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Planeta de ciudades miseria de Mike Davis: la crisis urbana global

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Puntos clave

  1. Davis atribuye el crecimiento de los barrios miseria al ajuste estructural, la retirada del Estado y la urbanización sin empleo.
  2. Erradicación, titulación de propiedad y proyectos piloto de ONG no alcanzaron nunca la escala del problema.
  3. Roy y Angotti critican su mirada apocalíptica; el mejoramiento in situ muestra alternativas que el libro apenas ve.

Planeta de ciudades miseria (Planet of Slums, 2006) es el libro en que el historiador Mike Davis reunió los datos del informe de ONU-Hábitat de 2003 sobre los asentamientos informales y los convirtió en una acusación: más de mil millones de personas, una de cada seis, vivían ya entonces en barrios sin servicios, sin tenencia segura y sin empleo formal, y esa cifra crecía más deprisa que cualquier otra población del planeta. Davis sostiene que ese planeta de barrios miseria no es un accidente del crecimiento urbano sino el producto de decisiones concretas: el ajuste estructural de los años ochenta, la retirada del Estado y una urbanización sin industrialización que no ofrece a los recién llegados más que la supervivencia.

Urbanización sin industrialización y ajuste estructural

El argumento histórico es el núcleo del libro. En Europa y Norteamérica la urbanización del siglo XIX fue brutal pero vino acompañada de fábricas que absorbieron a los migrantes del campo. En África, Asia y buena parte de América Latina, la urbanización de las últimas décadas ocurre sin ese motor: la gente llega a las ciudades expulsada por la crisis agraria, las guerras y la sequía, no atraída por el empleo. Davis atribuye la aceleración a los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que recortaron el gasto público, liberalizaron el comercio agrícola y desmantelaron la industria local, produciendo lo que llama una humanidad sobrante confinada en las periferias.

Condiciones de vida en el planeta de barrios miseria

Davis dedica capítulos duros a las condiciones materiales. El hacinamiento en Kibera, Dharavi o Cité Soleil, la ausencia de saneamiento que convierte el excremento en el problema sanitario central, la ocupación de laderas inestables, vertederos y llanuras de inundación que expone a los pobres a cada desastre, y las economías informales donde el trabajo infantil, la venta ambulante y los talleres clandestinos sustituyen al empleo. Frente a la imagen del barrio pobre como semillero de emprendedores que popularizó Hernando de Soto, Davis responde que la informalidad es sobre todo competencia de los pobres contra los pobres por márgenes cada vez más pequeños.

Crítica de las respuestas: erradicación, titulación y ONG

El libro es también una crítica de las respuestas. Los programas de erradicación y realojo en bloques periféricos rompieron comunidades y produjeron nuevas ruinas. La titulación de propiedad prometida por De Soto benefició a especuladores y expulsó a inquilinos. Las ONG y los organismos internacionales, sostiene Davis, sustituyeron a un Estado que se retiraba con proyectos piloto que nunca alcanzaron la escala del problema. Y la religión, del pentecostalismo al islam político, ocupó el vacío político dejado por unos movimientos populares debilitados. Davis cierra con una advertencia sobre la militarización de la pobreza urbana, con los ejércitos preparándose para la guerra en las periferias.

Críticas al libro y alternativas desde abajo

Planeta de ciudades miseria ha sido tan influyente como discutido. Ananya Roy, Tom Angotti y otros le reprochan una mirada apocalíptica que reduce a los habitantes de los barrios a víctimas sin agencia, ignora la organización, la creatividad y las mejoras conseguidas desde abajo, y trata como un solo fenómeno realidades muy distintas. Los datos de ONU-Hábitat que Davis usó han sido revisados y las tendencias no son uniformes: la proporción de población urbana en asentamientos informales bajó entre 2000 y 2015 aunque el número absoluto siguió creciendo. Programas como el mejoramiento in situ de Medellín, Río o Bangkok muestran alternativas que el libro apenas contempla.

Aun con esas críticas, el libro sigue siendo la exposición más leída del problema. Su valor está en haber conectado la escala global con las causas políticas, y en haber recordado que la ciudad del siglo XXI es, para la mayoría de sus habitantes, un asentamiento autoconstruido. Enfrentar la crisis urbana global exige, en la lectura que se desprende de Davis y de sus críticos, seguridad de tenencia, servicios llevados a lo ya construido, empleo digno y un Estado que vuelva a los territorios de los que se retiró, con las comunidades como protagonistas y no como problema.

Preguntas frecuentes

¿Qué sostiene Mike Davis en Planeta de ciudades miseria?

Que más de mil millones de personas viven en asentamientos informales como resultado del ajuste estructural de los años ochenta, la retirada del Estado y una urbanización sin industrialización que solo ofrece supervivencia informal a quienes llegan a las ciudades.

¿Qué críticas ha recibido Planet of Slums?

Que reduce a los habitantes de los barrios a víctimas sin agencia, ignora la organización y las mejoras logradas desde abajo, unifica realidades muy distintas y usa datos de ONU-Hábitat que después se revisaron; la proporción en asentamientos informales bajó entre 2000 y 2015.

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