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Calle y movilidad

Judith Butler y la ciudad: performatividad de género en el espacio

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Puntos clave

  1. Para Butler el espacio público no es neutral: obliga a actuar el género de cierta manera y castiga la desviación.
  2. La interseccionalidad muestra que género, raza, clase y edad producen experiencias específicas de exclusión urbana.
  3. La asamblea de cuerpos en la plaza ejerce el derecho a aparecer que el espacio niega a los precarios.

La performatividad de género es el concepto con que la filósofa estadounidense Judith Butler explicó en El género en disputa (1990) que el género no es una esencia que se tiene sino una práctica que se hace: una repetición de gestos, posturas, ropas y palabras que, a fuerza de repetirse bajo normas sociales, produce la ilusión de una identidad natural. Aplicado a la ciudad, ese concepto cambia la pregunta de los estudios urbanos. Ya no se trata solo de cómo usan el espacio hombres y mujeres, sino de cómo el espacio, con sus normas, miradas y diseños, obliga a actuar el género de determinada manera y castiga a quien no lo hace.

El espacio público como escenario de las normas de género

Butler sostiene que el espacio público no es neutral. Calles, plazas, vestuarios, transporte o baños están organizados por normas de género y sexualidad que deciden qué cuerpos pueden estar, cómo deben moverse y a qué hora. Una mujer sola de noche, una pareja del mismo sexo que se toma de la mano, una persona trans en un baño segregado o un hombre que llora en el metro experimentan esas normas como miradas, comentarios o violencia. El espacio, en esta lectura, es un escenario donde cada cual realiza su género ante los demás y donde la desviación del guion tiene coste. La geografía feminista y queer, de Gill Valentine a Petra Doan, ha documentado ese coste barrio por barrio.

Cuerpos que importan e interseccionalidad urbana

En Cuerpos que importan (1993) y Vida precaria (2004) Butler añade que no todos los cuerpos cuentan igual: algunos son reconocidos como vidas dignas de protección y otros quedan fuera de ese reconocimiento. Esa idea conecta con la interseccionalidad formulada por Kimberlé Crenshaw en 1989: el género se vive de forma distinta según la raza, la clase, la edad, la discapacidad o la orientación sexual, y la exclusión urbana se acumula. La mujer migrante que limpia oficinas de madrugada, el joven negro parado por la policía o la persona mayor sin ascensor no sufren una discriminación sumada sino una experiencia específica del espacio que ninguna categoría aislada explica.

La asamblea performativa y el derecho a aparecer

En Cuerpos aliados y lucha política (2015) Butler lleva la performatividad a la plaza. Cuando cuerpos precarios se reúnen en público, en Tahrir, en Puerta del Sol, en las marchas de Ni Una Menos o en las protestas trans, no solo reclaman derechos: ejercen, con su simple presencia conjunta, el derecho a aparecer que se les niega. La asamblea es performativa porque produce lo que reclama. Para los estudios urbanos esto significa que el espacio público se define por quién puede aparecer en él, y que su calidad democrática se mide en la capacidad de acoger a los cuerpos que las normas expulsan.

Consecuencias para el urbanismo con perspectiva de género

Las consecuencias para el diseño y la planificación son concretas. El urbanismo con perspectiva de género, desarrollado desde Viena hasta el Col·lectiu Punt 6 de Barcelona, aplica estas ideas en auditorías de seguridad, iluminación, visibilidad, baños inclusivos, transporte en horarios de cuidado y espacios deportivos que no reserven la pista central a los chicos. La lectura de Butler añade una exigencia más: no basta con adaptar el espacio a dos géneros fijos, sino diseñarlo para que la diversidad de cuerpos e identidades pueda aparecer sin peligro, y revisar las normas, escritas o no, que deciden quién está fuera de lugar.

La aportación de Judith Butler a los estudios urbanos es un cambio de mirada: la ciudad no refleja el género, lo produce. Cada banco, cada cámara, cada horario de autobús y cada mirada en la calle forman parte de la coreografía que hace posible o imposible vivir el propio género con seguridad. Diseñar y gobernar la ciudad desde esa conciencia es la tarea que su obra plantea al urbanismo feminista y queer, y que ciudades de todo el mundo empiezan a asumir.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la performatividad de género según Judith Butler?

Es la idea, formulada en El género en disputa (1990), de que el género no es una esencia sino una práctica repetida de gestos, ropas y palabras bajo normas sociales; esa repetición produce la apariencia de una identidad natural.

¿Cómo se aplican las ideas de Butler al urbanismo?

En el urbanismo con perspectiva de género y queer: auditorías de seguridad e iluminación, baños inclusivos, transporte en horarios de cuidado, espacios deportivos no reservados a los chicos y diseño que permita a la diversidad de cuerpos aparecer sin peligro.

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