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Calle y movilidad

La ciudad abierta de Richard Sennett: abrir el espacio público

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Puntos clave

  1. Sennett: la ciudad cerrada de recintos y funciones separadas funciona bien y se vive mal porque no admite lo imprevisto.
  2. Los bordes vivos, como el mercado de Nehru Place en Delhi, enseñan a convivir con la diferencia; los límites la evitan.
  3. Frente a Songdo y Masdar, la ciudad abierta se construye con formas incompletas y semillas que se propagan si funcionan.

La ciudad abierta es el concepto con que el sociólogo Richard Sennett, profesor en la London School of Economics y en Nueva York, defiende una ciudad diseñada para el encuentro con desconocidos y para lo inesperado, frente a la ciudad cerrada de recintos controlados, funciones separadas y formas acabadas que evitan la diferencia. Dos desconocidos que comparten un banco mientras un tercero cruza la plaza no necesitan conocerse, pero algo ocurre porque sus vidas se rozan, y Sennett sitúa ese roce en el centro de la experiencia urbana. Su pregunta, desarrollada desde Vida urbana e identidad personal (1970) hasta Construir y habitar (2018), es qué perdemos cuando diseñamos la ciudad para reducir la incertidumbre.

Ville y cité: la ciudad construida y la ciudad vivida

Sennett distingue la ville de la cité: la ciudad construida, calles, edificios, infraestructuras, y la ciudad vivida, las prácticas, percepciones y relaciones de quienes la habitan. El urbanismo moderno, de Haussmann a Le Corbusier y a los planes maestros de las ciudades inteligentes, ha intentado que la ville determine la cité, y el resultado son espacios que funcionan bien y se viven mal, porque no admiten usos imprevistos. La ciudad abierta busca lo contrario: formas incompletas, bordes porosos y ambigüedad que dejen margen para que la vida urbana produzca relaciones que el plano no previó. Abierto no significa sin forma, sino con forma que acepta cambio.

Bordes vivos frente a límites: el mercado de Nehru Place

El primer mecanismo es el borde. Sennett diferencia el límite, la frontera que separa, del borde vivo, la zona de contacto donde dos condiciones se mezclan, como la orilla entre el bosque y el prado donde hay más vida. Los muros de los recintos cerrados, los centros comerciales y las urbanizaciones valladas son límites; las calles de mercado, las plazas de barrio y las plantas bajas activas son bordes. Su ejemplo de Nehru Place en Delhi, un mercado informal de electrónica donde conviven comerciantes, clientes, vendedores ambulantes y personas de distintas castas y religiones, muestra cómo un espacio desordenado enseña a convivir con la diferencia.

Formas incompletas y semillas frente a Songdo y Masdar

El segundo mecanismo es la forma incompleta. Sennett propone construir tipos que puedan transformarse, como las casas ampliables de la vivienda incremental o los edificios de estructura flexible, y planificar por semillas en lugar de por plan maestro: intervenciones pequeñas que se propagan si funcionan. Su crítica se dirige a las ciudades inteligentes de nueva planta como Songdo, en Corea, o Masdar, en Abu Dabi, donde todo está resuelto de antemano y los habitantes se convierten en usuarios de un sistema que no pueden modificar. Frente a esa ciudad prescriptiva, defiende la tecnología que coordina, como los sistemas de transporte en tiempo real, sin decidir por la gente.

Tolerancia practicada: la plaza como escuela de convivencia

El tercer mecanismo es la tolerancia practicada. En la plaza, la persona que espera, la que conversa y la que atraviesa aprenden a compartir presencia con quienes tienen ritmos y costumbres distintos, y esa convivencia sin intimidad es, para Sennett, la escuela de la ciudadanía democrática. Su trabajo con Medellín, donde las bibliotecas y el metrocable conectaron las comunas con el centro, y su lectura de Jane Jacobs, a quien reprocha haber preferido el barrio a la escala metropolitana, muestran que la apertura exige diseño: escaleras, bancos, esquinas y umbrales que inviten a detenerse junto a extraños.

La lección de Sennett es que cerrar la ciudad para evitar el conflicto elimina también lo que la hace valiosa. Una ciudad de recintos, algoritmos y funciones separadas produce seguridad y comodidad a costa de la capacidad de convivir con lo distinto, y esa capacidad no se enseña en abstracto: se practica en calles y plazas donde la diferencia está presente. Abrir el espacio público, con bordes porosos, formas incompletas y usos mezclados, es la forma en que el diseño urbano contribuye a una sociedad capaz de vivir con desconocidos.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la ciudad abierta según Richard Sennett?

Es una ciudad diseñada para el encuentro con desconocidos y para lo inesperado, con bordes porosos, formas incompletas y usos mezclados que dejan margen a relaciones no previstas por el plano, frente a la ciudad cerrada de recintos controlados, funciones separadas y formas acabadas que evitan la diferencia.

¿Qué diferencia hay entre ville y cité?

La ville es la ciudad construida, calles, edificios e infraestructuras, y la cité la ciudad vivida, las prácticas y relaciones de sus habitantes; Sennett critica al urbanismo que intenta que la primera determine a la segunda y propone diseñar para que la vida urbana pueda modificar la forma.

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