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Calle y movilidad

Desigualdad de género en el espacio urbano: causas y respuestas

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Puntos clave

  1. Hayden muestra que separar hogar y trabajo fue un proyecto que daba por supuesta a la mujer en casa, y que la memoria urbana también excluye.
  2. Kern recorre la desigualdad desde el cuerpo: cochecitos, miedo nocturno e interseccionalidad.
  3. Transporte, seguridad, servicios y espacio público concentran las desigualdades; Viena y Barcelona muestran cómo corregirlas.

La desigualdad de género en el espacio urbano es la diferencia sistemática en cómo mujeres y hombres pueden usar, recorrer y sentirse seguros en la ciudad, y se mide en tiempo, dinero, miedo y oportunidades. Las encuestas de movilidad muestran que las mujeres hacen más viajes cortos y encadenados, más a pie y en transporte público y menos en coche; las encuestas de victimización, que la mayoría ha sufrido acoso en la calle o el transporte; y las de uso del tiempo, que dedican el doble de horas al cuidado. Dos autoras han explicado por qué la ciudad produce esas diferencias: Dolores Hayden, desde la historia del diseño y de la memoria urbana, y Leslie Kern, desde la experiencia cotidiana y la geografía feminista.

Dolores Hayden: diseño, memoria y el poder del lugar

Hayden mostró en The Grand Domestic Revolution (1981) y Redesigning the American Dream (1984) que la separación entre hogar y trabajo, entre barrio residencial y centro de empleo, no fue un accidente sino un proyecto que daba por supuesta a una mujer en casa. En The Power of Place (1995) añadió la dimensión simbólica: una ciudad que solo conmemora a hombres poderosos, con sus estatuas, nombres de calles y edificios, enseña a sus habitantes quién ha contado en su historia. Hayden documentó en Los Ángeles la memoria de trabajadoras, comunidades negras y migrantes mediante placas y recorridos, argumentando que el reconocimiento en el espacio es parte de la igualdad.

Leslie Kern: la desigualdad vivida desde el cuerpo

Kern, en Feminist City (2019), recorre la desigualdad desde el cuerpo. La ciudad de las madres revela cada bordillo, cada escalera de metro sin ascensor y cada cafetería sin espacio para un cochecito. La ciudad del miedo muestra cómo la amenaza de violencia, aunque estadísticamente se concentre en el hogar, se proyecta sobre parques, callejones y paradas nocturnas y recorta la libertad de movimiento de las mujeres más que cualquier barrera física. Kern insiste en la interseccionalidad: la mujer migrante que limpia oficinas de madrugada, la mujer negra parada por la policía o la mujer con discapacidad sin ascensor viven desigualdades específicas que ninguna categoría aislada explica.

Movilidad, seguridad, servicios y espacio público: cuatro desigualdades

Las desigualdades concretas se agrupan en cuatro ámbitos. La movilidad: redes de transporte diseñadas para el viaje pendular casa-trabajo, con frecuencias bajas fuera de las horas punta en que se hacen los viajes de cuidado, y tarifas por trayecto que penalizan los viajes encadenados. La seguridad: iluminación, visibilidad y presencia de gente que determinan qué calles se evitan y a qué hora. Los servicios: guarderías, escuelas, centros de salud y comercio situados lejos de la vivienda, que convierten cada tarea en un desplazamiento. Y el espacio público: parques y pistas deportivas ocupados por chicos, bancos sin sombra, ausencia de baños públicos que limita cuánto tiempo puede pasar fuera una mujer mayor o embarazada.

Viena, Barcelona, Bogotá: respuestas y debates

Las respuestas se han ensayado. Viena aplica desde 1992 el urbanismo de la vida cotidiana, con auditorías de género en cada proyecto, parques rediseñados para las niñas y viviendas con servicios compartidos. Barcelona incorporó la perspectiva de género en sus supermanzanas y realiza marchas exploratorias con vecinas para detectar puntos de miedo. Ciudad de México y Bogotá segregaron vagones de metro y autobús como medida de emergencia contra el acoso, con debate sobre si protegen o normalizan la exclusión. Umeå construyó un túnel peatonal diseñado por mujeres, y decenas de ciudades han cambiado tarifas y horarios de transporte tras medir los viajes de cuidado.

Hayden y Kern coinciden en que la desigualdad de género en la ciudad no se corrige con añadidos, más luz aquí, un vagón allá, sino cambiando quién decide y qué se mide. Mientras los datos de movilidad no cuenten los viajes de cuidado, mientras las mesas de planificación no incluyan a mujeres diversas y mientras la memoria urbana solo hable de hombres, la ciudad seguirá produciendo la desigualdad que dice combatir. La ciudad que funciona para quien cuida, caminando, con niños o de noche, funciona mejor para todos.

Preguntas frecuentes

¿En qué se manifiesta la desigualdad de género en la ciudad?

En una movilidad de viajes cortos y encadenados que el transporte no atiende, en el miedo que limita qué calles y horas usan las mujeres, en servicios de cuidado lejos de la vivienda y en un espacio público ocupado por chicos y sin baños ni sombra.

¿Qué propone Dolores Hayden en The Power of Place?

Que la memoria urbana, estatuas, nombres de calles y edificios conmemorados, enseña quién ha contado en la historia de la ciudad, y que reconocer en el espacio a trabajadoras, comunidades negras y migrantes es parte de la igualdad.

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