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Clima y naturaleza

El verde que expulsa: gentrificación verde según Anguelovski

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Puntos clave

  1. La prima verde activa subidas de alquiler cuando un barrio se renaturaliza en un mercado sin control de precios.
  2. En más de la mitad de 28 ciudades de Europa y Norteamérica las nuevas zonas verdes impulsaron gentrificación, según Anguelovski.
  3. El problema no es el árbol sino la ausencia de vivienda pública y regulación que lo acompañen.

El verde que expulsa a los vecinos originales es la paradoja incómoda de la ciudad sostenible: un barrio obrero recibe por fin el parque, los árboles y el corredor verde que pidió durante años, y pocos años después muchos de los vecinos que lo reclamaron ya no viven cerca, porque los alquileres subieron y llegaron otros residentes y otros comercios. La investigadora Isabelle Anguelovski, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, acuñó el término gentrificación verde para nombrar ese proceso, y su pregunta es si una mejora ambiental puede convertirse en una forma silenciosa de expulsión. La respuesta de sus datos es que sí, cuando el verde llega a un mercado de vivienda sin control de precios.

La prima verde: cómo el parque cambia el precio del suelo

El mecanismo empieza en el precio del suelo. Un espacio verde no solo limpia el aire: una vivienda frente a un parque vale más que la misma vivienda frente a un solar, y los economistas llaman prima verde a ese sobreprecio. Cuando un barrio se renaturaliza, la prima se activa, los propietarios suben rentas, las inmobiliarias usan el parque como reclamo y quien vivía de alquiler con ingresos justos deja de poder pagar. El verde no desplaza por sí solo; desplaza porque entra en una máquina que convierte la mejora ambiental en beneficio privado, y por eso el resultado depende menos del árbol que de las reglas del mercado en que se planta.

High Line y Parc Central del Poblenou: los casos emblemáticos

El caso más famoso es el High Line de Nueva York, la vía de tren elevada convertida en parque lineal e inaugurada en 2009. El paseo verde atrajo millones de visitantes, torres de lujo y galerías, y el entorno del oeste de Chelsea, antes industrial y modesto, se convirtió en uno de los más caros de la ciudad; el efecto High Line dio la vuelta al mundo como modelo y como advertencia. En Barcelona, Anguelovski estudió el Parc Central del Poblenou, abierto en 2008 en un barrio de pasado industrial, y encontró que en un radio muy pequeño alrededor del parque la proporción de vecinos con estudios universitarios se multiplicó en pocos años: la población cambió de perfil, y los residentes de renta baja fueron sustituidos por otros con más recursos.

Veintiocho ciudades: el patrón que Anguelovski encontró

No son casos sueltos. El equipo de Anguelovski analizó en 2022 veintiocho ciudades de nueve países de Europa y Norteamérica y encontró que en más de la mitad la creación de nuevas zonas verdes había impulsado procesos de gentrificación; en las ciudades norteamericanas suelen ser parques y huertos los que disparan el precio, en las europeas los corredores verdes y los ejes de paseo. La conclusión es que las ciudades más verdes tienden a volverse también más desiguales salvo que alguien lo impida a tiempo, y que el desplazamiento verde es más difícil de combatir que el de un desalojo porque no hace ruido: expulsa con belleza, árboles y discurso sostenible, y el relato oficial muestra progreso donde los datos muestran sustitución.

El árbol no es el enemigo: políticas para un verde que no expulse

El argumento contrario merece lealtad. El verde urbano no es el enemigo: los parques mejoran la salud física y mental, bajan la temperatura, limpian el aire y reducen el estrés, y nadie serio propone dejar de renaturalizar la ciudad. El problema no es el árbol sino la ausencia de políticas que lo acompañen. Donde no hay control de alquileres ni vivienda pública, el verde se convierte en lujo; donde las hay, el parque beneficia a quien ya vivía allí. La propia Anguelovski insiste en ese matiz: el fallo no está en la mejora ambiental sino en la falta de justicia en su reparto.

La lección es que el verde no decide a quién beneficia; lo deciden las reglas que lo rodean. Una ciudad que quiera parques sin expulsiones tiene que plantar y proteger a la vez: regular los alquileres del entorno, construir o reservar vivienda pública junto a las nuevas zonas verdes, usar fideicomisos comunitarios de suelo y captar para lo público la prima verde que genera, como intentó Atlanta con el fondo de vivienda asequible de su BeltLine. Renaturalizar sin esas medidas es hacer, con la mejor intención, el trabajo del mercado; renaturalizar con ellas es la única forma de que el aire limpio y la sombra lleguen a los hijos de quienes los pidieron.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la gentrificación verde?

Es el proceso, nombrado por Isabelle Anguelovski, por el que la creación de parques, corredores y otras mejoras ambientales eleva el precio del suelo y los alquileres del entorno y sustituye a los residentes de renta baja por otros con más recursos, como ocurrió junto al High Line de Nueva York y al Parc Central del Poblenou en Barcelona.

¿Cómo se puede renaturalizar sin expulsar a los vecinos?

Plantando y protegiendo a la vez: regulando los alquileres del entorno, construyendo o reservando vivienda pública junto a las nuevas zonas verdes, usando fideicomisos comunitarios de suelo y captando para lo público la prima verde que el parque genera, como intentó Atlanta con el fondo de vivienda asequible del BeltLine.

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