Puntos clave
- Fainstein juzga las políticas urbanas por sus resultados en equidad, diversidad y democracia, no por el crecimiento.
- Cuando los criterios chocan, la equidad prevalece: los beneficios deben favorecer a quienes menos tienen.
- Ámsterdam es su ciudad más justa por su vivienda social y suelo público; Nueva York y Londres fallan en equidad.
La ciudad justa es el criterio que la politóloga Susan Fainstein, profesora en Harvard y antes en Columbia, propone en The Just City (2010) para evaluar las políticas urbanas: una decisión es buena no porque aumente el crecimiento o la eficiencia, sino porque hace la ciudad más equitativa, más diversa y más democrática. Fainstein escribe contra dos tradiciones. Frente al urbanismo empresarial que mide el éxito en inversión atraída, reclama juzgar los resultados por quién gana y quién pierde. Frente a la planificación comunicativa que confía en el proceso participativo, advierte que un buen proceso puede producir resultados injustos, y que lo que importa es el resultado.
Equidad, diversidad y democracia: los tres criterios de Fainstein
El libro parte de la filosofía política. De John Rawls toma la idea de que una sociedad justa es la que maximiza la posición de los peor situados; de Martha Nussbaum y Amartya Sen, el enfoque de las capacidades, según el cual la justicia consiste en garantizar que cada persona pueda desarrollar una vida digna; de Iris Marion Young, la crítica a la opresión y la exigencia de reconocimiento de los grupos. Con esas fuentes construye tres criterios operativos. Equidad: que los beneficios de las políticas favorezcan a quienes menos tienen. Diversidad: que la ciudad acoja distintos grupos sin segregarlos. Democracia: que las decisiones incluyan a los afectados.
Nueva York, Londres y Ámsterdam evaluadas con la ciudad justa
Fainstein aplica esos criterios a tres ciudades. Nueva York, con sus grandes proyectos de la era Bloomberg, puntúa alto en diversidad y bajo en equidad: el crecimiento benefició a promotores y profesionales mientras la vivienda asequible se redujo. Londres, con la regeneración de los Docklands y los Juegos Olímpicos, combina inversión pública considerable con desplazamiento de comunidades. Ámsterdam es su caso más justo: un parque de vivienda social que llegó a superar la mitad del total, suelo en manos públicas, transporte y equipamientos de calidad en toda la ciudad, aunque advierte de la erosión de ese modelo desde los años noventa.
Propuestas concretas para una planificación justa
De ahí saca propuestas concretas para planificadores. Que todo proyecto de vivienda nueva incluya unidades asequibles para el tramo bajo de renta. Que la vivienda pública no se demuela sin sustitución en el mismo lugar y con derecho de retorno. Que la reubicación forzosa sea el último recurso y con compensación plena. Que los grandes proyectos generen empleo para los residentes de los barrios afectados. Que los planes preserven la mezcla de usos y de tipos de vivienda en lugar de zonificar por renta. Y que los organismos que deciden incluyan representantes de las comunidades, con información y recursos para participar en igualdad.
El debate con la planificación comunicativa
El argumento de Fainstein contra el énfasis exclusivo en el proceso es su aportación más discutida. Sostiene que la planificación comunicativa de Healey o Forester, al centrarse en la calidad del diálogo, deja sin criterio para juzgar el resultado, y que en contextos de desigualdad el consenso suele favorecer a quien tiene más poder. Sus críticos responden que sin proceso democrático no hay legitimidad para imponer criterios de justicia, y que la propia Fainstein reconoce la democracia como uno de sus tres valores. El debate ha enriquecido la teoría de la planificación, que hoy tiende a exigir ambas cosas.
La ciudad justa se ha convertido en marco de referencia para evaluar políticas urbanas más allá de la academia. Ayuntamientos y organizaciones utilizan sus tres criterios para revisar planes, y su defensa de la equidad como prioridad cuando entra en conflicto con diversidad o democracia ofrece una regla clara en decisiones difíciles. Fainstein no promete una ciudad perfecta, sino un instrumento para preguntar, ante cada proyecto, a quién beneficia, a quién excluye y quién ha decidido. Esa pregunta, sostiene, es el principio de cualquier urbanismo que quiera llamarse justo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la ciudad justa según Susan Fainstein?
Es un marco para evaluar políticas urbanas por tres criterios: equidad, que los beneficios favorezcan a quienes menos tienen; diversidad, que la ciudad acoja distintos grupos sin segregarlos; y democracia, que las decisiones incluyan a los afectados, con la equidad como prioridad en caso de conflicto.
¿Qué propone Fainstein para la planificación urbana?
Vivienda asequible en todo proyecto nuevo, no demoler vivienda pública sin sustitución y derecho de retorno, reubicación forzosa solo como último recurso con compensación plena, empleo local en los grandes proyectos y participación con recursos de las comunidades afectadas.