claro que el juicio final no es sobre las fotos de avenidas vacías sino sobre quién paga y quién habita.

Preguntas frecuentes

¿Por qué existen ciudades fantasma en China?

Porque desde 1994 los gobiernos locales dependen de la venta de suelo para financiarse, Pekín fija objetivos de crecimiento, cientos de millones de migrantes necesitan vivienda y las familias compran pisos vacíos como inversión; se construye antes de que exista demanda inmediata.

¿Siguen vacías las ciudades fantasma chinas?

Muchas no: Zhengdong superó el millón de habitantes y Kangbashi se convirtió en centro administrativo de Ordos, siguiendo el patrón de Shenzhen o Pudong; otras quedaron a medio hacer, y la crisis de promotores desde 2021 dejó decenas de millones de viviendas vacías o sin terminar.

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