Puntos clave
- Certeau: frente a las estrategias del poder, los habitantes despliegan tácticas que hacen con la ciudad algo distinto de lo previsto.
- Sennett: las comunidades purificadas producen adultos incapaces de tratar con la diferencia; el desorden en dosis es escuela de convivencia.
- La ciudad tolera el espacio neutro mientras el suelo vale poco y lo reclama cuando vale mucho.
Los espacios neutros de la ciudad son los lugares que escapan al control estricto del sector público y del privado, solares, bajos de puentes, explanadas, mercadillos, calles sin programa, y que por eso admiten una ocupación flexible y espontánea por parte de vendedores, jóvenes, artistas, vecinos y colectivos que no tienen otro sitio. No son espacios públicos en sentido formal, porque nadie los diseñó para el uso que reciben, ni privados en sentido pleno, porque nadie los explota; son territorios intermedios donde la ciudad se improvisa, y la pregunta que plantean es por qué esa indefinición produce más creatividad y más convivencia que muchos espacios planificados.
Certeau: estrategias del poder, tácticas de los habitantes
Michel de Certeau dio la clave en La invención de lo cotidiano (1980). Frente a las estrategias del poder, que ordenan el espacio desde arriba con planes, normas y vigilancia, los habitantes despliegan tácticas: usos del espacio que aprovechan las ocasiones, se cuelan por los huecos del orden y hacen con la ciudad algo distinto de lo previsto. Caminar por donde no está marcado, montar un puesto donde no hay licencia, reunirse donde nadie convoca son prácticas espaciales que convierten el plano en un lugar vivido, y los espacios neutros son donde esas tácticas tienen más margen porque el orden es más débil. Certeau los describe como el arte del débil, la creatividad de quien no controla el territorio pero lo usa.
Sennett y los usos del desorden: la escuela de la diferencia
Richard Sennett llegó a una conclusión parecida desde otra tradición en Vida urbana e identidad personal (1970), su primer libro, cuyo título original es The Uses of Disorder. Sennett sostiene que las comunidades purificadas, ordenadas y homogéneas, el suburbio, la urbanización, el barrio zonificado, producen adultos incapaces de tratar con la diferencia, y que la ciudad necesita espacios no estructurados donde grupos distintos se encuentren, se molesten y aprendan a negociar; el desorden, en dosis, es una escuela de convivencia. Los espacios neutros cumplen esa función: allí coinciden el vendedor migrante, el skater, la señora del barrio y el músico, sin que nadie haya decidido que deben compartir el lugar.
Gentrificación, privatización y la trampa del urbanismo táctico
Las amenazas son la gentrificación y la privatización. Un solar donde se hace un mercadillo se convierte en una promoción, una explanada con vida propia se reurbaniza como plaza dura con bancos que impiden tumbarse y cámaras, un bajo de puente ocupado por skaters se vende como local; la ciudad que tolera el espacio neutro mientras el suelo vale poco lo reclama cuando vale mucho, y lo que sustituye al desorden creativo es con frecuencia un espacio comercial o un espacio público tan diseñado que solo admite el uso previsto. El urbanismo táctico y los usos temporales han intentado institucionalizar esa flexibilidad, con el riesgo, señalado por muchos críticos, de que la creatividad de los vecinos sirva para revalorizar el suelo del que después se les expulsa.
El contraargumento de la seguridad y la política de no diseñar del todo
El contraargumento es serio: los espacios sin control pueden ser inseguros, insalubres o apropiados por quien más fuerza tiene, no por quien más los necesita; los vecinos suelen preferir una plaza limpia y vigilada a un solar con ruido nocturno; y no todo desorden enseña convivencia, alguno solo produce conflicto. Certeau y Sennett no proponen abandonar la ciudad al azar sino reconocer que el orden total elimina lo que la ciudad tiene de valioso, y que la cuestión es cuánta indefinición puede permitirse un lugar sin dejar de ser habitable.
La lección es que preservar espacios neutros exige una política deliberada de no diseñar del todo: suelo público que se cede temporalmente sin programa, normas que toleren el uso informal, plazas con superficies y horarios abiertos y una renuncia a explotar cada metro cuadrado. La creatividad y la resistencia urbanas no nacen en los lugares que se construyen para ellas sino en los que se dejan disponibles, y una ciudad que quiera conservarlas tiene que aprender a dejar sitio.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un espacio neutro en la ciudad?
Un lugar que escapa al control estricto del sector público y del privado, un solar, un bajo de puente, una explanada o un mercadillo, que nadie diseñó para el uso que recibe ni explota, y que por eso admite una ocupación flexible y espontánea por quienes no tienen otro sitio.
¿Por qué los espacios neutros producen creatividad y convivencia?
Porque, según Certeau, son donde las tácticas de los habitantes tienen más margen frente al orden impuesto, y, según Sennett, porque el desorden no estructurado obliga a grupos distintos a encontrarse y negociar, algo que los espacios planificados y homogéneos impiden.