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Forma urbana

Descolonización del patrimonio urbano: estatuas, calles y memoria

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Puntos clave

  1. Zukin: el patrimonio es una selección de las élites que fija una versión del pasado para legitimar su poder.
  2. Mbembe: descolonizar no es solo retirar estatuas sino desmontar las jerarquías de conocimiento, propiedad y memoria.
  3. Retirar, recontextualizar y renombrar son las prácticas; quién decide la memoria urbana es la cuestión de fondo.

La descolonización del patrimonio urbano es el proceso por el que las ciudades revisan qué monumentos, nombres de calles, edificios y relatos heredados del colonialismo siguen ocupando su espacio público, y deciden retirarlos, recontextualizarlos o sustituirlos por la memoria de quienes fueron colonizados. La cuestión estalló en 2015, cuando estudiantes de la Universidad de Ciudad del Cabo derribaron la estatua de Cecil Rhodes, y se hizo global en 2020, cuando manifestantes de Bristol arrojaron al puerto la del traficante de esclavos Edward Colston. Dos autores ayudan a entenderla: la socióloga Sharon Zukin, que explicó cómo el patrimonio sirve para controlar el significado del espacio, y el filósofo Achille Mbembe, que ha pensado la descolonización como tarea de las ciudades y las universidades.

Sharon Zukin: el patrimonio como selección de las élites

Zukin mostró en The Cultures of Cities (1995) que el patrimonio no es un legado neutral sino una selección: las élites deciden qué se conserva, qué se celebra y qué se demuele, y usan monumentos y edificios históricos para fijar una versión del pasado que legitima su poder presente. Las estatuas de conquistadores en las plazas latinoamericanas, los nombres de generales y virreyes en las calles, los edificios coloniales convertidos en hoteles de lujo son, en su lectura, instrumentos de una economía simbólica que decide a quién pertenece la ciudad. Descolonizar el patrimonio es disputar esa selección.

Achille Mbembe: necropolítica y descolonización más allá del gesto

Mbembe aporta el horizonte político. En Necropolítica (2003) describió cómo el poder colonial se ejerció decidiendo quién podía vivir y quién debía morir, y cómo esa lógica se inscribió en el espacio, en la ciudad dividida entre colonos y colonizados. En sus intervenciones tras Rhodes Must Fall sostuvo que descolonizar no es solo retirar estatuas sino desmontar las jerarquías de conocimiento, propiedad y memoria que las sostienen, y advirtió contra una descolonización reducida a gesto. La estatua que cae debe abrir una conversación sobre quién decide la memoria de la ciudad y con qué derechos.

Retirar, recontextualizar, renombrar: prácticas de Bristol a Ciudad de México

Las prácticas se han multiplicado y difieren. Retirada: Bristol, Ciudad del Cabo, las estatuas confederadas de Estados Unidos tras 2017 y 2020, la de Colón en Ciudad de México, sustituida en 2021 por una escultura dedicada a las mujeres indígenas. Recontextualización: placas y contramonumentos que explican quién fue el personaje y a costa de quién, como en Bruselas con Leopoldo II o en Lisboa con el debate sobre el memorial a las víctimas de la esclavitud. Renombramiento: calles dedicadas a resistentes, mujeres y comunidades colonizadas en Berlín, Madrid o Bogotá. Y nuevos patrimonios: la protección de barrios, mercados y usos populares que la conservación oficial ignoraba.

Límites, críticas y quién decide la memoria urbana

El debate tiene límites y críticas. Quienes defienden conservar alegan que borrar es olvidar y que la historia debe explicarse, no eliminarse; quienes piden retirar responden que una estatua en una plaza no explica sino honra, y que el museo es el lugar de la explicación. Zukin advierte además del riesgo de que la descolonización se convierta en otro producto de marketing urbano, con recorridos y placas que no cambian quién posee el espacio. Y Mbembe insiste en que la memoria descolonizada sin redistribución de suelo, vivienda y poder es una fachada.

Para el urbanismo, la descolonización del patrimonio plantea una pregunta operativa: quién participa en decidir qué se conserva y qué se celebra en el espacio público. Comisiones con historiadores y comunidades afectadas, procesos abiertos de renombramiento, presupuestos para memoriales de las víctimas y protección del patrimonio vivo de los barrios son las herramientas que ciudades de tres continentes han empezado a usar. La estatua es el síntoma; la propiedad de la memoria urbana es la cuestión de fondo.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la descolonización del patrimonio urbano?

Es el proceso por el que las ciudades revisan los monumentos, nombres de calles, edificios y relatos heredados del colonialismo y deciden retirarlos, recontextualizarlos o sustituirlos por la memoria de quienes fueron colonizados, como tras Rhodes Must Fall en 2015 o la caída de la estatua de Colston en 2020.

¿Qué se hace con los monumentos coloniales?

Retirarlos y trasladarlos a museos, como en Bristol o Ciudad de México; recontextualizarlos con placas y contramonumentos, como en Bruselas; renombrar calles en homenaje a resistentes y comunidades colonizadas; y proteger el patrimonio vivo de los barrios que la conservación oficial ignoraba.

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