Puntos clave
- Hanson: las mujeres trabajan más cerca de casa y aceptan peores empleos por el reparto desigual del cuidado.
- La movilidad del cuidado suma en torno a un tercio de los viajes de una ciudad y nadie la contaba.
- Frecuencias intermedias, tarifas por tiempo, acceso a nivel y seguridad nocturna son las correcciones clave.
La movilidad de las mujeres en las ciudades es distinta de la de los hombres en distancia, modo, horario y motivo, y el transporte urbano se ha planificado durante un siglo como si esa diferencia no existiera. Las mujeres hacen más viajes cortos y encadenados, más a pie y en autobús, más fuera de las horas punta y más acompañadas de niños, mayores o compra; los hombres hacen más viajes largos y directos entre casa y trabajo, más en coche. Dos investigadoras han convertido esa diferencia en objeto de planificación: la geógrafa estadounidense Susan Hanson, que la documentó desde los años ochenta, y la urbanista española Inés Sánchez de Madariaga, que la nombró con el concepto de movilidad del cuidado.
Susan Hanson: geografía de género, trabajo y restricción
Hanson mostró con encuestas en Worcester, Massachusetts, y después en muchas ciudades, que las mujeres trabajan más cerca de casa y aceptan peores empleos a cambio de proximidad porque necesitan estar disponibles para el cuidado. En Gender, Work, and Space (1995), con Geraldine Pratt, explicó que esa geografía no es una preferencia sino una restricción: el reparto desigual de las tareas domésticas fija a las mujeres a un radio corto, y el transporte diseñado para el viaje pendular largo las sirve mal. Su conclusión es que la movilidad es una cuestión de género antes que de ingeniería.
Inés Sánchez de Madariaga y la movilidad del cuidado
Sánchez de Madariaga dio el paso estadístico. Las encuestas de movilidad clasificaban los viajes por motivo, trabajo, estudios, compras, ocio, otros, y en ese otros desaparecían los desplazamientos para llevar a los niños, acompañar a un mayor al médico, hacer la compra diaria o gestionar trámites del hogar. Al agruparlos bajo una sola categoría, movilidad del cuidado, demostró que suponen en torno a un tercio de los viajes de una ciudad como Madrid, tantos como los de trabajo, y que los realizan sobre todo mujeres. Lo que no se cuenta no se planifica, y durante décadas el transporte se dimensionó para la mitad de los viajes.
Frecuencias, tarifas, accesibilidad y acoso: dónde falla el transporte
Las consecuencias son concretas. Las frecuencias caen a media mañana y a primera hora de la tarde, cuando se hacen los viajes de cuidado. Las tarifas por trayecto penalizan los viajes encadenados con paradas intermedias. Los autobuses y estaciones sin acceso a nivel dificultan subir con carrito o con una persona mayor. Y la seguridad condiciona cada decisión: la mayoría de las mujeres de ciudades latinoamericanas y europeas declara haber sufrido acoso en el transporte, y muchas evitan horarios, líneas y paradas, lo que reduce su acceso al empleo y a la ciudad. La inseguridad es, en términos de Hanson, una restricción más del radio.
Viena, Montreal, Bogotá: respuestas con perspectiva de género
Las respuestas se han multiplicado. Viena rediseñó paradas y frecuencias tras medir los viajes de cuidado. Montreal permite bajar del autobús entre paradas de noche a petición de la pasajera. Ciudad de México y Bogotá combinan vagones reservados, denuncia en aplicaciones y campañas contra el acoso, con debate sobre si la segregación protege o normaliza. Barcelona y Madrid han incorporado la movilidad del cuidado a sus encuestas y planes, y varias ciudades han pasado a tarifas por tiempo que permiten transbordos y paradas sin pagar de nuevo. Sánchez de Madariaga ha llevado el concepto a la agenda de ONU-Hábitat y de la Unión Europea.
La lección de Hanson y Sánchez de Madariaga es que planificar el transporte con perspectiva de género no es añadir un vagón sino cambiar qué se mide y para quién se diseña. Un sistema que atiende los viajes cortos, encadenados y a horas intermedias, accesible con carrito y seguro de noche, sirve mejor a las mujeres y también a mayores, niños, personas con discapacidad y a cualquiera que un día cuide de alguien. La movilidad del cuidado, una vez contada, resulta ser la movilidad de casi todos.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la movilidad del cuidado?
Es el concepto de Inés Sánchez de Madariaga que agrupa los viajes para llevar niños, acompañar a mayores, hacer la compra diaria o gestionar el hogar, dispersos antes en la categoría otros; suman en torno a un tercio de los viajes urbanos y los hacen sobre todo mujeres.
¿Cómo se planifica el transporte con perspectiva de género?
Midiendo los viajes de cuidado, manteniendo frecuencias fuera de las horas punta, cobrando por tiempo y no por trayecto, garantizando acceso a nivel con carritos y diseñando paradas y vehículos seguros de noche, como han hecho Viena, Montreal o Barcelona.