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Castells: del consumo colectivo al espacio de flujos

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Puntos clave

  1. Castells definió primero la ciudad por el consumo colectivo: vivienda, transporte, sanidad y educación que reproducen la fuerza de trabajo.
  2. La ciudad y las masas pasó de las estructuras a los actores: movimientos que cambian el significado de la ciudad.
  3. El espacio de flujos concentra el poder en nodos y conexiones, pero las redes siguen enlazando actividades situadas en lugares.

Del consumo colectivo al espacio de flujos es el arco del pensamiento de Manuel Castells sobre la ciudad, y traza cómo la propia teoría urbana pasó de la era industrial a la informacional. Un autobús sale lleno mientras una familia busca vivienda y otra persona espera atención sanitaria; décadas después la misma ciudad está atravesada por redes informacionales que conectan actividades lejanas. Castells, sociólogo español formado en París y durante décadas profesor en Berkeley, se preguntó qué mantiene unida a la ciudad cuando cambian la economía y la organización social, y respondió tres veces: en La cuestión urbana (1972) con el consumo colectivo, en La ciudad y las masas (1983) con los movimientos sociales urbanos, y en La ciudad informacional (1989) y La era de la información (1996) con el espacio de flujos.

Consumo colectivo: la ciudad como reproducción de la fuerza de trabajo

El primer mecanismo es el consumo colectivo. Desde el marxismo estructural, Castells sostuvo que lo que define a la ciudad bajo el capitalismo no es la producción, que ocurre en fábricas situadas en cualquier parte, sino los bienes colectivos que reproducen la fuerza de trabajo: vivienda, transporte, sanidad, educación, provistos o regulados por el Estado porque el mercado no puede suministrarlos con beneficio. Una línea de transporte no es solo infraestructura sino el vínculo entre los hogares y el trabajo; la vivienda no es solo una mercancía sino una condición material de la vida cotidiana. La ciudad aparece como organización colectiva de necesidades cuya distribución tiene consecuencias sociales, y la política urbana como el conflicto por quién recibe esos bienes.

Movimientos sociales urbanos: de las estructuras a los actores

El segundo momento se deriva del primero. Si la vivienda y los servicios son fundamentales, las disputas por ellos adquieren peso político, y Castells pasó de las estructuras a los actores. Su estudio comparado de París, Glasgow, Madrid, San Francisco y los movimientos de ocupantes latinoamericanos concluyó que los movimientos sociales urbanos persiguen consumo colectivo, identidad comunitaria y autonomía política, y que cuando combinan los tres cambian el significado de la ciudad. Ese libro fue también una autocrítica: el marco anterior explicaba la ciudad sin las personas que luchan por ella, y el nuevo puso el conflicto y la organización en el centro.

El espacio de flujos y el espacio de los lugares

El tercer momento cambia de escala. Estudiando la revolución de las tecnologías de la información desde Silicon Valley, Castells describió una economía global organizada en redes y, dentro de ella, el espacio de flujos: una forma de organización social basada en relaciones que atraviesan lugares, circuitos financieros, redes corporativas, medios, en la que el poder reside en los nodos y las conexiones y no en los territorios. Frente a él está el espacio de los lugares, donde la mayoría sigue viviendo su vida cotidiana, y la tensión entre ambos, élites que viven en los flujos y comunidades arraigadas en lugares, se convirtió para él en la contradicción central de la sociedad red.

¿Hacen las redes irrelevantes a las ciudades? El contraargumento

El contraargumento es que si las redes superan la distancia, las ciudades deberían importar menos y el espacio de flujos reemplazaría progresivamente a los lugares urbanos. El propio marco de Castells lo responde: las conexiones siguen enlazando actividades situadas en algún sitio, lo global no opera suspendido sobre el territorio, y la economía informacional concentra sus nodos en metrópolis concretas, observación que Saskia Sassen desarrolló en la ciudad global. Las redes cambian la geografía de la actividad sin borrar las ciudades; el espacio urbano debe entenderse a través de lugares y conexiones a la vez.

Las dos etapas del pensamiento de Castells parecen lejanas, una de autobuses y ambulatorios, otra de fibra óptica y finanzas, pero comparten una pregunta: cómo la organización de la ciudad distribuye oportunidades de vida. La ciudad del consumo colectivo distribuía vivienda y servicios; la ciudad red distribuye conexión, y estar dentro o fuera de los flujos decide hoy la oportunidad como antes la decidía la vivienda. La lección para el urbanismo es que la infraestructura, del transporte a la banda ancha, sigue siendo el terreno donde las desigualdades de la ciudad se hacen y se pueden deshacer.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el consumo colectivo según Castells?

Es el conjunto de bienes y servicios colectivos, vivienda, transporte, sanidad, educación, que reproducen la fuerza de trabajo y que el Estado provee o regula porque el mercado no puede suministrarlos con beneficio; en La cuestión urbana (1972) Castells sostuvo que definen la ciudad bajo el capitalismo y que la política urbana es el conflicto por su distribución.

¿El espacio de flujos hace irrelevantes a las ciudades?

No: la sociedad red de Castells describe conexiones que atraviesan el espacio, pero esas conexiones siguen enlazando actividades situadas en algún lugar, y la economía informacional concentra sus nodos en metrópolis concretas, de modo que el espacio urbano debe entenderse a través de lugares y conexiones a la vez.

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