Puntos clave
- Los ojos de la piel (1996) sostiene que experimentamos la arquitectura con todo el cuerpo, no solo con la vista.
- El predominio visual de la arquitectura contemporánea empobrece la experiencia del espacio.
- El tacto —la frialdad del mármol, la calidez de la madera— es central y suele olvidarse.
Los ojos de la piel (The Eyes of the Skin: Architecture and the Senses, 1996), del arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa, es una reflexión sobre cómo experimentamos la arquitectura con todos los sentidos y no solo con la vista. En una cultura dominada por lo visual, Pallasmaa critica la tendencia de la arquitectura moderna a centrarse en la percepción visual y defiende una aproximación multisensorial que implique el tacto, el oído, el olfato y hasta el sentido del equilibrio. Solo así, sostiene, se crean espacios más humanos y con significado.
Contra el dominio de la vista
El predominio de la visión ha empobrecido la experiencia de los espacios. La arquitectura moderna, influida por la tecnología y por la representación gráfica —el render, la fotografía—, se ha concentrado en la estética visual y ha descuidado cómo los cuerpos interactúan de verdad con el entorno construido. Pallasmaa pide trascender lo visual y considerar cómo se sienten los edificios al tocarlos, cómo suenan los espacios que crean y qué olores y atmósferas producen, porque todo eso condiciona cómo las personas perciben y habitan un lugar.
El tacto: materiales y texturas
El tacto, el sentido más olvidado por la arquitectura moderna, es central en su argumento. Los materiales, las texturas y las superficies deciden nuestra experiencia del espacio: el frío del mármol o la calidez de la madera son sensaciones táctiles que afectan directamente a la relación con el entorno. Pallasmaa cita la arquitectura tradicional, donde materiales y escala humana se combinan para crear espacios acogedores y memorables, frente a muchas construcciones contemporáneas de superficies pulidas y frías que deshumanizan el ambiente.
Oído y olfato: lo que el espacio suena y huele
El oído también forma parte de la experiencia arquitectónica, aunque suela pasarse por alto. El sonido de los pasos sobre distintas superficies o el eco de una sala cambian la percepción de un espacio: los edificios no son solo estructuras visuales sino acústicas. La calidad del sonido —el silencio de una biblioteca, el bullicio contenido de un mercado cubierto— afecta a cómo nos sentimos y nos comportamos, y la arquitectura que atiende a esa dimensión produce entornos más ricos.
El olfato, menos evidente, es igual de significativo. Los olores evocan recuerdos y emociones profundas, y un edificio o un espacio urbano puede tener un aroma característico, por sus materiales o por el entorno natural que lo rodea: el de un jardín, la humedad de un edificio antiguo. Esos olores crean una atmósfera única y memorable, y sin embargo el olfato es otro de los sentidos relegados en la planificación arquitectónica moderna.
Pallasmaa defiende una aproximación más completa y humana a la arquitectura, que reconozca el peso de todos los sentidos en la experiencia del espacio. Su crítica a la primacía de lo visual invita a arquitectos y urbanistas a reconsiderar cómo sus diseños afectan a quienes los habitan: integrar tacto, oído, olfato y vista permite crear entornos que no solo sean funcionales y bonitos en la foto, sino profundamente humanos y emocionalmente significativos. Para la ciudad, la lección es que una calle también se toca, se oye y se huele.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata Los ojos de la piel de Pallasmaa?
Es un ensayo de 1996 sobre cómo experimentamos la arquitectura a través de todos los sentidos. Pallasmaa critica que la arquitectura moderna, influida por la representación gráfica y la tecnología, se haya centrado en la estética visual y haya olvidado cómo el cuerpo interactúa con el espacio construido.
¿Por qué el tacto importa en la arquitectura según Pallasmaa?
Porque los materiales, las texturas y las superficies producen sensaciones que nos conectan con el lugar: la frialdad del mármol o la calidez de la madera se sienten antes de pensarse. Para Pallasmaa el tacto es el sentido más olvidado por la arquitectura moderna y uno de los más decisivos.