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Bent Flyvbjerg: por qué fracasan los megaproyectos

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Puntos clave

  1. Flyvbjerg: el poder define qué cuenta como conocimiento y en los conflictos abiertos gana quien tiene más poder, no mejores argumentos.
  2. Nueve de cada diez megaproyectos superan el presupuesto; la Ópera de Sídney costó catorce veces lo previsto.
  3. La previsión por clase de referencia estima a partir de proyectos similares, no de lo que promete el promotor.

Los megaproyectos fracasan a pesar de un plan racional porque el plan nunca es solo racional: un plano llega a la reunión con cifras, plazos y flechas y parece neutral, y luego entra el poder. Bent Flyvbjerg, profesor de la Universidad de Oxford y de la IT University de Copenhague, ha dedicado su carrera a esa pregunta, desde Rationality and Power (1998), su estudio de la planificación en la ciudad danesa de Aalborg, hasta Megaprojects and Risk (2003) y How Big Things Get Done (2023).

Su tesis es que las decisiones presentadas como técnicas están atravesadas por intereses, conflictos y actores con capacidades desiguales, y que la ley de hierro de los megaproyectos, sobre presupuesto, fuera de plazo y con menos beneficios de lo prometido, una y otra vez, se explica por esa mezcla de poder y engaño más que por errores de cálculo.

Aalborg: cómo el poder desmontó un plan racional

Aalborg fue el primer caso. Flyvbjerg siguió durante años un plan de centro urbano diseñado para reducir el tráfico y mejorar el espacio público, técnicamente sólido y aprobado con consenso, y observó cómo la cámara de comercio, la policía y los intereses del automóvil lo desmontaron pieza a pieza en negociaciones informales hasta dejar un plan que producía lo contrario de lo previsto. Su conclusión, formulada como proposiciones sobre la relación entre racionalidad y poder, es que el poder define qué cuenta como conocimiento, que la racionalidad es la estrategia de los débiles y que en los conflictos abiertos gana quien tiene más poder, no quien tiene mejores argumentos. La planificación es práctica técnica y política a la vez.

Ciencia social fronética: valores, poder y consecuencias

Su enfoque, la ciencia social fronética, toma de Aristóteles la phronesis, la sabiduría práctica, y estudia decisiones concretas preguntando qué está en juego, quién tiene capacidad de influir, qué argumentos adquieren autoridad y quién gana y pierde con el resultado. Frente a la ciencia social que imita a la física buscando leyes generales, Flyvbjerg defiende el estudio de caso y la pregunta por los valores y el poder, y ha aplicado ese método a los mayores proyectos del mundo: puentes, túneles, presas, aeropuertos, ferrocarriles y olimpiadas.

La ley de hierro: sesgo de optimismo y tergiversación estratégica

Los datos confirman la ley de hierro. Su base de más de dieciséis mil proyectos en 136 países muestra que nueve de cada diez superan el presupuesto, que los sobrecostes medios van del 20 % en carreteras a más del 90 % en presas y ferrocarriles y que la Ópera de Sídney costó catorce veces lo previsto. Flyvbjerg identifica dos causas: el sesgo de optimismo, la tendencia humana a subestimar costes y plazos, y la tergiversación estratégica, la mentira deliberada de promotores y políticos que presentan estimaciones bajas para que el proyecto se apruebe, sabiendo que una vez iniciado nadie lo parará. El aeropuerto de Berlín, con nueve años de retraso, o el Big Dig de Boston son los ejemplos.

Remedios: clase de referencia, responsabilidad, pensar despacio y modularizar

Sus remedios son concretos. La previsión por clase de referencia, que estima costes y plazos a partir de lo que ocurrió en proyectos similares y no de lo que promete el promotor, y que el Reino Unido y Dinamarca han incorporado a sus evaluaciones. La responsabilidad: quien estima debe responder de sus estimaciones. Y en How Big Things Get Done, pensar despacio y actuar rápido, planificar a fondo con modelos y prototipos antes de construir, y modularizar, dividir los proyectos en piezas repetibles como hacen los parques solares o los pabellones prefabricados. Sus críticos señalan que el método puede desincentivar proyectos necesarios; él responde que lo que desincentiva es mentir sobre ellos.

La lección de Flyvbjerg es que un megaproyecto no fracasa cuando los cálculos fallan sino cuando el poder decide antes que el cálculo y usa el lenguaje técnico para ocultarlo. Preguntar quién define el problema, quién gana con la respuesta y qué riesgos se minimizaron es tan necesario como revisar las cifras, y una planificación que lo hace produce menos catedrales en el desierto y más obras que cumplen lo prometido. La racionalidad, en su lectura, no basta para gobernar; pero sin ella el poder gobierna solo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué fracasan los megaproyectos según Flyvbjerg?

Por la combinación del sesgo de optimismo, que lleva a subestimar costes y plazos, y la tergiversación estratégica, la presentación deliberada de estimaciones bajas por promotores y políticos para lograr la aprobación, de modo que nueve de cada diez proyectos superan el presupuesto y muchos rinden menos de lo prometido.

¿Qué mostró el caso de Aalborg?

Que un plan de centro urbano técnicamente sólido y aprobado por consenso fue desmontado pieza a pieza por la cámara de comercio, la policía y los intereses del automóvil en negociaciones informales, lo que llevó a Flyvbjerg a concluir que la racionalidad opera dentro de relaciones de poder y que el plan es el resultado provisional de una relación de fuerzas.

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