Puntos clave
- La casa unifamiliar con ama de casa a tiempo completo fue un proyecto político, no un orden natural.
- Hayden propone viviendas agrupadas con cocina, lavandería y guardería compartidas cerca del transporte.
- El suburbio convierte cada tarea de cuidado en un viaje en coche que recae sobre las mujeres.
El urbanismo feminista es la corriente que analiza cómo el diseño de viviendas, barrios y ciudades ha dado por supuesta una división del trabajo por género, y propone reorganizar el espacio para repartir el trabajo de cuidados. Su referencia histórica es Dolores Hayden, historiadora de la arquitectura y profesora en Yale, cuyo libro The Grand Domestic Revolution (1981) recuperó un siglo de propuestas feministas para transformar el hogar y la ciudad. Hayden demostró que la casa unifamiliar aislada, con su cocina privada y su ama de casa a tiempo completo, no era un orden natural sino un proyecto político y económico que las mujeres llevaban desde 1860 intentando cambiar.
The Grand Domestic Revolution y las feministas materialistas
El libro rescata a las que Hayden llama feministas materialistas: Melusina Fay Peirce, que en 1868 propuso cooperativas de amas de casa para socializar la cocina y la colada; Charlotte Perkins Gilman, que defendió casas sin cocina con comedores y guarderías colectivas; y decenas de arquitectas y reformadoras que diseñaron bloques con servicios compartidos. Estas propuestas se ensayaron en Cambridge, Nueva York o Chicago y fueron derrotadas por la combinación de intereses inmobiliarios, electrodomésticos vendidos como liberación y el modelo suburbano de posguerra que la Administración federal financió con hipotecas.
Cómo sería una ciudad no sexista
En el artículo What Would a Non-Sexist City Be Like? (1980) Hayden trazó la respuesta. Propuso agrupaciones de viviendas con cocina, lavandería, guardería y comedor compartidos, gestionadas por cooperativas de vecinos y vecinas, situadas cerca del transporte y del empleo. Su modelo HOMES imaginaba transformar manzanas suburbanas existentes uniendo patios traseros, convirtiendo garajes en servicios comunes y creando empleo local en el cuidado. La idea de fondo es que el trabajo doméstico deja de ser un problema privado de cada mujer y pasa a ser una infraestructura urbana que la comunidad organiza y paga.
Suburbio, vivienda y desigualdad de género
En Redesigning the American Dream (1984) y Building Suburbia (2003) Hayden mostró que el suburbio norteamericano se diseñó explícitamente en torno a la mujer en casa y el hombre que conduce al trabajo. Sin transporte público, con servicios dispersos y viviendas pensadas para una única familia nuclear, la ciudad dispersa convierte cada tarea cotidiana, llevar a los niños, comprar, cuidar a los mayores, en un viaje en coche que recae sobre quien cuida. Cuando las mujeres se incorporaron masivamente al empleo, esa geografía no cambió, y la doble jornada se hizo también doble desplazamiento.
Hayden defendió además la memoria urbana como herramienta de equidad. En The Power of Place (1995) documentó en Los Ángeles la historia de trabajadoras, comunidades negras y migrantes mediante monumentos y recorridos, argumentando que una ciudad que solo conmemora a hombres poderosos enseña a sus habitantes quién cuenta y quién no. Su trabajo une así tres escalas: la vivienda, el barrio y el relato colectivo de la ciudad.
Legado en la planificación con perspectiva de género
Las ideas de Hayden han llegado a la práctica en el urbanismo de la vida cotidiana de Viena, con el conjunto Frauen-Werk-Stadt de 1997, en las cooperativas de vivienda con cuidados compartidos de Barcelona y Zúrich, y en la planificación de proximidad de la ciudad de los quince minutos. La lección permanece: no hay equidad de género sin cambiar la distancia entre casa, trabajo, escuela y servicios, ni sin reconocer que el cuidado es trabajo que la ciudad puede facilitar o castigar según cómo se diseñe.
Preguntas frecuentes
¿Qué propone Dolores Hayden en The Grand Domestic Revolution?
Recupera un siglo de propuestas feministas, desde las cooperativas de amas de casa de 1868 hasta las casas sin cocina, para socializar el trabajo doméstico mediante servicios compartidos, y explica por qué el suburbio de posguerra las derrotó.
¿Cómo sería una ciudad no sexista según Hayden?
Tendría agrupaciones de viviendas con cocina, lavandería, guardería y comedor comunes gestionadas por cooperativas, situadas cerca del transporte y del empleo, de modo que el cuidado sea una infraestructura urbana y no una carga privada.