Puntos clave
- Ealham muestra que la segregación entre Eixample y barrios obreros creó las condiciones del conflicto y el conflicto reescribió el mapa.
- Vía Laietana, la Exposición de 1929 y el mito del Barrio Chino fueron orden público disfrazado de urbanismo.
- La revolución de 1936 intentó invertir cuarenta años de geografía de clase y 1939 restauró el orden anterior.
La Barcelona de la lucha de clases entre 1898 y 1937 es el objeto de la obra del historiador británico Chris Ealham, que en La lucha por Barcelona: clase, cultura y conflicto 1898-1937 (2005) y en Anarchism and the City (2010) reconstruyó cómo la ciudad industrial más conflictiva de Europa produjo el movimiento anarcosindicalista más poderoso del mundo y cómo ese movimiento produjo, a su vez, una ciudad propia. Su tesis es que la geografía urbana y la lucha social se hicieron mutuamente: la segregación de clase del Eixample y los barrios obreros creó las condiciones del conflicto, y el conflicto, huelgas, motines, ocupaciones, reescribió el mapa de la ciudad.
Dos ciudades: el Eixample burgués y los barrios obreros
Ealham parte de la ciudad dividida que la industrialización dejó a finales del siglo XIX. La burguesía se instaló en el Eixample de Cerdà, convertido en escaparate de la ciudad moderna, mientras los trabajadores se hacinaban en el Raval, la Barceloneta, Poble Sec y las barriadas de barracas de Montjuïc y las playas, con densidades y mortalidad entre las peores de Europa. Esa distancia física fue también cultural: dos ciudades con lenguas, ocios y morales distintas que solo se encontraban en la fábrica y en la calle. Ealham muestra que la clase obrera barcelonesa construyó una cultura propia, ateneos, escuelas racionalistas, cooperativas, prensa, que hizo posible la organización de la CNT en 1910.
De la Semana Trágica a la huelga de alquileres de 1931
El libro sigue las grandes explosiones. La Semana Trágica de 1909, cuando la protesta contra el reclutamiento para Marruecos se convirtió en insurrección y quema de conventos. La huelga de La Canadiense de 1919, que paralizó la ciudad y arrancó la jornada de ocho horas. Los años del pistolerismo, entre 1919 y 1923, cuando patronos, policía y sindicatos se mataban en las calles. Y la huelga de alquileres de 1931, en la que decenas de miles de familias dejaron de pagar y la CNT organizó la resistencia a los desahucios. Ealham lee cada episodio como disputa por el control del espacio: quién manda en la calle, en el barrio, en el puerto.
Orden público como urbanismo: Vía Laietana, Montjuïc y el Barrio Chino
Su aportación más original es el análisis del orden público como urbanismo. Las autoridades trataron la ciudad obrera como territorio a conquistar: la apertura de la Vía Laietana en 1908 derribó barrios enteros del casco antiguo con el argumento de la higiene y la circulación, la Exposición de 1929 expulsó a los barraquistas de Montjuïc y la policía patrullaba el Raval como zona enemiga. Ealham muestra que el discurso sobre el Barrio Chino, inventado por periodistas en los años veinte, sirvió para criminalizar a todo el Raval y justificar su vigilancia. La clase obrera respondió apropiándose de la calle, con manifestaciones, piquetes y una sociabilidad de bar y esquina que la burguesía consideraba desorden.
La revolución de 1936 y el fin de la ciudad obrera
La Revolución de julio de 1936 es el desenlace. Tras derrotar el golpe militar, los sindicatos tomaron la ciudad: fábricas colectivizadas, hoteles convertidos en comedores, iglesias en almacenes, el Ritz en cantina popular. Ealham describe esa Barcelona revolucionaria como el intento de invertir la geografía de clase de cuarenta años, y también sus límites: la reconstrucción del Estado republicano y los hechos de mayo de 1937 devolvieron el control a las instituciones, y la victoria franquista de 1939 restauró el orden anterior con una represión que borró la memoria de la ciudad obrera durante décadas.
Para los estudios urbanos, Ealham ofrece un modelo de cómo escribir la historia de una ciudad desde abajo, combinando la geografía social, la cultura popular y el conflicto político. Su Barcelona es la prueba de que la forma urbana no es un telón de fondo sino un arma: quien diseña calles, derriba barrios o patrulla plazas está haciendo política de clase, y quienes ocupan la calle lo saben. Esa lectura sigue viva en la Barcelona actual, donde las disputas por la vivienda, el turismo y el espacio público reproducen, con otros actores, la geografía de la lucha que Ealham reconstruyó.
Preguntas frecuentes
¿Qué sostiene Chris Ealham sobre Barcelona?
Que entre 1898 y 1937 la geografía urbana y la lucha de clases se hicieron mutuamente: la ciudad dividida entre el Eixample burgués y los barrios obreros produjo el anarcosindicalismo, y sus huelgas, motines y ocupaciones disputaron el control de calles, barrios y puerto.
¿Qué fue la huelga de alquileres de Barcelona de 1931?
Fue un movimiento en que decenas de miles de familias obreras dejaron de pagar el alquiler, organizado por la CNT, que resistió los desahucios y convirtió la vivienda en terreno central de la lucha social barcelonesa.