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Forma urbana

David Foster: Buenos Aires como escenario cultural y político

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Puntos clave

  1. Foster: la literatura, el cine y el tango no reflejan Buenos Aires sino que la interpretan y la discuten.
  2. La Plaza de Mayo se define por quién la ocupa: Evita, las Madres desde 1977, los cacerolazos.
  3. La gentrificación de San Telmo y Palermo y Puerto Madero confirman que la ciudad se disputa en la calle y en la cultura.

Buenos Aires como escenario cultural y político es el objeto de Buenos Aires: Perspectives on the City and Cultural Production (1998), el libro en que David William Foster (1940-2020), profesor de literatura latinoamericana en la Universidad Estatal de Arizona, leyó la capital argentina como un texto: una ciudad que se produce en la literatura, el cine, el teatro, el tango y la protesta tanto como en el trazado de sus calles, y cuya identidad se ha disputado en la Plaza de Mayo, en los cafés, en los barrios y en las pantallas.

Su tesis es que Buenos Aires, la metrópolis más europea de América Latina y una de las más cosmopolitas del mundo en el siglo XX, se entiende mejor a través de las obras que la representan, porque esas obras no reflejan la ciudad sino que la interpretan y la discuten.

Borges, Arlt, Cortázar y Puig: la ciudad escrita

Foster parte de la literatura. Jorge Luis Borges convirtió los arrabales, las esquinas rosadas y los compadritos de los años veinte en mitología urbana, y Julio Cortázar hizo de la ciudad un laberinto de encuentros y desapariciones; Roberto Arlt retrató la Buenos Aires de los inmigrantes, los inventores y los estafadores, y Manuel Puig las culturas populares del cine y el folletín. Foster muestra que esa producción literaria no solo describe la vida urbana sino que funciona como crítica y reflexión sobre las desigualdades y las transformaciones que la ciudad atraviesa, y que cada barrio, San Telmo, La Boca, Palermo, Barrio Norte, lleva una carga simbólica que la literatura fijó.

Cine, teatro y tango: la ciudad representada

El cine y el teatro completan el cuadro. Foster analiza cómo el cine argentino de la primera mitad del siglo XX, y después directores como Leopoldo Torre Nilsson y María Luisa Bemberg, consolidaron la imagen de Buenos Aires como metrópolis moderna, cosmopolita e influida por Europa, con barrios que representan clases sociales y tensiones entre modernidad y tradición; el teatro independiente y el tango, de Gardel a Piazzolla, dieron a la ciudad una voz propia. Esas representaciones, sostiene, han sido fundamentales para entender cómo la ciudad se ve a sí misma y cómo es percibida desde fuera, y por eso forman parte del espacio urbano tanto como sus edificios.

Evita, las Madres y las minorías: la ciudad ocupada

La política es la tercera dimensión. Foster dedica capítulos a Evita y al peronismo como fenómeno urbano de masas, a las Madres de Plaza de Mayo, que desde 1977 convirtieron la plaza fundacional en el lugar de la memoria de los desaparecidos, y a las culturas judía y homosexual de la ciudad, que produjeron sus propios espacios y sus propias narrativas frente a la exclusión. Su lectura muestra que el espacio público porteño se ha definido por quién lo ocupa, la marcha, la ronda, el cacerolazo, y que la dictadura de 1976 a 1983 intentó vaciarlo con el terror mientras la cultura lo mantenía vivo.

De Sarlo y Gorelik a Puerto Madero y San Telmo: la tesis confirmada

El libro dialoga con los estudios culturales latinoamericanos, con Beatriz Sarlo y su Buenos Aires de la modernidad periférica, y con Adrián Gorelik y la historia de la grilla y el parque, y ha sido leído como un modelo de cómo la producción cultural puede usarse para estudiar la ciudad. Desde su publicación, Buenos Aires ha vivido la crisis de 2001, la conversión de Puerto Madero en enclave de lujo, la gentrificación de San Telmo y Palermo impulsada por el turismo y las inversiones, y los cacerolazos y ocupaciones de plazas que confirmaron la tesis de Foster: la ciudad se produce en la calle y en la cultura, y ambas se disputan.

La lección de Foster es que una ciudad no se conoce solo por sus planos sino por lo que sus habitantes han escrito, filmado, cantado y gritado sobre ella, y que esa producción cultural es un archivo de sus conflictos y una fuerza que los transforma. Para el urbanismo, Buenos Aires muestra que el espacio público es un escenario donde la política y la cultura se representan, y que planificar una ciudad sin leer sus textos es planificar un decorado sin obra.

Preguntas frecuentes

¿Qué analiza David Foster en Buenos Aires: Perspectives on the City and Cultural Production?

Cómo la capital argentina se produce en la literatura de Borges, Arlt, Cortázar y Puig, en el cine de Torre Nilsson y Bemberg, en el teatro y el tango, y en la política de Evita, las Madres de Plaza de Mayo y las culturas judía y homosexual, de modo que la ciudad se entiende a través de las obras que la representan y la disputan.

¿Por qué la producción cultural sirve para estudiar la ciudad?

Porque, según Foster, es un archivo de sus conflictos y una fuerza que los transforma: cada barrio lleva una carga simbólica que la literatura fijó, el espacio público se define por quién lo ocupa y planificar una ciudad sin leer sus textos es planificar un decorado sin obra.

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