Puntos clave
- La planificación posmoderna parte de que hay muchos públicos y muchos saberes; Sandercock la llama planificación insurgente.
- El ensamblaje entiende la ciudad como red contingente de personas, objetos y flujos en la que se interviene sin controlar el resultado.
- Brenner, Madden y Wachsmuth: el ensamblaje describe conexiones pero aplana el poder y no explica quién manda.
La planificación urbana posmoderna es el conjunto de enfoques que, desde los años ochenta, abandonaron la idea de un plan único, racional y centralizado para la ciudad y la sustituyeron por la atención a la diversidad, la participación y la complejidad de los procesos urbanos. Frente al planificador moderno que conocía el interés general y lo dibujaba desde arriba, la planificación posmoderna parte de que existen muchos públicos, muchos saberes y muchas ciudades dentro de la misma ciudad, y la pregunta que plantea es cómo planificar cuando ya no hay un punto de vista que pueda reclamar la verdad sobre el conjunto.
Sandercock, Healey y Flyvbjerg: planificar sin un punto de vista único
Leonie Sandercock dio la formulación más influyente en Hacia Cosmópolis (1998) y Cosmópolis II (2003). Su argumento es que la historia oficial de la planificación cuenta la epopeya del Estado racional y silencia a las comunidades, mujeres, migrantes, pueblos indígenas, que planificaron desde abajo, y que la ciudad del siglo XXI, multicultural por definición, exige una planificación insurgente que reconozca epistemologías múltiples, el conocimiento experiencial, la memoria y el relato junto al dato técnico. Patsy Healey propuso en paralelo la planificación colaborativa (1997), inspirada en Habermas, donde el plan es el resultado de una deliberación entre actores y no de un cálculo, y Bent Flyvbjerg mostró en su estudio de Aalborg (1998) que en la práctica la racionalidad se rinde ante el poder.
La teoría del ensamblaje: la ciudad como red contingente
La teoría del ensamblaje llevó el giro más lejos. A partir de Bruno Latour y Manuel DeLanda, Ignacio Farías y Thomas Bender propusieron en Urban Assemblages (2010) y Colin McFarlane en 2011 entender la ciudad no como una estructura sino como un ensamblaje de personas, objetos, infraestructuras, normas y flujos que se conectan de forma contingente; la planificación, en esa lectura, no diseña un orden sino que interviene en redes ya en marcha, aprende de lo que emerge y acepta que el resultado no está bajo su control. El urbanismo táctico, los usos temporales y la experimentación por prototipos son sus traducciones prácticas.
Brenner, Madden y Wachsmuth: el ensamblaje aplana el poder
La crítica llegó desde la teoría urbana crítica. Neil Brenner, David Madden y David Wachsmuth respondieron a McFarlane en 2011 que el ensamblaje, tomado como ontología, aplana las diferencias de poder: al poner en el mismo plano a un fondo de inversión y a un banco de la plaza, describe conexiones pero no explica quién manda ni por qué la ciudad se produce como se produce. Del mismo modo, David Harvey y otros han reprochado a la planificación posmoderna que celebre la diversidad mientras el mercado impone una uniformidad mayor que la de cualquier plan, y que la participación sin poder se convierta en un ritual que legitima decisiones ya tomadas.
El contraargumento: la humildad frente a los planes que destruyeron barrios
El contraargumento del enfoque posmoderno tiene fuerza: los planes racionales del siglo XX produjeron autopistas urbanas, polígonos y demoliciones que destruyeron barrios en nombre del interés general, y la humildad epistémica, escuchar a quien vive el lugar, aceptar la incertidumbre y planificar por pasos reversibles, ha evitado errores de esa escala. Sandercock y McFarlane no niegan el poder: sostienen que se combate mejor desde muchas voces y experimentos que desde un contraplan igual de totalizante.
La lección es que la planificación posmoderna acertó en el diagnóstico, no hay un solo público ni un solo saber, y sigue debiendo la respuesta a la pregunta del poder: quién decide cuando las voces no coinciden y el suelo tiene precio. La ciudad del futuro se construye probablemente con ambas cosas, la apertura a la complejidad y la diversidad que el giro posmoderno introdujo, y la capacidad de nombrar y limitar los intereses que, con plan o sin él, siguen moldeando la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la planificación urbana posmoderna?
El conjunto de enfoques que desde los años ochenta abandonaron el plan único, racional y centralizado para atender a la diversidad, la participación y la complejidad: la planificación insurgente de Sandercock, la colaborativa de Healey y la teoría del ensamblaje, que entiende la ciudad como red contingente de personas, objetos e infraestructuras.
¿Qué crítica recibe la teoría del ensamblaje en urbanismo?
Brenner, Madden y Wachsmuth sostienen que, tomada como ontología, pone en el mismo plano a un fondo de inversión y a un banco de la plaza, describe conexiones pero no explica quién manda ni por qué la ciudad se produce como se produce, y que la participación sin poder puede convertirse en un ritual.