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Robert Beauregard: el declive urbano y las ciudades postindustriales

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Puntos clave

  1. Detroit pasó de 1,85 millones de habitantes en 1950 a unos 640.000 en 2020; San Luis y Cleveland perdieron más de la mitad.
  2. Beauregard: el relato del declive desplazó la culpa de las políticas a las víctimas y legitimó la renovación y el abandono.
  3. Estadios, casinos e incentivos produjeron islas de inversión; planificar la contracción, como Youngstown y Detroit, es la alternativa.

El declive urbano es la pérdida sostenida de población, empleo y actividad económica que sufrieron las ciudades industriales de Estados Unidos desde mediados del siglo XX, y Robert Beauregard, urbanista y profesor emérito de la Universidad de Columbia, es quien mejor ha explicado cómo ese declive fue a la vez un hecho y un discurso. En Voices of Decline: The Postwar Fate of U.S. Cities (1993, ampliado en 2003) analizó cómo la prensa, los políticos y los expertos hablaron de las ciudades durante medio siglo, y mostró que el relato del declive, con sus imágenes de abandono, crimen y decadencia, no solo describía lo que ocurría en Detroit o Cleveland sino que ayudaba a producirlo, justificando la huida a los suburbios y las políticas que la aceleraron.

Detroit, Cleveland, San Luis: los hechos del declive

Los hechos son contundentes. Detroit pasó de 1,85 millones de habitantes en 1950 a unos 640.000 en 2020; San Luis y Cleveland perdieron más de la mitad de su población en el mismo periodo; Pittsburgh, Buffalo y Youngstown vieron cerrar sus acerías y fábricas y vaciarse barrios enteros. Beauregard sitúa las causas en la desindustrialización, el traslado de empleo al sur y al extranjero, la suburbanización financiada por las autopistas y las hipotecas federales, y la segregación racial que convirtió a las ciudades centrales en lugares de pobreza negra rodeados de suburbios blancos. El declive, insiste, fue una decisión distribuida, no un destino.

Voices of Decline: el discurso que desplaza la culpa

Su aportación es el análisis del discurso. Beauregard leyó décadas de artículos, informes y discursos y encontró que el declive se narraba con ansiedad moral: la ciudad como enferma, como jungla, como fracaso, y sus habitantes como responsables de su suerte. Ese relato, muestra, sirvió para desplazar la culpa de las políticas a las víctimas, para legitimar la renovación urbana que demolió barrios en los años cincuenta y sesenta, y para justificar el abandono fiscal posterior. En When America Became Suburban (2006) completó el cuadro: el suburbio fue presentado como la solución natural mientras la ciudad se convertía en el problema.

Renovación, estadios y cultura: respuestas que no atacan las causas

Las respuestas al declive, en su análisis, han fracasado con frecuencia porque no atacan sus causas. La renovación urbana sustituyó barrios pobres por autopistas y torres; los incentivos fiscales y los estadios, casinos y centros de convenciones de los años ochenta y noventa produjeron islas de inversión en centros vacíos; y las estrategias de regeneración por la cultura y el turismo beneficiaron a sectores concretos mientras las comunidades más vulnerables seguían marginadas. Beauregard propone en su lugar aceptar la contracción como condición y planificar con ella, como intentaron Youngstown con su plan de 2010 y Detroit con Detroit Future City en 2012.

Ciudades menguantes, matices y el discurso del renacimiento

Su trabajo dialoga con la literatura sobre ciudades menguantes, de Karina Pallagst a la red europea Shrinking Cities, y con la crítica de la planificación de Thomas Campanella y Ananya Roy. También ha recibido matices: el declive es desigual dentro de cada ciudad, con centros que se recuperan mientras las periferias internas siguen vaciándose, y algunas ciudades del cinturón industrial, como Pittsburgh, han encontrado nuevas especializaciones en salud y universidades. Beauregard reconoce esas trayectorias y advierte contra el discurso opuesto, el del renacimiento, cuando oculta a quienes el renacimiento deja fuera.

La lección de Robert Beauregard es que las palabras con que se describe una ciudad forman parte de su destino. El discurso del declive convirtió la desindustrialización en culpa de las ciudades y justificó su abandono, y el discurso del renacimiento puede hacer lo mismo con los barrios que no encajan en él. Para el urbanismo, la tarea es describir con precisión qué ocurre, a quién y por qué decisiones, y planificar para quienes viven en la ciudad que existe, no para la que el relato promete o lamenta.

Preguntas frecuentes

¿Qué sostiene Robert Beauregard en Voices of Decline?

Que el declive de las ciudades industriales estadounidenses fue a la vez un hecho, causado por la desindustrialización, la suburbanización y la segregación, y un discurso que narró la ciudad como enferma y culpable, desplazando la responsabilidad de las políticas a sus habitantes y justificando la renovación urbana y el abandono fiscal.

¿Por qué fracasaron las respuestas al declive urbano?

Porque no atacaron las causas: la renovación urbana demolió barrios, los incentivos fiscales, estadios y casinos produjeron islas de inversión en centros vacíos y la regeneración cultural benefició a sectores concretos; Beauregard propone aceptar la contracción y planificar con ella, como Youngstown en 2010 y Detroit en 2012.

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