Puntos clave
- Graham y Marvin: las infraestructuras que prometían integrar la ciudad se han desagregado y ahora la fragmentan.
- La fragmentación es resultado de decisiones de privatización y liberalización, no de accidentes técnicos.
- Surge una ciudad dual con enclaves premium bien conectados y barrios puenteados con servicios peores.
Splintering Urbanism (2001), de Stephen Graham y Simon Marvin, explica cómo las infraestructuras urbanas —transporte, telecomunicaciones, agua, energía— han dejado de integrar la ciudad para fragmentarla. El libro desafía la idea de las ciudades como entidades cohesionadas e interconectadas: las redes que sostienen el funcionamiento urbano no son uniformemente accesibles, y su diseño y su distribución reflejan y perpetúan las divisiones sociales y económicas. Es una de las obras de referencia sobre infraestructura y desigualdad en los estudios urbanos.
Fragmentación de la infraestructura urbana
El concepto central es la fragmentación, el splintering. Durante el siglo XX el ideal moderno fue la red universal: el mismo servicio, al mismo precio, para todos los habitantes de una ciudad. Con la globalización y la privatización de los servicios, ese ideal se rompió: las infraestructuras se convirtieron en herramientas para beneficiar a ciertas áreas o grupos en detrimento de otros, y surgieron ciudades fragmentadas donde el acceso al agua, la electricidad o el transporte varía según el estatus económico y la ubicación. Una autopista de peaje, una fibra que solo llega al distrito de negocios o un suministro premium para el enclave cerrado son ejemplos de redes desglosadas.
Decisiones, no accidentes
Graham y Marvin insisten en que la fragmentación no es accidental: es resultado de decisiones políticas y económicas. La privatización de los servicios públicos, la liberalización de los mercados y la introducción de tecnologías avanzadas han sido factores clave. Las áreas ricas, donde la inversión es más rentable, reciben infraestructuras de mayor calidad; las pobres quedan marginadas y sin servicios adecuados, lo que profundiza la desigualdad y limita la movilidad social de sus residentes. El operador privado conecta donde hay beneficio, y el Estado que se retira deja de garantizar el resto.
Efectos en la vida cotidiana
Los autores exploran también cómo esa fragmentación afecta a la vida cotidiana. La falta de servicios básicos de calidad tiene consecuencias en la salud, la educación y las oportunidades económicas: un barrio sin red de transporte eficiente limita el empleo y la formación de sus habitantes y agrava la segregación social. Las infraestructuras, lejos de ser neutrales, actúan como dispositivos que organizan la inclusión y la exclusión, y por eso Graham y Marvin piden estudiarlas como objetos políticos y no solo técnicos.
Polarización urbana y desigualdad
Otro aspecto relevante es la relación entre infraestructuras fragmentadas y polarización urbana. La ciudad dual es cada vez más común en las metrópolis globales: enclaves de alta tecnología y desarrollo conectados entre sí y con el mundo conviven con barrios marginados sin acceso a lo más básico, a veces a pocas calles de distancia. Esa polarización afecta a la cohesión social y genera tensiones y conflictos, y la planificación urbana debe abordarla si se quieren ciudades más inclusivas.
Splintering Urbanism ofrece una visión crítica de cómo las infraestructuras contribuyen a la fragmentación social y económica de las ciudades contemporáneas: en lugar de unirlas, las redes mal planificadas o desigualmente distribuidas refuerzan las desigualdades existentes. Al mostrar cómo la privatización y la globalización han conducido a ese resultado, los autores plantean la necesidad de replantear el desarrollo urbano para crear entornos más justos y accesibles, y dejan una pregunta útil para cualquier proyecto de infraestructura: a quién conecta y a quién deja fuera.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el urbanismo astillado o Splintering Urbanism?
La tesis de Stephen Graham y Simon Marvin (2001) de que las redes de transporte, telecomunicaciones, agua y energía, que en la ciudad moderna prometían servir a todos por igual, se han desagregado y privatizado y ahora conectan enclaves privilegiados mientras puentean al resto de la ciudad.
¿Cómo contribuyen las infraestructuras a la desigualdad?
Porque su acceso ya no es uniforme: los espacios de red premium, torres, urbanizaciones cerradas, autopistas de peaje, reciben la mejor conexión y los barrios que no rinden quedan con servicios intermitentes, lo que afecta a la salud, la educación y el empleo de sus habitantes.