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Calle y movilidad

Salud pública urbana: políticas para ciudades saludables y justas

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Puntos clave

  1. El código postal predice la esperanza de vida mejor que el código genético, según la Comisión de la OMS de 2008.
  2. Satterthwaite: la mortalidad en los asentamientos informales se debe a falta de saneamiento, no de hospitales.
  3. Las supermanzanas completas de Barcelona evitarían unas 667 muertes prematuras al año, según ISGlobal.

Las políticas de salud pública urbana son las decisiones sobre aire, agua, vivienda, transporte, espacio verde y servicios sanitarios que determinan cuánto y cómo viven los habitantes de una ciudad, y su premisa, establecida desde las reformas sanitarias del siglo XIX, es que la salud se produce sobre todo fuera del hospital. Dos autores han conectado esa tradición con la justicia: David Satterthwaite, investigador del Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo de Londres, que documentó durante cuatro décadas la salud ambiental en las ciudades del Sur global, y Julian Agyeman, profesor de la Universidad Tufts, que formuló las sostenibilidades justas para unir la agenda ambiental con la equidad. Ambos sostienen que las desigualdades de salud entre barrios son la consecuencia más medible de las desigualdades urbanas.

De Chadwick y Snow a la OMS: la salud se produce en la ciudad

La historia lo confirma. El informe de Edwin Chadwick de 1842 sobre las condiciones sanitarias de los trabajadores británicos y el mapa del cólera de John Snow en el Soho de 1854 fundaron la salud pública como intervención urbana: alcantarillado, agua potable, vivienda ventilada, y una ley de salud pública en 1848. Un siglo y medio después, la Organización Mundial de la Salud recuperó ese vínculo con la red de Ciudades Saludables de 1986 y con la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud de 2008, que concluyó que el código postal predice la esperanza de vida mejor que el código genético. En Londres, la diferencia entre estaciones de metro vecinas llega a varios años de vida.

David Satterthwaite: saneamiento y atención primaria en los asentamientos

Satterthwaite aporta la evidencia del Sur. Sus estudios muestran que cerca de mil millones de personas viven en asentamientos informales sin agua segura, saneamiento ni recogida de residuos, y que la mortalidad infantil, las diarreas, las infecciones respiratorias y las lesiones se concentran allí por falta de infraestructura y no por falta de hospitales. Su propuesta es una salud pública que empieza por el saneamiento, la atención primaria en los barrios, los datos desagregados que hagan visibles a los asentamientos y la participación de las organizaciones de habitantes, como las federaciones de Slum Dwellers International con las que ha trabajado, en la planificación de servicios.

Julian Agyeman: aire, sostenibilidades justas y gentrificación verde

Agyeman sitúa el aire y el ambiente en el centro. La OMS estima que la contaminación del aire causa unos siete millones de muertes prematuras al año y que casi toda la población mundial respira aire que supera sus directrices de 2021, y esa carga se distribuye de forma injusta: los barrios pobres y racializados viven junto a autopistas, industrias y vertederos. Las sostenibilidades justas exigen que las políticas ambientales, zonas de bajas emisiones, renaturalización, transporte activo, se diseñen para reducir esa brecha y no para desplazarla, evitando la gentrificación verde que expulsa a quienes debían beneficiarse.

Supermanzanas, zonas de bajas emisiones y salud en todas las políticas

Las ciudades que han actuado muestran resultados. El estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona de 2019 estimó que el despliegue completo de las supermanzanas evitaría unas 667 muertes prematuras al año por menos contaminación, ruido y calor y más actividad física. La zona de ultrabajas emisiones de Londres redujo el dióxido de nitrógeno en el centro desde 2019. Las redes de atención primaria de barrio, los programas de vivienda saludable contra la humedad y el frío, y la inclusión de la salud en todas las políticas, del planeamiento al presupuesto, son las herramientas con que la salud pública urbana pasa de tratar enfermedades a evitar que se produzcan.

La lección de Satterthwaite y Agyeman es que una ciudad más saludable es una ciudad más justa, porque las mismas intervenciones, saneamiento universal, aire limpio, calles caminables, vivienda digna, verde de proximidad, reducen a la vez la enfermedad y la desigualdad. Las políticas de salud pública urbana no son competencia de los hospitales sino del urbanismo, y su medida de éxito es la diferencia de esperanza de vida entre el barrio que más vive y el que menos.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las políticas de salud pública urbana?

Son las decisiones sobre aire, agua, vivienda, transporte, espacio verde y servicios sanitarios que determinan cuánto y cómo viven los habitantes de una ciudad, con la premisa, establecida desde las reformas sanitarias del siglo XIX, de que la salud se produce sobre todo fuera del hospital.

¿Por qué la salud urbana es una cuestión de justicia?

Porque las desigualdades de salud entre barrios reflejan las desigualdades urbanas: los asentamientos sin saneamiento concentran la mortalidad infantil, los barrios pobres respiran el aire más contaminado y la esperanza de vida varía varios años entre estaciones de metro vecinas, como muestran Satterthwaite y Agyeman.

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