Puntos clave
- Elsheshtawy: los megaproyectos de Dubái son una estrategia de marca para atraer capital y turismo en una economía que quería dejar el petróleo.
- Más del 85 % de la población es extranjera y quienes construyen las torres viven en campos de trabajo bajo el sistema kafala.
- La desigualdad entre élite y fuerza laboral no es efecto secundario del espectáculo sino su condición.
La espectacularización de Dubái es el objeto de Dubai: Behind an Urban Spectacle (2010), el libro en que Yasser Elsheshtawy, arquitecto egipcio y profesor durante años en la Universidad de los Emiratos Árabes Unidos, analizó cómo un pequeño puerto comercial del Golfo se convirtió en la metrópolis más extravagante del mundo y qué esconde esa imagen.
Su tesis es que los megaproyectos que definen Dubái, el Burj Khalifa, la torre más alta del planeta inaugurada en 2010, las islas artificiales de la Palmera y el Mundo, los centros comerciales con pista de esquí, son un espectáculo urbano deliberado, una estrategia de marca para atraer capital, turismo e inversión inmobiliaria en una economía que buscaba diversificarse más allá del petróleo, y que detrás de esa fachada existe otra ciudad, la de los trabajadores migrantes y los barrios antiguos, que la imagen oculta.
Del Creek a la marca: la genealogía del espectáculo
Elsheshtawy reconstruye la genealogía. Dubái creció en el siglo XX como puerto de comercio y contrabando en el Creek, con los barrios de Deira y Bur Dubai habitados por comerciantes iraníes, indios y árabes; el petróleo, descubierto en 1966 y siempre escaso comparado con el de Abu Dabi, financió la infraestructura inicial, y desde los años ochenta el emirato apostó por el comercio, la aviación, el turismo y las zonas francas. La espectacularización llegó en los años noventa y dos mil con el hotel Burj Al Arab, las palmeras artificiales y Dubai Marina, y el modelo consistió en vender la imagen antes que la ciudad: los renders precedían a los edificios y la marca a la realidad.
La otra Dubái: trabajadores migrantes, kafala y los barrios de Deira y Satwa
La otra Dubái es el centro del libro. Más del 85 % de la población es extranjera, y la mayoría de quienes construyen las torres son trabajadores del sur de Asia sometidos al sistema de patrocinio kafala, alojados en campos de trabajo en la periferia, con pasaportes retenidos y salarios que las organizaciones de derechos humanos han denunciado; Elsheshtawy documenta también los barrios de Satwa, Karama y Deira, donde esa población migrante produce una vida urbana cotidiana, mercados, calles, encuentros, que la ciudad espectacular ignora o demuele para hacer sitio a nuevos proyectos. La desigualdad entre la élite económica y la fuerza laboral, sostiene, no es un efecto secundario del espectáculo sino su condición.
La crisis de 2008, la Expo y la resiliencia del modelo
La crisis de 2008 y 2009 puso a prueba el modelo. El desplome inmobiliario dejó proyectos a medio construir, torres vacías y una deuda que Abu Dabi tuvo que rescatar, y Elsheshtawy, que escribía en ese momento, leyó la crisis como el límite de una ciudad construida sobre expectativas; la recuperación posterior, con la Expo 2020 celebrada en 2021 y una nueva ola de inversión extranjera, mostró la resiliencia del modelo y también su continuidad: más espectáculo, la misma dependencia del trabajo migrante y del capital externo. Su trabajo posterior sobre el urbanismo del Golfo ha seguido esa tensión entre imagen y vida cotidiana en Doha, Abu Dabi y Riad.
Críticas y propuesta: un urbanismo para la Dubái cotidiana
El libro dialoga con la crítica de la ciudad del espectáculo de Guy Debord y con los estudios sobre ciudades globales del Sur, y ha sido criticado por una lectura demasiado occidental que subestima la agencia de los planificadores emiratíes y el atractivo real de Dubái para millones de migrantes que eligen ir allí; Elsheshtawy responde que reconocer esa agencia no exime de mirar quién paga el espectáculo. Su propuesta es un urbanismo que atienda a la Dubái cotidiana, con espacios públicos para los trabajadores, protección de los barrios antiguos y derechos laborales, como base de una ciudad que no sea solo su imagen.
La lección de Elsheshtawy es que Dubái es el caso extremo de una tendencia global: la ciudad como marca que se vende con iconos mientras la vida que la sostiene queda fuera del encuadre. Mirar detrás del espectáculo, a los campos de trabajo, a los mercados de Deira, a las calles de Satwa, es la condición para entender la ciudad real y para preguntar, aquí y en cualquier metrópolis que compite por la atención global, quién construye el icono y quién puede vivir junto a él.
Preguntas frecuentes
¿Qué sostiene Yasser Elsheshtawy sobre Dubái?
Que el Burj Khalifa, las islas artificiales y los centros comerciales son un espectáculo urbano deliberado, una marca para atraer capital, turismo e inversión inmobiliaria más allá del petróleo, y que detrás de esa imagen existe otra ciudad, la de los trabajadores migrantes bajo el sistema kafala y los barrios antiguos de Deira y Satwa, que el espectáculo oculta o demuele.
¿Qué mostró la crisis de 2008 en Dubái?
Que una ciudad construida sobre expectativas tiene un límite: el desplome inmobiliario dejó torres vacías y una deuda rescatada por Abu Dabi, aunque la recuperación posterior con la Expo 2020 mostró la resiliencia del modelo y su continuidad, más espectáculo con la misma dependencia del trabajo migrante y del capital externo.