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Coaliciones de crecimiento: quién gana con el desarrollo urbano

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Puntos clave

  1. Logan y Molotch: quienes poseen suelo tienen interés común en el crecimiento porque cada inversión pública aumenta su renta.
  2. La promesa de empleo rara vez se cumple: el crecimiento atrae nuevos trabajadores y los ingresos fiscales apenas cubren los servicios que exige.
  3. Ante cada proyecto: quién posee el suelo que se revaloriza, quién paga los costes y quién decidió antes de anunciarlo.

Las coaliciones de crecimiento son las alianzas entre empresarios del suelo, políticos locales, medios de comunicación y otros actores con interés en que la ciudad crezca, y su estudio fundacional es Urban Fortunes: The Political Economy of Place (1987), de los sociólogos John Logan y Harvey Molotch. Su punto de partida es que la ciudad es una máquina de crecimiento: para quienes poseen suelo y edificios, cada nueva inversión, cada carretera, cada recalificación, cada gran evento, aumenta la renta que su propiedad puede producir, de modo que tienen un interés común en promover el crecimiento con independencia de sus efectos sobre quienes viven allí. La pregunta es cómo esa alianza consigue que sus intereses parezcan los de toda la ciudad.

Valor de uso frente a valor de cambio: quién forma la coalición

El mecanismo es la diferencia entre valor de uso y valor de cambio del lugar. Para los vecinos, el barrio vale por lo que permite hacer, vivir, trabajar, criar, encontrarse; para los propietarios y promotores, vale por lo que puede rendir al venderse o alquilarse, y ambos valores entran en conflicto cuando el crecimiento sube la renta que el segundo captura y el precio que el primero paga. Logan y Molotch muestran que la coalición se organiza alrededor del valor de cambio: los periódicos locales, que ganan lectores y anunciantes con una ciudad más grande, los bancos, las empresas de servicios, las universidades y los sindicatos de la construcción se suman a los promotores, y los políticos locales, cuya carrera depende de mostrar obras y empleo, se convierten en sus portavoces.

La promesa de empleo e ingresos y lo que el crecimiento reparte de verdad

La estrategia es presentar el crecimiento como bien común. Cada proyecto, un centro comercial, un estadio, un distrito de negocios, una torre de lujo, se defiende con la promesa de empleos e ingresos fiscales que beneficiarán a todos, y Logan y Molotch documentan que esa promesa rara vez se cumple: el crecimiento no reduce el desempleo local porque atrae a nuevos trabajadores, los ingresos fiscales apenas cubren los servicios que el crecimiento exige y los beneficios se concentran en quienes poseían el suelo. Mientras tanto, los vecinos de bajos ingresos son desplazados por la revalorización, y la participación democrática se vacía porque las decisiones se toman entre la coalición y el ayuntamiento antes de que lleguen al pleno.

Megaproyectos, regímenes urbanos y emprendedurismo: la vigencia de la teoría

La teoría explica mucho del urbanismo contemporáneo: los megaproyectos y los grandes eventos que las ciudades compiten por acoger, la subvención pública a promociones privadas en nombre del empleo, la prensa que celebra cada grúa y la dificultad de los movimientos vecinales para oponerse a algo que se presenta como progreso. Su influencia llega a la teoría de los regímenes urbanos de Clarence Stone y al estudio del emprendedurismo urbano de David Harvey, y su vigencia se comprueba en cada debate sobre un estadio, un puerto o una recalificación donde los mismos actores repiten las mismas promesas.

El contraargumento del crecimiento y las tres preguntas ante cada proyecto

El contraargumento es que el crecimiento produce beneficios reales, empleo en la construcción, vivienda nueva que sin promotores no existiría, ingresos que financian servicios, y que muchas coaliciones incluyen a sindicatos y comunidades que también ganan; además, ciudades que no crecen, como las de los cinturones industriales en declive, muestran que la ausencia de crecimiento tampoco es justa. Logan y Molotch responden que la cuestión no es crecer o no sino quién decide cómo y quién captura el valor, y que las ciudades con movimientos antimáquina, controles de crecimiento y participación real en la planificación han logrado un desarrollo que reparte mejor.

La lección de las coaliciones de crecimiento es que ante cada proyecto conviene preguntar tres cosas: quién posee el suelo que se revaloriza, quién paga los costes que el crecimiento genera y quién decidió antes de que se anunciara. Una ciudad donde esas preguntas se hacen en público tiene una máquina de crecimiento bajo control; una donde las responde la coalición en privado crece para sus miembros y llama a eso desarrollo.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una coalición de crecimiento?

La alianza entre empresarios del suelo, promotores, políticos locales, medios, bancos y otros actores con interés en que la ciudad crezca, descrita por John Logan y Harvey Molotch en Urban Fortunes; se organiza en torno al valor de cambio del lugar y presenta cada proyecto como un bien común aunque sus beneficios se concentren en quienes poseen el suelo.

¿Cumple el crecimiento urbano su promesa de empleo?

Según Logan y Molotch, rara vez: el crecimiento no reduce el desempleo local porque atrae a nuevos trabajadores, los ingresos fiscales apenas cubren los servicios que el crecimiento exige y los vecinos de bajos ingresos son desplazados por la revalorización que beneficia a los propietarios.

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