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Calle y movilidad

Participación ciudadana inclusiva: Forester e Irazábal explicados

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Puntos clave

  1. Forester: las decisiones cotidianas del planificador, horarios, informes, agendas, excluyen sin necesidad de prohibir.
  2. Irazábal mostró en Curitiba y Portland que la participación favoreció a las clases medias y dejó fuera a las periferias.
  3. Inclusión es poder de decisión y presupuesto en los barrios, no cuántas reuniones se celebraron.

La participación ciudadana inclusiva es la que consigue que las decisiones sobre la ciudad las tomen también quienes normalmente quedan fuera: vecinos de barrios pobres, migrantes, mujeres con cargas de cuidado, jóvenes, personas sin tiempo ni confianza en las instituciones. Dos autores han estudiado con detalle qué la hace posible y qué la bloquea. John Forester, profesor de planificación en la Universidad de Cornell, analizó durante cuatro décadas cómo los planificadores negocian, escuchan y median en situaciones de poder desigual. Clara Irazábal, urbanista venezolana, estudió cómo las comunidades latinoamericanas y latinas en Estados Unidos participan, y con frecuencia son excluidas, en la producción de sus ciudades.

John Forester: planificar frente al poder y facilitar deliberación

Forester parte de una observación práctica: la planificación ocurre siempre frente al poder, y quien planifica decide cada día a quién informa, a quién escucha y qué pone en la agenda. En Planning in the Face of Power (1989) muestra que esas decisiones cotidianas, aparentemente técnicas, moldean la participación tanto como las leyes: una reunión convocada en horario laboral, un informe ilegible o una consulta cuando el proyecto ya está diseñado excluyen sin necesidad de prohibir. En The Deliberative Practitioner (1999) propone la alternativa: un planificador que facilita deliberación, que aprende de los relatos de la gente y que trata el conflicto como fuente de información, no como obstáculo.

Mediación en disputas urbanas: posibilidades y límites

La aportación más práctica de Forester es su estudio de la mediación en disputas urbanas. Documenta casos en que la negociación asistida entre vecinos, promotores y administración produjo acuerdos mejores que los que habría impuesto cualquiera de las partes, y también los límites de ese método cuando la desigualdad de poder es extrema. Su lección es que la participación efectiva no consiste en votar entre opciones cerradas sino en construir juntos el problema y las alternativas, con tiempo, información compartida y reconocimiento de las emociones y las historias que cada parte trae.

Clara Irazábal: participación y exclusión en las Américas

Irazábal aporta la mirada del Sur y de la diáspora. En City Making and Urban Governance in the Americas (2005) comparó Curitiba y Portland, dos ciudades celebradas por su planificación, y mostró que sus procesos participativos favorecieron a las clases medias organizadas mientras las periferias pobres quedaban al margen. En Ordinary Places, Extraordinary Events (2008) estudió cómo los espacios públicos de América Latina se convierten en escenario de ciudadanía cuando los movimientos los ocupan, y en sus trabajos sobre comunidades latinas en Los Ángeles documentó una participación que ocurre fuera de los cauces oficiales, en iglesias, asociaciones y mercados, porque los oficiales no las reconocen.

Obstáculos y condiciones de una gobernanza urbana inclusiva

Ambos autores coinciden en los obstáculos. La participación formal reproduce la desigualdad si no corrige activamente quién puede asistir, entender y hablar. La captura por élites organizadas, la cooptación de líderes comunitarios y la consulta como trámite vacían el proceso. Y la desconfianza acumulada tras promesas incumplidas hace que muchas comunidades no acudan, lo que después se usa como prueba de que no les interesa. Irazábal añade la dimensión de la ciudadanía: quien no tiene papeles o no domina la lengua oficial participa con miedo o no participa, y la ciudad se planifica sin ellos aunque la construyan.

Las condiciones de una gobernanza urbana inclusiva se derivan de esas críticas: llevar la participación a los barrios y a sus horarios, con traducción, cuidado de niños y transporte; reconocer y financiar las organizaciones que ya existen en lugar de crear canales paralelos; dar poder de decisión y presupuesto, no solo voz; facilitar con mediadores formados en el sentido de Forester; y medir la inclusión por quién estuvo y qué cambió, no por cuántas reuniones se celebraron. Una ciudad que lo hace no elimina el conflicto, pero lo convierte en decisiones que sus habitantes reconocen como propias.

Preguntas frecuentes

¿Qué propone John Forester en The Deliberative Practitioner?

Un planificador que facilita la deliberación entre partes desiguales, aprende de los relatos de la gente, trata el conflicto como fuente de información y usa la mediación para construir acuerdos mejores que los que impondría cualquiera de las partes.

¿Qué mostró Clara Irazábal sobre Curitiba y Portland?

Que dos ciudades celebradas por su planificación desarrollaron procesos participativos que favorecieron a las clases medias organizadas mientras las periferias pobres quedaron al margen, de modo que la fama de participación ocultaba una exclusión.

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