Puntos clave
- Darke: la ciudad zonificada y dependiente del coche da por supuesto que la mujer permanece en el barrio sin servicios.
- Fainstein sitúa la equidad de género como criterio para evaluar cualquier política urbana.
- Proximidad, seguridad percibida, transporte para viajes encadenados y vivienda con cuidado compartido son sus ejes.
El urbanismo feminista es la corriente de planificación y diseño urbano que parte de una constatación: las ciudades se han construido tomando como usuario tipo a un hombre adulto, sano, con coche y sin responsabilidades de cuidado, y por eso funcionan mal para todas las personas que no encajan en ese perfil. Su objetivo no es diseñar ciudades para mujeres, sino ciudades para la vida cotidiana de todos: quien cuida, quien camina, quien va con carrito o bastón, quien vuelve de noche. La socióloga británica Jane Darke resumió el diagnóstico en 1996 con una frase que se ha hecho célebre: nuestras ciudades son patriarcado escrito en piedra, ladrillo, vidrio y hormigón.
Jane Darke y la ciudad hecha a medida del hombre
Darke, en el capítulo The Man-Shaped City del libro Changing Places: Women's Lives in the City (1996), mostró cómo la separación de usos del urbanismo moderno, vivienda en un sitio, trabajo en otro, comercio en un tercero, dio por supuesta una división del trabajo: el hombre se desplaza al empleo y la mujer permanece en el barrio residencial, sin servicios ni transporte pensados para ella. Cuando las mujeres se incorporaron al empleo, esa geografía no cambió, y la doble jornada se convirtió también en doble desplazamiento. Las tareas de cuidado, llevar a los niños, comprar, acompañar a los mayores, exigen recorridos encadenados y cortos que la ciudad zonificada y dependiente del coche castiga.
Susan Fainstein: género, planificación y ciudad justa
Susan Fainstein, politóloga de Harvard y coeditora con Lisa Servon de Gender and Planning: A Reader (2005), llevó la cuestión a la teoría de la planificación. Su argumento es que la planificación no puede ser neutral porque sus criterios, eficiencia, crecimiento, movilidad, han sido definidos sin contar con la experiencia de las mujeres, y que incorporar el género exige cambiar qué se mide y quién decide. En The Just City (2010) sitúa la equidad como criterio prioritario para evaluar políticas urbanas, y el género es una de las dimensiones centrales de esa equidad. Dolores Hayden, Leslie Kern o el Col·lectiu Punt 6 de Barcelona completan una tradición que hoy tiene manuales, herramientas y ciudades de referencia.
Los cuatro ejes del urbanismo feminista
El urbanismo feminista trabaja sobre cuatro ejes. La proximidad: barrios con escuela, comercio, centro de salud y espacios de cuidado a distancia caminable, para que las tareas cotidianas no exijan coche. La seguridad percibida: iluminación, visibilidad, fachadas activas y ausencia de rincones ciegos, evaluadas mediante marchas exploratorias con mujeres del barrio. El transporte: frecuencias y rutas que sirvan a los viajes encadenados del cuidado, no solo al viaje pendular casa-trabajo, y accesibilidad para carritos y sillas. Y la vivienda: tipologías flexibles, espacios comunes para el cuidado compartido y ubicación cerca de los servicios.
Viena, Barcelona y Umeå: ejemplos de urbanismo con perspectiva de género
Viena es el caso más citado. Desde 1992 la ciudad aplica la perspectiva de género en su planificación bajo la dirección de Eva Kail: el conjunto Frauen-Werk-Stadt de 1997, diseñado por arquitectas con guardería, lavanderías y patios visibles desde las cocinas; parques rediseñados para que las niñas no queden fuera de las pistas ocupadas por los chicos; y aceras ensanchadas y cruces señalizados tras estudiar quién camina. Barcelona ha incorporado auditorías de género en sus supermanzanas, Umeå en Suecia construyó un túnel peatonal diseñado por mujeres para eliminar el miedo, y decenas de ciudades latinoamericanas aplican protocolos contra el acoso en el transporte público.
La aportación del urbanismo feminista trasciende el género. Una ciudad pensada para quien cuida es también mejor para niños, mayores, personas con discapacidad y cualquiera que camine, porque pone la vida cotidiana en el centro. Darke y Fainstein coinciden en que el cambio no es solo técnico sino político: exige que las mujeres y los grupos hasta ahora invisibles participen en las decisiones sobre la ciudad, y que la equidad se convierta en criterio de evaluación de cada plan y cada presupuesto.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el urbanismo feminista?
Es la corriente de planificación que diseña la ciudad a partir de la vida cotidiana y el trabajo de cuidados, en lugar de tomar como usuario tipo a un hombre adulto con coche; mejora la proximidad, la seguridad, el transporte y la vivienda para todas las personas.
¿Qué ejemplos hay de urbanismo con perspectiva de género?
Viena aplica la perspectiva de género desde 1992 con el conjunto Frauen-Werk-Stadt y parques rediseñados; Barcelona hace auditorías de género en sus supermanzanas; Umeå construyó un túnel peatonal diseñado por mujeres para eliminar el miedo.