Puntos clave
- Corburn: el saber local no sustituye al técnico sino que lo corrige; en Brooklyn los modelos ignoraban que las familias comían pescado del río.
- La participación entra en la producción de la evidencia, no como consulta posterior a una solución decidida.
- Planificación y salud pública nacieron juntas en el siglo XIX y deben reunirse: Richmond incorporó un elemento de salud comunitaria en 2012.
La ciencia callejera es el nombre que el urbanista Jason Corburn, profesor de planificación y salud pública en la Universidad de California en Berkeley, dio en Street Science (2005) a la combinación del conocimiento técnico de los expertos con el saber local de las comunidades para decidir qué hace saludable a una ciudad. Un mapa técnico señala que un barrio tiene cierto problema ambiental; sus habitantes miran el mismo territorio y señalan lo que el mapa no registra, porque conocen horarios, recorridos, viviendas y exposiciones. La pregunta de Corburn es quién debe producir el conocimiento que orienta la planificación, y su respuesta no sustituye a los expertos por los vecinos sino que los pone a trabajar juntos para que la equidad en salud entre en el proceso desde el principio.
Greenpoint y Williamsburg: cuando el saber local corrigió los modelos
El libro nació en Brooklyn. Corburn estudió en los años noventa Greenpoint y Williamsburg, barrios latinos, polacos y judíos ortodoxos con incineradoras, plantas de residuos y una depuradora, donde las agencias ambientales calculaban riesgos con modelos estándar mientras los vecinos documentaban asma, pesca de subsistencia en el East River contaminado y exposición al plomo. Cuatro casos, la evaluación de riesgo por dieta de pescado, el asma infantil, la contaminación por plomo y el aire, mostraron que el conocimiento local corrigió los supuestos técnicos: los modelos asumían que nadie comía pescado del río y las familias lo hacían a diario. La ciencia callejera no era menos rigurosa sino más completa.
Tres pasos de la ciencia callejera: reconocer, incorporar, evaluar
El mecanismo tiene tres pasos. Primero se reconoce que las distintas formas de conocimiento observan partes distintas del problema: la medición técnica compara y organiza, la experiencia de los habitantes capta usos y condiciones cotidianas. Después se incorpora el saber comunitario a la producción misma de la evidencia, mediante investigación participativa, mapas colaborativos, recuentos vecinales y diagnósticos conjuntos, y no como consulta posterior a una solución ya decidida. Por último, la planificación evalúa opciones preguntando quién recibe los beneficios y quién soporta los riesgos. Corburn llama a ese proceso justicia ambiental practicada, porque la participación cambia qué se mide y para qué.
Toward the Healthy City: San Francisco y Richmond
En Toward the Healthy City (2009) extendió el enfoque a la planificación urbana. Su tesis es que la planificación y la salud pública nacieron juntas en el siglo XIX, se separaron durante el siglo XX y deben reunirse para abordar la desigualdad en salud, que se decide por vivienda, transporte, alimentación, espacio verde y contaminación más que por hospitales. Estudió San Francisco, donde el departamento de salud pública desarrolló evaluaciones de impacto en salud de los planes urbanísticos con los barrios, y Richmond, en California, una ciudad industrial junto a una refinería donde el plan general de 2012 incorporó por primera vez un elemento de salud comunitaria elaborado con los vecinos.
Influencia: evaluaciones de impacto en salud y cartografía comunitaria
Su trabajo dialoga con la justicia ambiental de Robert Bullard, con la investigación participativa basada en la comunidad y con la crítica del conocimiento experto de Sheila Jasanoff. Ha influido en las evaluaciones de impacto en salud que muchas ciudades exigen a sus planes, en los observatorios de equidad en salud de barrio y en los programas de mejora de asentamientos informales que Corburn asesora en Nairobi, Medellín o Río de Janeiro, donde la cartografía comunitaria de servicios y riesgos se ha convertido en base de la planificación. La objeción de que la participación mal diseñada no mejora las decisiones la acepta: la ciencia callejera exige método, no solo asambleas.
La lección de Corburn es que la sabiduría del barrio no es un complemento de la planificación sino una fuente de evidencia sin la cual las decisiones técnicas fallan, porque miden lo que no importa y omiten lo que daña. Una ciudad saludable y justa se planifica preguntando primero a quienes viven sus consecuencias qué debe observarse, y combinando su conocimiento con el técnico para decidir dónde se invierte, qué se prohíbe y a quién se protege. Convertir esa combinación en método es lo que transforma la planificación urbana en justicia social.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la ciencia callejera de Jason Corburn?
Es la combinación del conocimiento técnico de los expertos con el saber local de las comunidades para producir la evidencia que orienta la planificación de una ciudad saludable, mediante investigación participativa, mapas colaborativos y diagnósticos conjuntos que cambian qué se mide, para qué y a quién se protege.
¿Cómo transforma la sabiduría del barrio la planificación en justicia social?
Porque los habitantes conocen usos, exposiciones y condiciones cotidianas que las mediciones estándar omiten, y al incorporar ese conocimiento la planificación evalúa quién recibe los beneficios y quién soporta los riesgos, como mostraron los casos de asma, plomo y pesca de subsistencia en Brooklyn.